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CULTURAS

En 2014, la violencia venció al humor

“Hay una pérdida de sentido del humor brutal, se puede ver hasta con el pobre de Chespirito", sostiene el cabaretero e investigador teatral Pedro Kóminik. “Reír no te exime de ser interesante", asegura. 
Myrna Martínez
30 diciembre 2014 21:19 Última actualización 31 diciembre 2014 5:0
A través del humor, el cabaret brinda una lectura crítica de la realidad nacional. (Cortesía)

A través del humor, el cabaret brinda una lectura crítica de la realidad nacional. (Cortesía)

Este año se va con un dejo de tristeza, en 2014 la gente dejó de reír, justo cuando más se necesita ese ejercicio catártico, de curación.
Las redes sociales se radicalizaron y se volvieron un campo de batalla, de diferencia de opiniones sobre temas terribles como el caso Ayotzinapa, las donaciones al Teletón y la Casa Blanca mexicana.

“Hay una pérdida de sentido del humor brutal, se puede ver hasta con el pobre de Chespirito; no voy a defender lo indefendible en cuanto a contenidos, pero muchísima gente se volcó contra este hombre”, opina el cabaretero e investigador teatral Pedro Kóminik en torno al fenómeno mediático que desató la muerte de Roberto Gómez Bolaños.

No fue un año fácil para el cabaret nacional, al ser un género que responde a la realidad inmediata para generar conciencia a través de la sátira. En los bares berlineses, durante la República de Weimar, los escenarios sirvieron para hacer frente a la crisis social de una Alemania devastada por la Primera Guerra Mundial. En México, el arte y la risa también surgieron como remedios del espíritu social. Antecesor del cabaret actual, el teatro de revista de principios del siglo XX denunciaba con humor y música los excesos porfirianos y, posteriormente, la sanguinaria Revolución.

“El teatro de revista, al igual que la carpa, tiene que ver tanto con nuestra identidad, es un estilo de trabajo escénico que siempre se ha caracterizado por la risa; tenemos que reírnos porque es lo que nos saca adelante”, explica Kóminik. “Su gran maravilla es que te permite abrir el alma de la gente, permite que te escuchen mejor, que la idea que siembras sí sea seminal, porque cuando le tiras un choro panfletario desde la sopa y la papaya cósmica es mucho más difícil que haya un proceso empático en la gente”.

BAJAR EL TELÓN


El reto de este año fue brutal para los cabareteros: tratar de hacer reír cuando la realidad es terrible. En 15 años como compañía, por primera vez Las Reinas Chulas, administradoras del Teatro Bar El Vicio, tuvieron que cancelar una función.

“El día de la declaración de Murillo Karam, del ‘Ya me cansé’, estábamos las cuatro llorando, no podíamos dar función, no podíamos reírnos de lo que estaba pasando. ¿Cómo te ríes de tanto dolor?”, confiesa Cecilia Sortres, integrante de la compañía recién galardonada por la Asamblea Legislativa del DF con la Medalla al Mérito 2014.
“Decidimos abrir El Vicio para platicar con la comunidad. Se armó una gran convocatoria y durante cuatro horas escuchamos a la gente, tenía tanto que decir, tantas ganas de escupir, de vomitar”.

Los espectáculos de cabaret se nutren de los periódicos. Sus creadores tienen la responsabilidad de estar actualizados, pero a veces el horror cotidiano avanza tan vertiginosamente que es imposible mantener el paso.

“Todavía no puedes digerir la noticia del día anterior, cuando ya te llegó la de éste. Sí está siendo complicado, pero también la gente necesita el cabaret, lo está pidiendo y por eso está creciendo mucho el movimiento”, asegura Sortres.

Los estudiantes de teatro jamás cursan una materia de cabaret, sin embargo, cada vez hay más jóvenes teatreros que se han acercado para aprender a hacerlo, porque necesitan denunciar y expresarse a través de la sátira. Cecilia Sortres ve un cambio en sus alumnos: ahora están más informados.

Para Kóminik, más allá de organizarse para ir las marchas, los cabareteros tienen que ser responsables con la información, proponer con bases, estudiar la Constitución, entender las leyes, y, sobre todo, hacer espectáculos políticos, pero sin alejarse de la música, del baile, de las carcajadas.

“Hay que reírse desde lo importante, no porque haya risas involucradas, el espectáculo tiene menos altura. Hay mucho miedo a hacerlo, se piensa que es frivolizar, pero estamos en un momento en que tenemos que hacerlo, necesitamos sentirnos vivos”, dice el también cantante.

“Reír no te exime de ser interesante y no por estar involucrado en compromisos sociales y en buscar acciones concretas de transformación tienes que ir hecho un vinagre por la vida, peleándote con todo el mundo por el Facebook”.

Sin embargo, el cabaret también floreció en 2014, el público se acercó a él para sanarse de la realidad y recuperar la risa perdida, dice Sortres, para quien el 2015 pinta igual de crítico. “Al ser un género de guerras, se potencializa cuando la cosa está que arde. Necesitaremos mucho cabaret el año que viene”, concluye la actriz.