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Entre Selenas, un abismo en la cultura latina en EU

Del tex-mex marginal de los años 80 al 'mainstream' actual, las dos Selenas (Selena Quintanilla y Selena Gomez) son íconos de la transformación cultural latina en Estados Unidos.
Eduardo Bautista
29 junio 2017 23:25 Última actualización 30 junio 2017 5:0
Las dos Selenas

Las dos Selenas

Selena Quintanilla y Selena Gomez comparten más que el nombre.
A través de ellas -afirman expertos consultados por El Financiero- se puede explicar la asimilación de la cultura hispana en Estados Unidos en los últimos 30 años.

Ambas nacieron en Texas, tienen raíces mexicanas y fueron criadas por familias de clase trabajadora. Una, además, obtuvo el nombre de la otra: los padres de Gomez eran admiradores de la Reina del tex-mex.

Las dos escalaron a la cima de la industria musical, pero la diferencia de circunstancias en que se desarrollaron las coloca como símbolos de la transformación de la cultura mexicoamericana de los años 80 a hoy, señala la académica de la UNAM y experta en estudios México-EU, Leticia Urbina.

Mientras Quintanilla perteneció a una generación aún marcada por el estigma del chicano —nombre que designa a los estadounidenses de origen mexicano que luchan política y culturalmente por conservar sus raíces—, Gomez creció en una sociedad más inclusiva, en la que hablar español ya no era un obstáculo para tener éxito, coinciden los especialistas.

En los 80, dice Urbina, si un artista se apellidaba Quintanilla, era difícil que prosperara en el mercado estadounidense. “Su padre formó un grupo de rock (Los Dinos) que no tuvo éxito, pero Selena cambió los paradigmas al llenar estadios: pasó de ser la estrella de la comunidad texana a la gran figura hispana de EU; símbolo del triunfo de un grupo social que por años había sido relegado”, asegura.

Gomez, en cambio, alcanzó notoriedad en una industria más plural, adaptándose a las reglas del mainstream norteamericano hasta convertirse en actriz de series de Disney y en un icono pop como cualquier otro, con 122 millones de seguidores en Instagram, explica el internacionalista de la UNAM, Tomás Muñoz.

En 2011, Gomez confesó a la cadena E! que, cuando era niña, su madre se quedaba sin gasolina en la carretera frecuentemente, por lo cual debían pernoctar en moteles baratos. El éxito le llegó de cualquier forma.

“En los 80 y 90, los inmigrantes de segunda generación sentían temor por identificarse con la cultura mexicana; su color y su inglés imperfecto les impedían ingresar a determinada clase de trabajos”, observa Muñoz. “Sin embargo, a principios de este siglo, surgió una reivindicación de los orígenes latinos entre los hijos de aquellas generaciones. Ser bilingües les brinda mayores oportunidades laborales. Así podemos entender el éxito de Gomez”.

EU tiene 320 millones de habitantes. El 17 por ciento de ellos —55 millones— son de origen hispano. Y de este grupo, el 63 por ciento son mexicanos, según el último censo oficial de ese país (2010) y una estadística del Pew Research Center de 2015.

Un sector de esa comunidad se identifica como hispano, otro como latino y algunos menos como chicanos, aunque ya no tengan líderes como César Chávez, señala el antropólogo y exdirector del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe, Axel Ramírez. “Hoy, los artistas de origen hispano tienen como prioridad ingresar al marketing estadounidense. Al asumirse como latinos se vuelven más neutros políticamente, pero de alguna manera se adueñaron de los logros que consiguió el movimiento chicano de los 60 para hacer sus propios enclaves en EU”.

Gomez ha dicho que se siente “muy orgullosa” de sus raíces mexicanas y que su comida favorita son los tamales que le prepara su abuela paterna. Nunca se ha quejado de racismo. “Y no tiene que exaltar la cultura tex-mex para vender discos”, comenta Urbina.

Quintanilla no pudo decir lo mismo. En 1994 no fue bien recibida en una boutique de Texas, adonde había ido por un vestido para la ceremonia en la que recibiría el único Grammy de su carrera. Semanas después, en una entrevista con la revista ¡Entérese!, dijo: “en cualquier parte del mundo a la que vayas, encontrarás racismo. Es muy triste, pero así es. No puedo cambiar el mundo. Yo, siendo hispana, también me he enfrentado a la discriminación”.

En México, concuerdan los especialistas, no fue reconocida hasta después de su asesinato, ocurrido el 31 de marzo de 1995 en Corpus Christi. Porque, aunque ha disminuido, lo chicano y lo mexicoamericano siempre ha tenido una acepción negativa en México, aseguran.

DON’T MESS WITH TEXAS!
Las Selenas nacieron en el estado más atípico de la Unión Americana, donde la biculturalidad ha logrado un sincretismo sin igual, señalan los expertos.

A diferencia de Nuevo México, donde llegaron mexicanos de gran poder económico -dicen los entrevistados-, Texas recibió migraciones de origen más humilde, en su mayoría campesinos, que se niegan a perder sus raíces. Es el segundo estado, después de California, con más mexicanos: 7 millones 951 mil.

A decir de Ramírez, el tex-mex se originó desde que Texas pertenecía a México, cuando era el estado de Coahuila-Texas. Desde hace más de siglo y medio, apunta, ambas culturas han establecido una conexión peculiar, que se ha reflejado en un modo de vivir, hablar, comer y hacer música.

Por eso, dice Urbina, cuando llegaron los primeros migrantes mexicanos a la Texas independiente —y luego a la que ya formaba parte de EU— se encontraron con una cultura en la que se mezclaban sus tradiciones con las de los Texas rangers.

“El acordeón, tan característico del tex-mex, fue introducido a nuestro país por los trabajadores de las cerveceras alemanas que se asentaron en el norte de México en el siglo XIX. El instrumento después fue llevado a Texas y fue así como se creó un corredor musical que unió a ambas franjas”, abunda Ramírez. Este sincretismo propició que los blancos anglosajones desarrollaran una aversión hacia lo mexicano.

Después de 1835, año de la Independencia de Texas, se hizo una “limpieza étnica” en la región y se borraron los nombres de los hispanos que participaron en aquella contienda, recuerda Urbina.

“El racismo se ha mantenido y, por desgracia, ha aumentado con la llegada de Trump. Texas siempre será una excepción para todo. Ellos tienen un dicho para el resto de la Unión Americana: Don’t mess with Texas!”, concluye.