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culturas

Esas ganas de no estar en el miedo ni en la sonrisa

"Que digan que estoy dormido", del dramaturgo Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio, retoma el teatro de revista para hacer una crítica al estado de cosas en el país y presenta la realidad veracruzana como ejemplo de lo que sucede en México.
Rosario Reyes
22 agosto 2016 22:21 Última actualización 23 agosto 2016 5:0
La obra quiere dejar en claro que sucede en México. Ese dolor que no se cura meramente con la indiferencia. (Cortesía)

La obra quiere dejar en claro que sucede en México. Ese dolor que no se cura meramente con la indiferencia. (Cortesía)

Aunque exhiba los peores aspectos de la realidad, el teatro no cambia nada. Así lo cree el dramaturgo veracruzano Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio, Legom.
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“Ya lo demostraron el cabaret alemán y las obras de Bertolt Brecht: si el teatro cambiara las cosas, no habría llegado Hitler. Lo que hacemos es gritar porque estamos enojados, y dolidos”, reflexiona a propósito de la puesta Que digan que estoy dormido. “Si después de ver la obra alguien llegara a actuar, es bajo su responsabilidad”, agrega.

Su pieza, dirigida por Martín Acosta, retoma el teatro de revista para hacer una crítica al estado de cosas en el país y presenta la realidad veracruzana como ejemplo de lo que sucede en en el resto de México.

“El planteamiento es muy sencillo: estoy exhibiendo las cosas que me duelen como mexicano. Son 10 números que hablan de la corrupción política, la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, los curas pederastas, nuestra responsabilidad con los migrantes centroamericanos y otros asuntos, cuyo común denominador es la impunidad”, explica el autor. Precursor de lo que él llama teatro narrado, Legom reconoce que le interesa la experimentación formal.

“No me aguanto y digo chingaderas, pero el sustento es la experimentación de la estructura. Que digan que estoy dormido tiene un número de teatro coral, que no se utiliza mucho en México y al final, para ilustrar lo que estamos señalando, inventé no un lenguaje, sino una sintaxis impune”, advierte.

Un aspecto nuevo de su dramaturgia es la inmediatez, que retoma del género que a principios del siglo pasado no sólo era entretenimiento, sino un vehículo de información para el público.

“Acabamos echando la bolita al público y es tremendo, porque les vendemos la obra como teatro de revista, donde se van a divertir y en la temporada que tuvimos en Xalapa, algunas personas salían llorando, porque les estamos diciendo: ‘está bien que te rías, pero esto es más grave, está costando vidas’”, destaca.

Veracruz es una alegoría de la impunidad nacional y de ahí partimos; es un referente nacional de los abusos del clero. El gobernador aparece en los periódicos de todo el mundo, a raíz de que todos los días van saliendo nuevas tiranías; sólo le dedicamos un tercio de la obra, pero Veracruz acaba siendo una metáfora de todo el país”.