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CULTURAS

Elvis, el rey que acabó atrapado en su imperio 

Hace 40 años las drogas prescritas pusieron punto final a la vida de Elvis Presley, aunque el capítulo de su revolución musical había terminado mucho antes.
Eduardo Bautista
15 agosto 2017 23:5 Última actualización 16 agosto 2017 5:0
Elvis Presley

(Especial)

Elvis Presley murió el 16 de agosto de 1977 en Memphis, Tennessee, a dos horas en automóvil de la modesta casa donde nació, en Tupelo, Misisipi. En esencia, el Rey del Rock siempre fue el mismo; el tiempo comprobó que, como dijo Ortega y Gasset, el hombre es un animal de costumbres.

Fue adicto a la Coca-Cola y a las hamburguesas desde muy pequeño. Murió a los 42 años víctima de un infarto fulminante, en medio de un cuadro de glaucoma, hipertensión arterial, hígado graso y colon inflamado. Su receta de medicamentos abarcaba Tiunal, Placidyl, Escatrol, Desbutal y Demerol para combatir el insomnio, la ansiedad y la depresión. Consumía eso y más desde 1957.

El hombre que tuvo la chispa para encontrar y entrelazar los puntos de encuentro entre las culturas negra y blanca de Estados Unidos terminó ensimismado en su propio reino.

Mientras en 1977 David Bowie inauguraba una nueva era para la música pop con su trilogía de Berlín, y Pink Floyd fundaba las bases del rock progresivo con Animals, Elvis seguía en lo suyo: los movimientos de cadera, la sensualidad manifiesta, la camisa abierta, las baladas románticas, el frenesí de sus actuaciones; todo ese universo que conoció en 1956 y que no soltó nunca, aseguran en entrevista expertos consultados por El Financiero.

“Elvis fue Elvis hasta el final. Marcó sus propias pautas incluso cuando se volvió vaquero o cuando cantó en español. Cuando murió, el mundo ya tenía a ídolos como Mick Jagger o John Lennon. Elvis nunca se sumó a la oleada británica ni a la sicodelia. Nunca hizo un Sargento Pimienta. Su ser tan religioso lo mantuvo cerca del góspel y de la Iglesia. La gente iba Las Vegas a ver la misa de Elvis, a ver cómo Elvis purificaba esa ciudad de apuestas y excesos”, considera el académico de la UNAM y estudioso de los movimientos contraculturales, Salvador Mendiola.

FOCOS
*The Beatles fue uno de los grupos
musicales que más detestó.

*George Nichopoulos fue su médico de cabecera, en varias ocasiones sólo le inyectó agua con sal como Placebo.

*Scatter era el nombre de su mascota favorita, un chimpancé que murió por alcoholismo.

*Richard Nixon fue el presidente predilecto del 'Rey', quien lo nombró agente honorario antinarcóticos para promover la guerra contra las drogas.


Durante sus últimos días, el reino musical -y cultural- que construyó lo había rebasado. Nada de lo que escuchaba en su entorno le parecía familiar. Nunca retomó nada de la oleada británica. Para 1977 ya ni siquiera existían los Beatles. La industria había descubierto las bondades del punk y en Alemania Kraftwerk le daba forma a la música electrónica.

El año anterior habían irrumpido en la escena The Cure y Joy Division. El mundo de Elvis era sólo un recuerdo. Habían pasado casi tres décadas desde que el programador Alan Freed acuñara el término rock and roll cada que ponía una canción de R&B en la estación de radio WJW, de Cleveland. Poco o nada quedaba del góspel que le había enseñado su madre de niño. O del blues más agreste que escuchaba mientras caminaba por los plantíos del siempre racista Misisipi.

“Nunca se dio cuenta del momento en el que la oleada británica conquistó los gustos del público. Asumió una postura similar a la que adoptó Frank Sinatra, quien menospreciaba la calidad de las canciones que se componían en el Reino Unido. Sin embargo, en el fondo siempre conoció la calidad de los ingleses”, señala el periodista de rock y fundador de la revista La Mosca, Hugo García Michel.

