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Existe un divorcio entre ciencia y arte

10 febrero 2014 5:23 Última actualización 27 agosto 2013 5:2

[Ya está a la venta la nueva historieta de José Gordon y Micro: ‘La Oveja eléctrica' / Bloomberg]


 
 
Karla Zanabria
 
 
Ya comenzó a circular en librerías la divertida historieta La oveja eléctrica y la memoria del universo, en la que se unen los talentos de José Gordon —como guionista— y Ricardo García, Micro —como ilustrador. Dirigida a los niños, la trama de la historia alude a una niña llamada Silvina, quien guiada por Froylán, su hermano mayor, se encuentra una ovejita eléctrica entre los miles de chácharas que se exhiben en el mercado de La Lagunilla.
 
 
Sin embargo, el funcionamiento del nuevo juguete de Silvina resulta ser más complejo de lo que imaginó; para comprenderlo, pide ayuda a su amigo Morsa. Juntos, entonces, emprenderán una aventura por los extensos mundos de la neurociencia, la astronomía, la física y la literatura.
 
 
Desde luego, más de algún televidente de Canal 22 ya habrá notado que estos personajes están justamente inspirados en los colaboradores habituales del programa La oveja eléctrica —que se transmite por dicha señal, y que conduce José Gordon—: Silvina Espinosa de los Monteros y Manuel López Michelone, La Morsa. No están equivocados. De hecho, este colorido cómic también rescata al personaje de la maestra Myriam, cuyo parecido con Myriam Moscona —responsable de la sección “Veo, veo” de la misma emisión televisiva— es notable.
 
 
En entrevista, el divulgador y periodista José Gordon (Ciudad de México, 1953) sostiene que haber trasladado de la televisión a la historieta el concepto de La oveja eléctrica ha sido posible gracias a los múltiples vasos comunicantes que subsisten entre la ciencia y la literatura:
 
 
—Me parece muy importante que la ciencia esté conectada con el discurso popular, y que en la conciencia colectiva aparezcan metáforas provenientes del mundo científico —dice
 
—. Creo que eso ocurre precisamente porque la ciencia es parte de nuestras vidas. En México hay antecedentes muy interesantes de estos vínculos; por ejemplo, recuerdo que en varios episodios de la historieta Chanoc llegó a salir “el sabio Monsiváis”. O ahí está la serie de Los Simpson, en la que apareció Stephen Hawking. Lo vemos también en programas de televisión como The Big Bang Theory, donde se aprecia cómo el lenguaje de la ciencia empieza a permear cada vez más en la cultura popular. El problema que tenemos en México es que hay un gran divorcio entre ciencia y arte; por ello creo que es importante que los medios de comunicación (sean historietas, periódicos o programas de televisión) también tengan la obligación de retratar la enorme imaginación que hace posible el desarrollo de la ciencia. Eso es tan importante como conectarse con los grandes sueños de la literatura. Me parece que hoy esto es fundamental porque detrás de las múltiples crisis que vivimos, subyace una profunda crisis de imaginación…
 
 
Por cierto, para este recién impreso cómic —que ha editado Sexto Piso, con el apoyo del Conaculta y el INBA—, Gordon ha querido retomar algunas anécdotas, ideas y reflexiones de varios de los más importantes protagonistas de la ciencia —tanto del ámbito internacional como nacional— con los cuales él ha tenido oportunidad de conversar a través de su trayectoria; uno de ellos, por ejemplo, fue el Premio Nobel de Física 2006, George Smoot (Estados Unidos, 1945). En este sentido, Gordon es claro: “De la misma manera en que uno no necesita ser novelista para disfrutar de una buena novela, tampoco necesita ser científico para disfrutar de lo asombroso que son los relatos de la ciencia.”
 
 
Porque el secreto, puntualiza José Gordon, es saber explotar el poder de las historias basadas en hechos científicos: —Los grandes relatos de la ciencia tienen la característica de ser asombrosos, y lo que queríamos lograr con La oveja eléctrica y la memoria del universo era entretejer esos grandes relatos del conocimiento con una aventura protagonizada por niños; unos niños que estuvieran en búsqueda del conocimiento, en búsqueda de esos sueños que han impulsado a todos los grandes poetas y científicos (y, en general, a todos los seres humanos): conocer, entender, superar la ignorancia. Vencer a la ignorancia es lo que Silvina y Morsa buscan. Ese fue el sueño de Jorge Luis Borges y también de La oveja eléctrica. En nuestra trama, la oveja eléctrica es una especie de Borges del siglo XXI. Así que tratamos de mostrar cómo en la ciencia es muy importante el uso de la imaginación y el aprecio de la belleza. Es importante, de igual forma, retomar nuestra capacidad de asombro; ya que todo eso, además, nos va a llevar a transformar nuestras vidas…
 
 
—¿En qué sentido lo dice?
 
 
—Creo que en la medida en la que podemos comunicar algunos atisbos de la ciencia, que como he dicho antes es, en sí misma, un relato, podremos lograr que los niños (cuando hablo de niños pienso en personas de diez a cien años que mantienen su capacidad de asombro) se asomen a este gran sueño de conocimiento que tenemos, y que debemos mantener vivo, precisamente para combatir la crisis en la que nos encontramos. Todo ello, para encontrar salidas con la sonrisa de la inteligencia y transformar lo que nos rodea.
 
 
Un detalle más: dice el ilustrador Micro (Ciudad de México, 1971) que los temas científicos están entre sus preferidos. Él ha ilustrado en revistas como Universo Big Bang y Mad en México, así como diversos títulos para DC Comics. “Acepté gustoso la encomienda de ilustrar La oveja eléctrica…”, comenta; aunque confiesa rápidamente haberse sentido un tanto intimidado por retratar a personajes del mundo científico y literario contemporáneo.
 
Científicos mexicanos
Una de las bondades de La oveja eléctrica y la memoria del universo es que, en ella, se difunde la labor de científicos mexicanos contemporáneos; tal es el caso del trabajo que ha hecho el físico Gerardo Herrera (Chihuahua, 1963), adscrito actualmente al Cinvestav del Instituto Politécnico Nacional —y quien reciente ha trabajado en la Organización Europea para la Investigación Nuclear, mejor conocida por sus siglas (CERN), en Suiza. También se mencionan los descubrimientos hechos por Ranulfo Romo (Sonora, 1954), quien es investigador del Instituto de Fisiología de la UNAM, y que ha dedicado su vida a comprender el funcionamiento del cerebro humano.