AFTEROFFICE
buena vida

Escocia... Y el sabor de su whisky

El sibarita Federico Legorreta viajó a la región Speyside de Escocia, se colocó un overol y aprendió la forma tradicional de hacer un whisky single malt.
Myrna I. Martínez
23 julio 2015 21:34 Última actualización 24 julio 2015 5:0
La destilería The Balvenie fue creada en 1892 por William Grant y toma su nombre del castillo del siglo XII del mismo nombre. (Cortesía)

La destilería The Balvenie fue creada en 1892 por William Grant y toma su nombre del castillo del siglo XII del mismo nombre. (Cortesía)

El sibarita Federico Legorreta, locutor del espacio El Buen Beber de W Radio, viajó a la región Speyside de Escocia, se colocó un overol y aprendió la forma tradicional de hacer un whisky single malt.

Observó el cuidado de la cebada desde que es sembrada y cosechada, aprendió a hacer el malteado, e intentó ensamblar un barril, labor reservada para los maestros toneleros, profesión que es heredada por los padres y para la que se estudia 15 años.

La destilería The Balvenie fue creada en 1892 por William Grant y toma su nombre del castillo del siglo XII del mismo nombre. El single malt lo elaboran de forma manual, sin utilizar ningún tipo de maquinaria, igual que en sus inicios.

Su cebada, asegura Legorreta, es tan reconocida en la región, que importantes marcas se la compran para crear sus propios single malts.
El locutor comenta que este whisky no necesita tener un eslogan pegajoso o una campaña con modelos con poca ropa. La única promoción de este destilado es su producto.

“Cuando queremos comprar un whisky lo primero que buscamos en el empaque son los premios que tiene, si toman una botella de The Balvenie no verán ninguno porque faltaría espacio para poner los más de 250 premios que tiene. Es para gente conocedora“, comenta Federico Legorreta durante una cena maridaje en Morton’s.

Sus single malts han sido premiados en diversas ocasiones en el World Whiskies Awards, International Wine & Spirit Competition y Scotch Whisky Masters, por citar algunos.

¿Qué hace tan especial este whisky para Legorreta?

Primero, tienen al rockstar de los master blender, David Stewart, quien durante 50 años todas las mañanas se despierta a oler las barricas y asegurarse de que el producto tenga los estándares de calidad. Segundo, el proceso artesanal.

“Está elaborado con agua de manantial, es agua que baja por el deshielo y no tiene ni mucha sal, ni minerales. El malteado se hace a mano con palas para que se vaya oxigenando lentamente, no utilizan tractores como en la mayoría de las destilerías”, comparte Legorreta.

En el país se pueden encontrar en restaurantes y en tiendas premium el The Balvenie 12 años, que reposa en barrica de roble americano por 12 años, y al terminar, se introduce de tres a seis meses en barricas de jerez de España, lo que le da un toque dulce.

El 14 años, Caribean Cask, tiene unas notas a plátano que proporciona el reposo final en barricas de ron caribeño. El más complejo y profundo es el 21 años. El master blender selecciona los mejores whiskys, los deja reposar durante 21 años y posteriormente los introduce en barricas de oporto.

Federico Legorreta recomienda para probar cualquiera de estos single malts es tomar la copa con ambas manos para calentar el líquido.

“El whisky de una malta se debe de calentar. Estuvo más de 12 años dormido en una barrica, chupó y absorbió la madera y si le pones hielo lo matamos. Al calentarlo lo despertamos. El vaso con hielos lo inventaron los estadounidenses para darnos whisky corriente”, dice bromeando el especialista.

También recomienda en el primer trago hacer buche en la boca para que cauterice toda la cavidad bucal para que en el segundo trago se puedan apreciar mejor los sabores.

“Un árbol de roble tarda 60 años en crecer, el maestro tonelero 15 años en estudiar, el whisky 12, 14 o 21 años en reposar, si le vamos sumando tenemos casi 100 años en una copa; la diferencia con un vodka que hicieron ayer. Merece tomarse este whisky con mucho tiempo, disfrutarse, apreciarse y valorarse”, asegura.

Maridaje Morton’s
La primera vez que le llevaron una botella de The Balvenie a Adrián del Río, gerente general de Morton’s, no la probó, se la regaló a alguien más. Le preguntó tiempo después a una de sus comensales que había vivido en Escocia si conocía la marca y ella le dijo que era el mejor whisky escocés. A la siguiente semana ya estaba ofreciendo el single malt en el restaurante.