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Espacios públicos que sirven para fomentar el deporte en el DF

El flujo de coches sobre Río Churubusco no cesa. Cuando cruzan Tlalpan por abajo, el ruido de ambas avenidas se acumula en un paso a desnivel que se convirtió en un espacio deportivo. Los jóvenes que empezaron a ocupar el bajo puente lo acondicionaron con estructuras para ejercitarse.
El bajo puente es un recurso al que alrededor de 500 jóvenes, repartidos en 13 talleres, han recurrido para realizar una actividad física. (Edgar López)

El bajo puente es un recurso al que alrededor de 500 jóvenes, repartidos en 13 talleres, han recurrido para realizar una actividad física. (Edgar López)

El flujo de coches sobre Río Churubusco no cesa. Cuando cruzan Tlalpan por abajo, el ruido de ambas avenidas se acumula en un paso a desnivel que se convirtió en un espacio deportivo. Un corredor de 40 metros de largo que antes no inspiraba a los peatones a cruzar la calzada ahora ofrece la oportunidad de entrenar hasta disciplinas olímpicas sin gastar.

“Solía estar abandonado. Todo surgió a partir de que se recupera un espacio similar en el Centro Histórico. Se le han hecho adaptaciones para poder practicar deporte”, explica Ángel Conto, coordinador de Cultura, Igualdad y Diversidad del Instituto de la Juventud del DF. Los jóvenes que empezaron a ocupar el bajo puente lo acondicionaron con estructuras para ejercitarse; después, paulatinamente, arribó el material para la danza o las artes marciales.

Barras de metal para realizar parkour sobresalen del lado izquierdo del pasillo y, conforme se avanza, una pared con espejos refleja los movimientos de una clase de Tai Chi. Unas colchonetas amortiguan la caída de alumnos que hacen lucha olímpica, mientras Jonathan Pérez los instruye. Pérez da clases en este lugar los lunes y miércoles de 10:00 a 12:00 horas.

“Lo hago por convicción, gusto y pasión, porque el deporte puede formar seres humanos íntegros. Creo que la lucha olímpica desarrolla muchas capacidades físicas, pero también ayuda en muchos aspectos sicológicos”, explica el seleccionado de lucha por la UNAM.

El bajo puente es un recurso al que alrededor de 500 jóvenes, repartidos en 13 talleres, han recurrido para realizar una actividad física. No obstante, practicar ahí tiene consecuencias para la salud por el monóxido de carbono que emanan los automóviles.

“Pueden existir reacciones, sobre todo en los bronquios y en la nariz, aunque también se deben considerar los ojos”, dice el neumólogo y alergólogo Víctor Manuel González Solórzano.

El lugar se mantiene gracias al esfuerzo conjunto de jóvenes entre 14 y 29 años, y el gobierno capitalino. Ambos procuran que pese a las adversidades se fomente el ejercicio.