AFTEROFFICE
culturas

Esculturas de la Plaza de Toros quedan en el olvido

Nadie quiere hacerse cargo del mantenimiento de las esculturas de este gran recinto cultural y deportivo de México. Ni la delegación Benito Juárez ni la administración de la plaza quieren responsabilizarse del asunto. 
Domingo Aguilar 
04 febrero 2015 20:50 Última actualización 05 febrero 2015 14:52
Las esculturas de la Plaza México lucen en un grave estado de deterioro. (Eladio Ortiz)

Las esculturas de la Plaza México lucen en un grave estado de deterioro. (Eladio Ortiz)

A merced de la intemperie, las esculturas que se encuentran en la Monumental Plaza de Toros México desde hace 69 años están en profundo deterioro. Nadie se hace responsable de su cuidado, coinciden expertos.

En lo alto de sus zócalos blancos, los 24 toreros esculpidos por el valenciano Alfredo Just Gimeno (1898-1968) reproducen verónicas, pases naturales y hasta una alta cordobesa; otras se mantienen en pie con la ayuda de varillas que sobresalen de la estructura de concreto. La exposición al medio ambiente ha provocado el desgaste del recubrimiento color verde, que simula un acabado en bronce.

Al ser cuestionado respecto al mantenimiento de las piezas, personal de la administración de la Monumental Plaza de Toros México, que dirige Rafael Herrerías, respondió que no es tarea que le corresponda a la empresa, y remitió a los familiares del autor de las obras. Se intentó localizar a Denise Just, hija de Just Gimeno, pero al cierre de la edición no fue posible contactarla. Autoridades de la Delegación Benito Juárez confirmaron que la dependencia tampoco tiene obligación de cumplir con tales trabajos, pues se trata de una propiedad privada.

Sergio Peraza, hijo del escultor asistente Humberto Peraza, dice desconocer si existe alguna iniciativa para cuidar las piezas. “La última vez que mi papá tuvo algo que ver con eso fue hace más de 10 años. Él proponía rescatarlas con técnicas escultóricas actuales, pero (las autoridades de la Plaza) no le dieron luz verde. Decía que en cualquier momento se podían venir abajo. Sólo se les aplicó una capa estética de pintura y brillos para homogeneizarlas”.

“No creo que esté definido en el contrato ni en ninguna parte, quién se encarga del mantenimiento no solamente de las esculturas, sino de toda la Plaza México”, dice el arquitecto Miguel Luna Parra, presidente del grupo Bibliófilos Taurinos de México A.C.

Sergio Boeta, abogado especialista en legislación cultural, afirma que quien debe responsabilizarse de las efigies es el propietario de la Plaza o su concesionario. “Cuando se es propietario de una obra de arte, el dueño tiene que preservarla y cuidarla. Los hijos del escultor podrían reclamar si la obra se llegara a dañar (…) Se estaría incurriendo en una violación a los derechos morales del escultor”, señala el jurista.

El cronista taurino Heriberto Murrieta coincide en que el cuidado de las obras debe correr a cargo de la administración de las instalaciones.
“Forman parte del inmueble y la empresa que lo renta es la que se encarga de darle mantenimiento a toda la Plaza; de hecho son esculturas que se le vendieron a la Plaza México hace 69 años”.

Cuando el coso fue construido, el propietario, Neguib Simón Jalife le pagó a Just Gimeno para la edificación de las estatuas, que quedaron montadas para la inauguración el 5 de febrero de 1946. Él era el dueño de las figuras y de Ciudad de los Deportes S.A., que fue vendida en noviembre de ese año a Moisés Cosío, quien fue dueño de la Plaza hasta 1986. Hoy el edificio y las esculturas pertenecen a su hijo, Antonio Cosío Ariño.

PATRIMONIO ARTÍSTICO Y DEPORTIVO

“Todo mundo piensa que las esculturas son de bronce y no es así”, advierte Luna Parra. Al principio se quería que todas fueran de ese material. “Pero el dinero ya no le alcanzó a Neguib Simón después de un gasto tan fuerte por la construcción tanto de la Plaza como del Estadio Azul”.

La puerta principal del edificio presume sobre su marco una figura de 14 metros de longitud que reproduce el andar de los toros del campo hacia el ruedo. El Encierro da la bienvenida a los aficionados a la muleta. De acuerdo con Sergio Peraza, la construcción de una obra así puede llevar hasta ocho meses, con el auxilio de asistentes.

En esa posición de ayudante fue como comenzó su carrera Humberto Peraza. Las ganas de usar una montera y de blandir el estoque motivaron al yucateco a relacionarse con la fiesta brava a como diera lugar, y cuando se presentó ante Just Gimeno para pedir trabajo, mintió sobre su condición de escultor y fue contratado. Al poco tiempo el español se percató del engaño y lo despidió. No obstante, la perseverancia del joven de 19 años lo llevó a recuperar la confianza del artista, quien le enseñó el oficio.

Además de las 24 estatuas, 10 piezas más disfrutan de una mayor protección contra la intemperie, al interior del recinto. Una de ellas es la de Mario Moreno Cantinflas, que los Peraza (padre e hijo) modelaron hace más de 20 años.

“Algunos toreros que aparecen en las esculturas que resguardan la Plaza no tienen los méritos para estar ahí y no se sabe realmente cuál fue la razón para que se les haya honrado de esta manera”, comenta Luna Parra. Sin embargo, hay otras que perpetúan el recuerdo de matadores cuya cadencia con el capote llevó incluso a conservar sus cenizas bajo la protección de su estatua. Los restos de Manolo Martínez descansan bajo una representación de él mismo ejecutando un pase del desdén.

Más allá del peso de los personajes que encarnan, estas figuras son un acervo artístico y, sostiene Boeta, su propietario tiene la obligación de procurarlas. Pero los años pasan y uno de los escasos patrimonios deportivos de la ciudad, poco a poco cede al tiempo.