Los últimos días de Elvis fueron aciagos y de profunda comunión espiritual. Más de de 2 mil libros sobre su vida, legado y trayectoria musical lo comprueban. El periodista noruego Ernst Jorgensen cuenta que falleció en su mansión de Graceland leyendo La búsqueda científica de la cara de Jesucristo, de Frank O. Adams. Su novia Ginger Alden —una modelo 20 años menor que él con la que apenas llevaba unos cuantos meses de relación— lo encontró tirado en el baño; minutos antes le había pedido que no se quedara dormido en el retrete y que se fijara bien lo que hacía, porque sufría de incontinencia...

Con una sensualidad sólo comparable a la de Mick Jagger —dice García Michel— es difícil imaginar a Elvis en una situación tan decadente. Sin embargo, asegura, al ídolo siempre se le perdona todo: el sobrepeso, la presunción, la pérdida de voz, la lentitud de movimientos.

Por eso hoy, dice, a 40 años de su muerte, su decadencia no es el tema principal, sino la influencia que ejerció en la historia de la música al sintetizar los ritmos negros —como el blues, el góspel o el soul— con la cultura W.A.S.P. (el acrónimo en inglés para definir a los blancos, anglosajones y protestantes), tan enmarcada dentro de la música country. “Fue un símbolo antirracista”, sostiene.

“Integró estas culturas de una manera tan correcta que se convirtió en el modelo a seguir o a derrotar. Por eso siempre será el El rey del rock. Fue uno de los primeros héroes de la sociedad estadounidense. Él despertó la gran avalancha de roqueros norteamericanos y la oleada británica. Ningún artista norteamericano, ni siquiera Sinatra, había llegado a terrenos tan internacionales e insospechados”, explica Mendiola.

A partir de él, asegura, se logró la integración de las diferentes culturas en Estados Unidos, desde las comunidades afroamericanas y blancas hasta los movimientos chicanos. “Se demostró que el sueño americano era posible, que cualquier niño pobre de Memphis se podía convertir en un aristócrata de la cultura”.

“La muerte de Elvis —escribe el crítico musical Diego A. Manrique en El País en enero de 2015— alcanza dimensiones de tragedia global. Anteriormente, los decesos de famosos de la farándula se quedaban en las secciones de Sucesos, Obituarios o Espectáculos: con Elvis saltan a la primera página de los periódicos, a la cabecera de los telediarios, proporcionando un modelo de respuesta para el asesinato de John Lennon en 1980, aunque —bonita paradoja— ambos se detestaban”.

Cuando escuché por primera vez la voz de Elvis supe que nunca iba a trabajar para nadie y que nadie sería mi jefe. Escucharlo por primera vez fue como salir de la cárcel


El periodista Steve Dunleavy sospecha en Elvis: What Happened? (1977) que el ocaso del Rey del rock pudo deberse a la opulencia a la que estuvo acostumbrado durante sus poco más de dos décadas de carrera artística, siempre rodeado por un grupo de amigos —y otros no tanto— conocido como la Mafia de Memphis. Elvis les pagaba con autos de lujo, viajes extravagantes, maletines colmados de dólares.

A cambio recibía mujeres y fiestas, aunque “nunca se haya metido drogas ilegales, porque lo que a él lo mató fueron las legales”, dice Mendiola.

“Su mayor error fue entregarse a las garras de El Coronel Parker (su mánager), quien lo obligó a convertirse, del rebelde sin causa de las calles, al gran negocio de Las Vegas, con todas las virtudes y contradicciones que eso pudiera conllevar”.

MÁS VIVO Y RENTABLE QUE NUNCA
Algunas legiones de fans ya han llegado a su mansión de Graceland para conmemorar el 40 aniversario de su fallecimiento. La agencia AFP calcula que sean más de 50 mil personas.

Alrededor de 600 mil la visitan cada año, con lo que generan ingresos por 150 millones de dólares a las arcas de Memphis. Con más de mil millones de discos vendidos, Forbes lo considera la cuarta celebridad muerta más rentable de la historia, con ingresos anuales de 27 millones de dólares.

A mediados de año se anunció la reedición de su álbum The 50 Greatest Hits y hoy se subastará por eBay su piano blanco favorito, el mismo que había tocado su ídolo Duke Ellington años atrás y que se espera alcance entre 2.5 y 5 millones de dólares. Una parte de los fondos que se recauden en esta puja será destinada a la Fundación Starkey, que se encarga de ayudar a niños con problemas auditivos en todo el mundo.