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En ‘El Vestidor’, Héctor Bonilla vuelve a empezar

10 febrero 2014 4:8 Última actualización 16 octubre 2013 5:57

[El primer actor interpretará al personaje que hace 30 años representó Ignacio López Tarso / Cuartoscuro]


 
 
Rosario Reyes
 
 

Una noche complicada con todo en contra, desde bombardeos hasta un actor agonizante, una compañía teatral está decidida a dar su función de El rey Lear y, milagrosamente, como sucede no pocas veces en los escenarios, la magia aparece.
 
 
Héctor Bonilla reconoce la fortuna de cerrar un ciclo con El vestidor, obra montada hace 30 años en versión de José Luis Ibáñez. Entonces, él interpretaba al personaje joven y el protagonista era Ignacio López Tarso. Ahora encarnará en la puesta de Alberto Lomnitz al actor en decadencia que literalmente dejará la vida en el escenario, en tanto el joven será representado por Bruno Bichir.
 
 
“Yo pienso que son dos personajes complementarios, al grado de ser un solo personaje”, recuerda Bonilla, al evocar “esta observancia de qué hacía Ignacio López Tarso en el papel, de qué haría yo, era un anhelo que tenía llegar a hacer ese papel; para mí es sumamente afortunado cerrar este ciclo”.
 
 

La universalidad de una obra no nace del éxito momentáneo, advierte el actor; “está intacta”, afirma.
 
 
Bonilla comparte que, durante una visita del autor al teatro Insurgentes donde se llevaba a cabo la temporada, justo cuando la versión cinematográfica de El vestidor (que no le gustó a Harwood) competía por el Oscar a la Mejor Película Extranjera, “estábamos Nacho y yo haciendo un spot para la televisión y se puso a llorar, porque le encantó lo que estábamos haciendo”.
 
 
La creación de Su Señoría se basa en los defectos del personaje: un actor impostado, egocéntrico, “si quisiéramos un referente nuestro podría ser don Pepe Baviera”, explica Bonilla. “Pero al mismo tiempo es el último día de su vida y se inspira. Para nada se parece a lo que yo haría de Lear, si me tocara, pero precisamente es esa maravilla de ver el teatro dentro del teatro, que estamos viendo entre cajas, de lado, cómo se representa, con esta compañía de sexta que se está cayendo a pedazos”.
 
Oda al teatro

Bruno Bichir reconoce que “esto es un regalo para mí, como han sido por lo menos la mitad de los trabajos que he hecho en la vida” y recuerda que “tenía alrededor de 15 años cuando vi esta puesta en escena y me marcó la vida, ya me había marcado en muchas otras ocasiones el trabajo de Héctor, es una fuente de inspiración de toda mi vida. El texto es de un amor excepcional, el autor estuvo ahí y conoce profundamente cómo somos, está cargada de grandes tintes de comedia y hasta de farsa en algunos momentos, como buen guiño a la actuación, hay vicios y virtudes muy marcados”.
 
 
Por separado, el director Alberto Lomnitz explica: “somos una compañía de teatro en un país figurativamente en llamas, interpretando a una compañía de teatro, en un país literalmente en llamas”. Compara el panorama que plantea la obra con la realidad de México. “Estamos viviendo momentos muy conflictivos, de inseguridad, de violencia, pobreza, una crisis de valores muy fuerte, de falta de optimismo en la juventud, de desesperanza, es un país que está viviendo un momento de enorme rigor, es fácil sentirlo como un país en guerra”.
 
 
Reconoce que El vestidor “es una gran oda al teatro y al artista. Este actor ni siquiera es el gran intérprete, pero aún así logra trascender todas esas deficiencias para hacer un acto de comunión con el público. Es sumamente conmovedor, un homenaje a ese poder del arte de trascender la mediocridad, la pequeñez, eso es lo que nos ha inspirado a todos en esta puesta en escena, también somos eso, esos artistas que en medio de las bombas cayendo, por decirlo de alguna manera, estamos neciamente tratando de conectar con el público, conmover, producir belleza”, concluye el también director y fundador de la Compañía de Teatro para Sordos Seña y Verbo que hoy celebra su 20 aniversario con una función especial en el Teatro de la Ciudad.