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Entrañable Gabriela Mistral a 70 años del Nobel

El 15 de noviembre de 1945 la Academia sueca le notificó el reconocimiento máximo de las letras; el anuncio animó su desesperada vida en Brasil. Fue la primera vez que el Nobel de Literatura se fijó en América Latina.
Myrna I. Martínez
16 noviembre 2015 21:6 Última actualización 17 noviembre 2015 5:0
Tras recibir el galardón en Estocolmo, la poeta se mudó a Estados Unidos. (Cortesía Festival Internacional Cervantino)

Tras recibir el galardón en Estocolmo, la poeta se mudó a Estados Unidos. (Cortesía Festival Internacional Cervantino)

Hace 70 años Gabriela Mistral ganó el Premio Nobel de Literatura. Fue la primera vez que el máximo galardón de las letras se fijó en América Latina. Hasta hoy es la única mujer de habla española que lo ha obtenido. Para la escritora nacida en 1889 con el nombre de Lucila Godoy Alcayaga, significó su salvavidas.

Gabriela Mistral se enteró de la noticia en Petrópolis, Brasil, ciudad a donde fue transferida como diplomática en 1940 por la ocupación nazi en Francia. Su estancia brasileña estuvo marcada por la desgracia: su amigo Stefan Zweig y su esposa, quienes huyeron de Austria por la guerra, se suicidaron en febrero de 1942 en ese lugar; un año más tarde, haría lo mismo su sobrino adolescente Juan Miguel Godoy, a quien apodaba Yin Yin. Ellos vivían juntos y su relación era tan cercana que hay quienes aseguran que, en verdad, era su hijo.

Tras la muerte de Yin Yin por ingesta de arsénico, la escritora cayó en la desesperación. Se convenció de que fue un suicidio inducido, como lo consigna el libro Prosa religiosa de Gabriela Mistral, de Luis Vargas (1978).

Caí de rodillas frente al crucifijo que siempre me acompaña y bañada
en lágrimas oré: ¡Jesucristo, haz merecedora de tan alto lauro a ésta tu humilde hija!

En ese escenario de tristeza, el 15 de noviembre de 1945, sola en su casa de Petrópolis, escuchó en la radio que había ganado el Nobel de Literatura. La noticia, según escribió a su amiga Matilde Ladrón de Guevara, la aturdió. “Caí de rodillas frente al crucifijo que siempre me acompaña y bañada en lágrimas oré: ¡Jesucristo, haz merecedora de tan alto lauro a ésta tu humilde hija!”.

El escritor Pedro Pablo Zegers, investigador de la Biblioteca Nacional de Chile, quien resguarda el archivo más grande de la autora, con más de 12 mil epístolas, documentos y fotografías, asegura que ese fue el momento que la salvó.

“Ella estaba prácticamente desquiciada, enloqueció por muchas cosas: sentimientos de culpa, el no haber llegado a tiempo para salvar a su sobrino, en fin. El Nobel fue el salvavidas que la sacó a flote, la revivió y permitió que siguiera trabajando”, considera Zegers, quien ha dedicado 35 años al estudio de la Nobel.

“A partir de ese momento, siguió escribiendo de una forma muy sostenida, muy fuerte preparando su cuarto libro, Lagar, y avanza el Poema de Chile, que sería publicado póstumamente”.

Los Nobel habían estado suspendidos de 1940 a 1943 por la Segunda Guerra Mundial; en 1944 fueron retomados y el de Literatura le fue otorgado al danés Johannes Vilhelm Jensen. El reconocimiento a Mistral sería el primero después del conflicto bélico.

“No era un momento fácil para que el premio se entregara a un europeo. Gabriela Mistral sabía que estaba postulada en 1939 por parte de Ecuador. Su amiga Adela Velasco fue quien la propuso e hizo campaña con las academias del continente”, dice Zegers.

Tres días después de conocer la noticia, Mistral se subió a un barco de vapor con rumbo a Suecia. Jamás regresaría a la dolorosa Petrópolis. El 12 de diciembre de 1945 recibió el galardón.

“Llegó con sólo tres obras publicadas, es un tema que no es menor; se le reconoce no sólo su carácter de poeta, también de educadora. Desde muy niña empezó la docencia sin tener título de maestra”, explica Pedro Pablo Zegers. “Ella dio clases en Chile hasta 1922, cuando viaja a México invitada por José Vasconcelos para ayudar en la reforma educativa. Fue muy respetada, pero también tenía muchos detractores mexicanos”.

Gabriela Mistral se fue a vivir a Estados Unidos, primero a California, luego a Nueva York, en donde falleció, en 1957. En la Gran Manzana, un año después de recibir el Nobel, conoció a Doris Dana, quien se convirtió en su amiga, confidente y asistente hasta el día de su muerte.
“Entablaron una relación primero epistolar y después personal, no se separaron durante 10 años. Yo publiqué un epistolario en 2009 con cartas muy lindas que dan cuenta de la relación entre ambas. Todo el mundo quiso ver el morbo en esas cartas, pero no lo pudieron sacar, son preciosas”, platica Zegers.

Para celebrar el 70 aniversario de aquella entrega del Nobel, la Biblioteca Nacional de Chile organizó el año pasado la exposición itinerante Gabriel Mistral: Hija de un pueblo nuevo, con fotografías, telegramas y cartas de la poeta con otros intelectuales. Este trabajo se expuso en la pasada edición del Festival Internacional Cervantino.
“Fue más querida en el extranjero que en Chile, en México hay más de mil escuelas con su nombre, es impresionante. Ella admiraba y quería mucho a Alfonso Reyes, de hecho llegó a decir que si una persona pudo haber tenido el Nobel antes que ella era Don Alfonso”, concluye Zegers.

En 1971, Pablo Neruda (Ricardo Eliécer Neftalí Reyes), el otro gran poeta chileno ganó el Nobel.