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Encuentran cola de dinosaurio en Coahuila

10 febrero 2014 5:19 Última actualización 22 julio 2013 16:15

[Cortesía: INAH] 


Redacción 
 
De manera muy lenta para no romper lo que la naturaleza mantuvo intacto desde hace 72 millones de años, paleontólogos mexicanos recuperaron 50 vértebras completas de la única cola articulada de dinosaurio que hasta el momento se ha descubierto en México.
 
El desierto de Coahuila, dentro del Ejido Guadalupe Alamitos, municipio de General Cepeda, es el escenario donde expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quitaron la roca sedimentaria que cubría las vértebras del animal y descubrieron el esqueleto de una larga cola de hadrosaurio que alcanza 5 metros; las 50 vértebras excavadas permanecen unidas entre sí como cuando el dinosaurio habitaba el planeta.
 
Además del esqueleto de la cola, en los 20 días que lleva la excavación se han recuperado huesos largos y de la cadera. Las características de las vértebras caudales y sacras han permitido distinguir que se trata de un hadrosaurio o pico de pato con cresta —nombrado científicamente como Lambeosaurino—; aunque aún no es posible especificar la especie porque se necesita encontrar más huesos.
 
Lo anterior fue informado por la paleontóloga del Centro INAH-Coahuila, Felisa Aguilar, quien dirige la excavación conjuntamente con su colega de la UNAM, René Hernández; la especialista explicó que la cola equivale a la mitad del esqueleto, lo que quiere decir que prácticamente se conservó articulada media parte del cuerpo del hadrosaurio, cuya longitud total se calcula en 12 metros.
 
Asimismo destacó que en el lugar de la excavación se han encontrado otras partes del esqueleto, entre éstas los huesos de las extremidades, y piensan que debajo de la cola está el resto del ejemplar.
 
Reiteró que en México es la primera vez que se encuentra una cola articulada, mientras que en otras partes del mundo se han localizado con poca frecuencia. El esqueleto fue hallado por José y Rodolfo López Espinoza, a principios de mayo de 2005. En junio de 2012 fue reportado al INAH, y luego de una inspección para corroborar el hallazgo se procedió a elaborar el proyecto de rescate, mismo que dio inicio luego de ser aprobado por el Consejo de Arqueología del Instituto.