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CULTURAS

Envejecer es un privilegio, premisa de 'Aquí sigo'

En el documental 'Aquí sigo', Lorenzo Hagerman reúne testimonios que muestran que sus protagonistas enfrentan esta etapa con alegría, con ganas de seguir aprendiendo y de adaptarse al presente.
Rosario Reyes
14 agosto 2017 23:0 Última actualización 15 agosto 2017 14:37
Aquí sigo

(Especial)

Algunas veces, a las dos de la mañana, el veterano periodista yucateco se levanta y hace apuntes de sus sueños.

“Sueño con una nota, una crónica; en la forma de manejar una noticia”, narra frente a la cámara Romeo Frías Bobadilla. Tiene 95 años y cada mañana entrega a un mensajero su nota del día. Para él, el tiempo siempre es presente.

Igual que para la japonesa Saeko Maeda. “Tan pronto me levanto espero que sea un día soleado”, dice a su entrevistador con una sonrisa luminosa.

Se alimenta de las verduras que cultiva y de los pescados que pican la carnada que aprendió a lanzar a los 65 años de edad. Hace tres décadas que es pescadora, y felizmente, dice, tiene mucho tiempo libre.
Ambos personajes aparecen en el documental Aquí sigo, de Lorenzo Hagerman, junto a otros ancianos que en distintas geografías demuestran que envejecer es un privilegio.

Rebasar la expectativa de vida tiene una carga dramática, pero descubrir
a estas personas, que tienen curiosidad, ganas de seguir aprendiendo y de adaptarse al presente en el que están es un contraste interesante


Este es un documental sobre la vida, asegura el realizador, quien fue corresponsal de guerra a principios de los años 90 en la ex Yugoslavia, y ha sido director de fotografía de cintas como Presunto culpable, de Geoffrey Smith y Roberto Hernández, y Heli, de Amat Escalante.

“Como realizador de documental he abordado temas de injusticia, de falta de sentido común, realidades que no deberían de existir, y ahora me planteé otro reto, porque creo que el cine es más grande que sus géneros y también cabe en él una película positiva”, explica Hagerman.

Otro anciano mexicano, Abigay Peraza, toca la guitarra y canta boleros. Es la forma que encontró para comunicarse con su esposa enferma. Como se le empezó a agotar el repertorio de guitarra, decidió aprender a tocar el órgano. Sus hijos le regalaron un teclado y a los 101 años de edad está comenzando lecciones de música.

En Nicoya, Costa Rica, Primitiva Ruiz presume de ser “la que más sabe en la familia, a pesar de no haber ido a la escuela”. En realidad sí fue, pero sólo en una ocasión. Su padre no le permitió volver luego de que el primer día de clases se desquitó de una niña que la insultó, y le restregó un chile en la boca.

En Aquí sigo aparece también un matrimonio canadiense que está junto desde hace 65 años, y un seductor catalán que gusta del baile, entre otros hombres y mujeres mayores de 90 años.

Cuando uno es joven le da mucho miedo hablar sobre envejecer, el paso del tiempo se ve como un enemigo, pero ellos han perdido esos miedos


El director trabajó durante tres años en la realización del documental filmado en seis países, que se estrenó en la gira Ambulante y en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara. Este jueves 17 se estrena en la Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey y Toluca.

“Rebasar la expectativa de vida tiene una carga dramática, perodescubrir a estas personas, que tienen curiosidad, ganas de seguir aprendiendo y de adaptarse al presente en el que están es un contraste interesante”, asegura el director en entrevista.

Esa mezcla entre lo dramático que puede ser estar al final de la vida, con la forma en que ellos abordan sus perspectivas, agrega, es una paradoja muy interesante.

De acuerdo con Hagerman, uno de los hallazgos de su película fue descubrir la visión que tienen estos viejos sobre el futuro. “Cuando uno es joven le da mucho miedo hablar sobre envejecer, el paso del tiempo se ve como un enemigo, pero ellos han perdido esos miedos”, dice.

Los protagonistas de su película hablan libremente, incluso de temas que podrían parecer tabú, como la muerte. “Les tiene sin cuidado. Una de las cosas que más sorprendió fue lo bien que me la pasé con ellos, son muy divertidos, bailan, cantan, siguen estudiando, trabajan”.

La vejez, concluye Hagerman, es un tema que a nadie le gusta pensar en primera persona. “Nos da miedo como sociedad y eso también es interesante, cómo gente que ha vivido tanto y está llena de vitalidad, puede romper los estigmas o los mitos sobre la vida cotidiana de una persona mayor. En ese sentido, esta es una película que deja mucha esperanza”.