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CULTURAS

Entre las cuerdas del 4X4

Joe Louis se convirtió en el héroe de la raza negra de Estados Unidos de antes de la Guerra, y Elvis Aaron Presley creció en un ambiente musical también negro.
Mauricio Mejía
15 agosto 2017 20:53 Última actualización 16 agosto 2017 5:0
Elvis Presley

(Especial)

Ese 1935 fue un año muy intenso para Joe Louis, el Bombardero de Detroit. Venció, entre otros, a Primo Carnera y Max Baer. Elvis Aaron Presley nació aquel 8 de enero en Tupelo, Misisipi. Louis representaba el gran poder del boxeo negro desde los años de Jack Johnson, el campeón de los pesados de 1915. Elvis balbuceaba pasos cuando Louis vencía a James Braddock por el cetro mundial, en 1937.

Louis se convirtió en el héroe de la raza negra de Estados Unidos de antes de la Guerra, a la que se alistó y dio funciones a las tropas aliadas en los frentes de batalla. Elvis creció con los rumores de las atrocidades en Europa. Los huérfanos fueron miles de miles. Louis, 12 años en el cargo máximo del pugilismo, regresó para ser indignamente acusado de faltar al fisco.

En 1951, Rocky Marciano lo mandó al olvido. Fue un negro. Elvis creció en un ambiente musical también negro. Fue llamado por las primeras disqueras para hacer una fusión entre lo country y el R&B. Algo distinto, pues. Hasta antes del 56 (año de su primer éxito, Heartbreak Hotel) no hubo algo parecido a lo que el muchacho estrenó: juventud. Ya la radio estadounidense estaba plagada de éxitos negros. Hubo que, por llamarlo de alguna manera, blanquearle el ambiente.

Elvis murió en el 77. Louis en el 81. Ninguno entendió que en las uvas de la ira la fama es un mal entendido”.


Elvis, ante la caída de Louis, llenó el espacio como ícono cultural del rock and roll, esa locura de la posguerra. Misisipi fue durante y después un punto caliente por la igualdad entre blancos y negros. El rock and roll hizo el viaje a la Vieja Europa. Inglaterra lo asumió como religión, como antes el mundo había asimilado su futbol. Nació entonces la Ola Británica. En 1965, The Beatles dio la otra mejilla. 

Elvis terminó odiándolos, por greñudos y drogadictos. Tampoco Cassius Clay los admiró del todo. En 1960, en Roma, Clay se convirtió en el lugar en el que se concentró la lucha civil, en la que Willie Mays, Malcom X y Jackie Robinson eran soldados fieles. Elvis envejeció.

Nunca miró a su alrededor. Convirtió su emblema en una megalomanía que pedía fianza por crear el mundo juvenil, al lado de James Dean y Marilyn Monroe, a la que Truman Capote llamo “encantadora creatura”. Gran Bretaña invadió y cambió para siempre el ritmo del rock, al que sobraba el roll.

Elvis murió en el 77. Louis en el 81. Ninguno entendió que en las uvas de la ira la fama es un mal entendido, como lo dejó en claro Faulkner. Muhammad Ali, el negro de Kentucky, se convirtió, con pesar de Presley, en el ícono total de la gran novela americana del siglo XX.

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