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¿Europa o el mercado? A prueba, el espíritu de la Revolución Francesa

¿Qué tan vigentes son los tres grandes ideales de la Revolución Francesa? El historiador Paul Garner y el analista político Jesús Silva-Herzog Márquez analizan en dónde se hallan la igualdad,
la libertad y la fraternidad en la Europa contemporánea. 
Eduardo Bautista
13 julio 2015 23:38 Última actualización 15 julio 2015 16:21
Delacroix. "La libertad guiando al pueblo", el emblema más representativo del espíritu de la Revolución de julio de 1789. (Cortesía)

Delacroix. "La libertad guiando al pueblo", el emblema más representativo del espíritu de la Revolución de julio de 1789. (Cortesía)

Hay quienes creen, como el filósofo George Sabine, que Europa nació con la Revolución Francesa. Lo que hace 226 años comenzó como una revuelta local provocada –entre otras cosas– por la escasez de pan, terminó como una semilla de la democracia y la conformación de las naciones. Hoy el lema de Francia es el mismo que el de su Revolución: libertad, igualdad y fraternidad. Tres valores que se deben retomar en una Europa Unida amenazada por la crisis griega, los problemas migratorios y la iniquidad social, coinciden el historiador Paul Garner y el analista político Jesús Silva-Herzog Márquez.

“Son malos tiempos para los tres valores. La libertad está amenazada por el terrorismo y la privacidad está en extinción; las desigualdades crecen y las identidades tribales se refuerzan. Octavio Paz creía que había que trascender la oposición histórica entre el socialismo y el liberalismo para recuperar el tercer ideal: la fraternidad”, asegura Silva-Herzog Márquez.

La realidad europea está teñida de una desigualdad creciente. El caso de Grecia es un botón de muestra. Alemania y Francia han sido los capitanes de un barco europeo que amenaza con naufragar. Si la nave se hunde, advierte Garner, no todo será culpa del mercado. En el fondo, dice, se yergue una crisis política provocada por una lucha a sangre fría entre el neoliberalismo y la democracia.

Hace una semana los griegos decidieron, mediante un referéndum, que no aceptarían las condiciones de pago de la troika.

Sostiene Garner que la cultura de la ciudadanía, herencia directa de la Revolución Francesa, se mantiene con fuerza en el debate político europeo. El mayor reto que tiene hoy la Unión Europea, dice, es mantener la hegemonía en el continente sin atentar contra la soberanía y el nacionalismo de los pueblos. Un nacionalismo que, por cierto, se extendió por toda Europa tras la toma de la Bastilla, afirma.

“Rousseau imaginaba a la ciudadanía como la categoría que daba sentido a la vida humana: ser era participar en la vida pública. Sin embargo, la ciudadanía que han cultivado las democracias contemporáneas es muy débil. El hombre contemporáneo se ha retirado de los asuntos públicos. Es consumidor de tiempo completo y ciudadano ocasional. No es dueño ni de su propia intimidad”, refiere Silva-Herzog.

Para el ensayista es fundamental generar nuevos debates sobre la igualdad en Europa. No se trata –dice– de un problema exclusivamente moral, sino también político y económico. Sabe que la democracia se tambalea por la creciente brecha entre ricos y pobres.

“La fe de los revolucionarios franceses era, naturalmente, eurocéntrica. Pese a su ambición planetaria, nunca tomó en cuenta la diferencia cultural. La Revolución no parece ofrecernos buenas claves para revivir la igualdad en nuestra sociedad actual”, sostiene el columnista del diario Reforma.

Los gitanos han sido excluidos históricamente de la comunidad europea. El arquitecto italiano Franceso Careri cuenta que en su país este grupo étnico vive en la periferia de las grandes ciudades, en zonas que parecen más campos de concentración que unidades habitacionales. Expulsar a los pobres, afirma, se ha convertido en un método recurrente del modelo económico.

Garner aclara que la hegemonía de la Unión Europea no es sólo económica. En el fondo, agrega, hay una intención por conformar una verdadera República europea. Lo que comenzó como una zona económica en 1999, dice, se transformó en un proyecto político que, guste o no, ha brindado paz al continente en los últimos 20 años.

La Revolución Francesa –apunta Silva-Herzog– no sólo puede ser entendida por sus ideales. Entre muchas otras cosas, señala, también significó el terror, la guillotina y el individualismo exacerbado. En suma, una mezcla de ambiciones libertarias y excesos políticos.

“El individualismo al que Alexis de Tocqueville dio nombre al viajar a los Estados Unidos rompe el sentido de pertenencia. Cada hombre se cree fuente de sí mismo e imagina que nada debe a sus semejantes. Los efectos de este aislamiento pueden ser terribles desde lo ecológico hasta lo espiritual. Se corre el riesgo de volver el planeta un basurero y vagar por el mundo sin encontrar sentido”, comenta el ensayista.

En momentos tan desafortunados para la democracia, agrega, los tomos de Voltaire y Rousseau serán siempre imprescindibles. Fueron ellos quienes sentaron las bases del pensamiento moderno.

“Voltaire no era sólo un sabio: era un hombre que participaba en la vida pública a través de las ideas. Leerlo hoy, cuando la corrección política en complicidad con la intransigencia religiosa restringen la crítica, sospechan de la sátira y temen del humor, es indispensable”, sostiene.

A más de dos siglos de la Revolución Francesa, la libertad, la igualdad y la fraternidad se mantienen vigentes en lo que aspira a ser un nuevo régimen social.

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FRANCIA SE RINDE UN HOMENAJE

  

Francia

Hoy se celebrarán 226 años del inicio de la Revolución Francesa con un desfile militar que comenzará en los Campos Elíseos. Cadetes de la École Polytechnique harán entrega de la bandera francesa al presidente François Hollande, quien acudirá a la celebración con todo su gabinete e invitados de más de una decena de países, entre ellos el presidente mexicano Enrique Peña Nieto. Por la noche habrá juegos pirotécnicos que iluminarán la Torre Eiffel y el Arco de Triunfo.

En los días posteriores habrá conciertos, obras de teatro y lecturas dramatizadas por las calles de París. La Sorbona se sumará a los festejos con conferencias y mesas redondas. A varios kilómetros de allí, en la provincia de Vizille, el Museo de la Revolución Francesa ofrecerá un programa con actividades y precios especiales.