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“En México aún hay un gran racismo”

10 febrero 2014 4:13 Última actualización 08 octubre 2013 5:2

[La colección Voces Nuevas de Raíz Antigua, imprime, ilustra y hace sonar la poesía indígena contemporánea de nuestro país / Mujer y Cuarto creciente, grabados de Joel Rendón para el poemario Sk´eoj jme´tik U, de Enriqueta Lunez]


 
 
Carmen García Bermejo
 
 
Imprimir la palabra, ilustrarla y escucharla en zapoteco, mixteco, chol, tzotzil y zoque es el trabajo que Pluralia Ediciones realiza en su serie Voces Nuevas de Raíz Antigua / Poesía Indígena Contemporánea de México. La colección está conformada por cinco libros e igual número de autoras que, desde distintas lenguas, hablan de la comunidad, el desencuentro, la justicia, el corazón, la naturaleza y el mundo.
 
 
Esta serie de poesía indígena se despliega en una especie de libro-objeto, debido a su contenido y diseño. Son ediciones bilingües y cada título ha sido ilustrado por artistas visuales. Además, en su pasta dura se integra un CD con la grabación de los poemas en la voz de sus autoras. Voces Nuevas de Raíz Antigua se presenta hoy, a las 19 horas, en el Tintico Café (República de Cuba 43, Centro Histórico) y el próximo 12 de octubre en la ciudad de Oaxaca. A finales de este mes, la colección también se llevará a San Cristóbal de las Casas y a Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.
 
 
Los libros que integran esta serie son Inií ichí (Escencia del camino), de Celerina Patricia Sánchez Santiago, con ilustraciones de Olivier Dautais; Guie’ ni zinebe (La flor que se llevó), de Irma Pineda, con fotografías de Frida Hartz; Sk’eoj jme’tik U (Cantos de luna), de Enriqueta Lunez, con ilustraciones de Joel Rendón; Mojk’jäyä-Mokaya (no tiene traducción porque es una simbología), de Mikeas Sánchez, con ilustraciones de Paloma Díaz Abreu y música de Alejandro Burguete; y Ipusik’al matye’lum (Corazón de selva), de Juana Karen Peñate, con ilustraciones de Natalia Gurovich.
 
 
Héctor Martínez Rojas y Álvaro Figueroa Gómez son quienes dirigen Pluralia Ediciones. Su propósito es difundir las lenguas indígenas, pues consideran que en este siglo XXI buena parte de la población aún desconoce que en México hay 64 idiomas originarios, con sus variantes, los cuales demuestran que existen otros pensamientos y otras formas de ver el mundo y de resolver los problemas.
 
 
“En México hay otras voces que escuchar”, afirma Martínez Rojas a El Financiero. Por ello, explica, comenzaron a publicar libros de tradición oral: historias, leyendas, cuentos y mitos que se narran en los pueblos originarios. Además, en Pluralia se editaban los textos sólo en lenguas indígenas, pero les hacía falta otra parte: que la sociedad que no conoce estos idiomas percibiera que hay otras voces, otros sonidos y otra música. Por eso, en cada uno de los libros de poesía incluyeron un CD para que el lector escuche la voz de las escritoras, pero también la forma en que se pronuncian el zapoteco, el tzotzil, el zoque, el mixteco y el chol.
 
 
“No se trata de publicar –agrega Martínez Rojas– sólo las historias que siempre se han contado en nuestros pueblos. En este momento hay muchos escritores en lenguas indígenas que están haciendo poesía, novela, ensayo, cuento, teatro y música. Aquí la idea fue sacar estos primeros cinco títulos con poesía en el idioma de cada una de las autoras. El reto es que en esta colección se siga publicando la lírica contemporánea en el mayor número de lenguas originarias.”
 
 
Una de las voces incluidas en esta colección es la de Celerina Patricia Sánchez Santiago. Originaria de Mesón de Guadalupe, distrito de Santiago Juxtlahuaca, Oaxaca, empezó a escribir poesía desde los 13 años de edad, sin saber que décadas después su afinada pluma la llevaría a publicar su primer libro Inií ichí (Esencia del camino), en el que reúne 32 poemas escritos en diferentes épocas.
 
 
“Este poemario –precisa Celerina Patricia Sánchez Santiago en entrevista– evoca y convoca a la búsqueda del tiempo y es el motor de nuestros pasos. Inií ichí es la línea que vamos construyendo todos para perseguir la utopía y tener la esperanza de que los pasos serán más sencillos. El libro recoge el camino ancestral, brechas recorridas, historias de nadie pero mensaje de todos, palabras de muerte, voces de vida. Como un canto a su historia y a su memoria, las palabras son fuerza, valor, camino y van tejiendo nuestro ser. A lo mejor no escribo como un premio Nobel de Literatura, pero ésta es mi voz, mi lengua y mi cultura.”
 
 
Sánchez Santiago refiere que a su cultura se le conoce como mixteca. Pero, en realidad, es Ñuu Savi, porque son el pueblo de la lluvia y, por lo tanto, hablan la lengua de la lluvia: el Tu’ún ñuu savi. Ahora ella tiene 46 años de edad y narra la forma en que, desde pequeña, la cautivó la poesía:
 
 
“Cuando estaba en la primaria conocía lo poquito que te dan de poesía en los libros de texto gratuitos. Leíamos los pequeños versos de Pablo Neruda, Gabriela Mistral y Amado Nervo. Como me gustaban mucho decidí que, cundo fuera grande, escribiría como ellos. Aparte, en Oaxaca, no sé si en otros estados de la República, pero allí es muy común que en las escuelas se hagan los concursos de declamación de poesía. Yo declamaba. Me aprendí las 24 estrofas de ‘La raza de bronce’, de Amado Nervo. Para mí era fascinante. Nunca pensé que, después, las cosas cambiarían y empecé a escribir como a los 13 años de edad, pero en español. Hasta que, más grande, el camino me regresó a reconciliarme con mi cultura y a entender que podía expresarme por escrito en mi propia lengua.”
 
 
Sánchez Santiago se salió de su comunidad, junto con su familia, cuando tenía nueve años de edad porque en la escuela primaria del lugar sólo se podía estudiar hasta el segundo grado. Su padre quería que siguiera preparándose y la única forma era irse a vivir a la cabecera distrital:
 
“A esa edad –concluye–, no visualizas que hay otros mundos. En mi comunidad no tenía problemas porque éramos de la misma cultura y hablábamos el mismo idioma. Pero al salir de allí me enfrenté a una realidad muy dolorosa. Nos fuimos a la cabecera distrital y aunque habitaban mestizos y mixtecos tuve un gran choque. Entonces entendí que en mi país había un gran racismo.
 
 
En la primaria se nos prohibía hablar nuestra lengua. Esto sigue ocurriendo. Por eso, tener mi libro escrito y grabado en lengua Tu’ún ñuu savi es muy importante, ya que da cuenta de que somos indígenas y seguimos aquí con nuestras culturas, idiomas y costumbres”.