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En Qatar se compra de todo, incluso al público

Trabajadores migrantes de las obras para la Copa Mundial de 2022 a jugarse en Qatar, se peleaban por subirse a un autobús; querían unos dólares extras. El trabajo: hacer de aficionado al deporte.
AP
17 diciembre 2014 14:34 Última actualización 17 diciembre 2014 15:32
Y si la pasión escasea, está el dinero. (AP)

Y si la pasión escasea, está el dinero. se visten con túnicas blancas y pañuelos en la cabeza para parecer cataríes. (AP)

DOHA, Qatar.- Los hombres se peleaban por subirse al autobús. Trataban de ingresar por las ventanas, apoyándose en las ruedas y dejando marcas en el exterior del vehículo. No se trababa de refugiados desesperados. Eran trabajadores migrantes de las obras para la Copa Mundial del 2022 a jugarse en Qatar que se peleaban por unos dólares extras. El trabajo: hacer de aficionado al deporte.

Qatar se vende como un país apasionado por los deportes. Los gobernantes de esta nación rica en petróleo y gas natural son tan apasionados por el futbol que compraron al Paris Saint Germain y lo llevaron a la cima del futbol francés. Cuando trataban de conseguir la sede del campeonato mundial de atletismo de 2019, el delegado catarí Aphrodite Moschoudi dijo que su país "tiene una gran pasión por el deporte. Todo en nuestro país gira en torno al deporte".

Y si la pasión escasea, está el dinero. Cuando los habitantes del segundo país más rico del mundo per cápita no tienen tiempo o ganas de llenar estadios, se le paga a los trabajadores migrantes para que lo hagan.

Treinta riales cataríes (unos 8 dólares) no alcanzan para comprar una cerveza en los hoteles de lujo de Doha, la capital. Pero por esa suma los trabajadores migrantes van a donde sea. Partidos de voleibol, handbol y futbol, en los que aplauden cuando se les pide, hacen la ola desganadamente y se visten con túnicas blancas y pañuelos en la cabeza para parecer cataríes.

En su portal la federación internacional de voleibol elogió el entusiasmo de la gente. Buena parte del público, sin embargo, eran trabajadores de Ghana, Kenia y Nepal que conducen taxis y autobuses en Qatar y que estaban ahí por el dinero, no por el deporte. El director de prensa de la federación Richard Baker, agradeció en entrevista por haberle hecho notar que se estaba pagando a la gente para ir al estadio y dijo que la federación pediría explicaciones a los organizadores del torneo.

"Esto es algo nuevo para nosotros", afirmó. Pero no para el gobierno. Un estudio en el que fueron consultados mil 79 residentes de Qatar publicado en enero por el ministerio de estadísticas y planificación del desarrollo indicó que mucha gente no va a los estadios por culpa de los aficionados comprados. Dos tercios dijeron que no habían asistido a ningún partido de futbol el año previo y dijeron que una de las principales razones era "la proliferación de hinchas pagados".