Érase una vez un 19-S: cuenta tu propia historia
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Érase una vez un 19-S: cuenta tu propia historia

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Érase una vez un 19-S: cuenta tu propia historia

Un blog recopila la memoria de un sismo cuya intensidad política, social, económica y cultural aún se desconoce. El proyecto se enfila a ser el gran diario del sismo del 19 de septiembre de 2017.

Eduardo Bautista
28/09/2017

La vida de una ciudad existe en sus historias. Carlos Monsiváis contó varias de ellas cuando el terremoto de 1985. Treinta y dos años después, un blog recopila la memoria de un sismo cuya intensidad política, social, económica y cultural aún se desconoce. El proyecto se enfila a ser el gran diario del sismo del 19 de septiembre de 2017.

Se llama Cuéntanos dónde estabas y en él cohabitan las historias del pueblo: la de la oficinista de Polanco que estaba en su hora de comida, la del vendedor ambulante que trabajaba en Bosques de Aragón, la del estudiante de la UNAM que tomaba una siesta en el Metro Balderas mientras regresaba de clases, o la de la joven que iba a una entrevista en una agencia de modelos en la Condesa.

Las 338 víctimas mortales y los miles de damnificados no pueden –ni deben– quedarse en las estadísticas gubernamentales ni en las páginas de los diarios, consideran en entrevista con El Financiero los líderes de esta iniciativa, Roberto Cruz Arzábal, profesor e investigador de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM; Lucía Valencia, egresada de letras de la Universidad de Guadalajara y activista por los derechos de los migrantes, y Marisol García Walls, investigadora independiente y maestra de escritura creativa para mujeres.

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Las historias son las voces que pueblan las ciudades. Como dice Michel de Certeau, son trabajo artesanal: cada una es única, aunque todas puedan parecerse. Cuando alguien puede leer tantas experiencias sobre un suceso común, entendemos que hay muchas formas de atravesar la tragedia y el miedo”, dice Cruz Arzábal.

Cuéntanos dónde estabas registraba, hasta el cierre de esta edición, más de 230 historias. Opera en la plataforma WordPress.
Cualquier persona puede compartir su vivencia. Sólo debe registrar su nombre, en qué zona vive y en qué lugar la sorprendió el temblor.

Ha escrito gente de la Ciudad de México y de todos los estados afectados por el sismo: Estado de México, Puebla, Morelos y Oaxaca. Las narraciones son muy variadas, desde quien perdió a un familiar hasta quien llegó a su casa y descubrió grietas.

O también está el caso de Adam Alberto Vázquez, quien sufrió el calvario de localizar a sus familiares vía WhatsApp desde Polonia, donde se encuentra para una estancia académica: “Y yo estoy en Varsovia, sin poder abrazar a mi gente y reprochándome que eso no es importante ahora”.

Cuéntanos dónde estabas no se quedará sólo en un blog. La idea, explican sus creadores, es hacer un mapa que permita ver dónde ocurrieron las historias y un libro en PDF que circule libremente en la red.

“Queremos superponer la cartografía sentimental a la cartografía del desastre. Hay muchas teorías sobre la relación entre la palabra y sus efectos terapéuticos, desde la idea de medios narrativos para fines terapéuticos de Epston, hasta los artículos de James Pennebaker. Son dos planteamientos distintos, pero creo que la escritura es terapéutica por más razones que sólo por el hecho de hacer un ejercicio. No opera como un remedio inmediato: uno rara vez se sienta, escribe y mejora automáticamente su estado de ánimo. Hay procesos de escritura que son un pequeño infierno en sí mismos”, comenta García Walls.

El terremoto de 1985 –explica Ignacio Padilla en su libro Arte y olvido del terremoto (2010)– no generó suficientes novelas, cuentos, películas o expresiones artísticas, lo cual provocó que la sociedad mexicana cayera en una especie de “amnesia” sobre aquella tragedia. El arte, aseguraba, siempre ha permitido a las sociedades asimilar sus experiencias traumáticas colectivas. Cuéntanos dónde estabas también camina por esa línea, pues lo que se lee no son propiamente testimonios –en el sentido jurídico de la palabra–, sino historias personales.

“Estamos en la primera fase de un proyecto más largo”, observa García Walls. “Queremos poner, en su justa dimensión, que aunque el desastre nos tocó a todos, golpeó más fuerte a cuerpos que estaban precarizados desde antes: las zonas de Tláhuac, los niños de Coapa, las trabajadoras de una fábrica en la Obrera o las zonas remotas de Xochimilco”.

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