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El Vive Latino en la era del Periodismo Digital

12 febrero 2014 5:28 Última actualización 19 marzo 2013 10:54

 [Cuartoscuro] Cuando dio inicio -en 1998-, el festival reunió a 27 grupos. Hoy quiso reunir a más de 120 bandas. 


José David Cano
 
 
Eran aproximadamente las 23:30 horas cuando decidí marcharme. Bueno, en realidad mi amigo CG lo decidió porque, para entonces, mi ingesta de alcohol rebasaba cualquier orden natural de cosas.
 
 
-Creo que mejor nos vamos, te estás durmiendo -dijo con la mirada desenfocada.
 
 
Asentí con un movimiento de cabeza, pero era evidente que él también mostraba signos de tisana en su sangre. Y cómo no estarlo: la empresa cervecera es promotora importante del Festival Vive Latino, que con creces recupera la inversión. Era cuestión de mirar nada más alrededor: había fácilmente unos 30 puestos de venta de cerveza distribuidos por todo el lugar. Y, desde luego, con un enorme ejército de vendedores a la orden.
 
 
"Ha sido un día duro", no dejaba de repetir para mis adentros -ya con cierto remordimiento-, en cuanto nos pusimos en marcha. "Necesitaba hidratarme", me dije para extirpar culpas. Y era cierto: aunque escribo de música mayormente, sólo en dos ocasiones anteriores había asistido a este festival: en calidad de curioso, la primera vez: nunca he sido muy elocuente con el rock mexicano; y en una segunda, en calidad de reportero. Así que ahí estaba: en uno de los mejores festivales de Latinoamérica -según me dijeron varios colegas con los que me topé. En cierto sentido, tenían razón; al menos en lo que respecta a su tamaño. Cuando dio inicio -en 1998-, el festival reunió a 27 grupos. En plena Era Digital, Vive Latino 2013 quiso reunir a más de 120 bandas.
 
 
Para los que no están familiarizados con tal cantidad de seres humanos, aquello puede convertirse en una pesadilla. Eso a mí me había sucedido. Explico: en el lapso de una hora por la sala de prensa habían pasado cinco grupos: cinco minutos para preguntas y respuestas, y un minuto de autógrafos para los reporteros-groupies. He aquí las consecuencias de la Era del Periodismo Digital, me dije: pura información en tiempo real, nada de sustancia. "Adiós al intercambio personal, a lo que sucede tras bam- balinas", pensé.
 
 
-Esto es un circo. Mejor vamos a dar un rol -le dije en tono cansino a mi amigo CG.
 
 
Ahora que lo pienso, creo que ahí empezó mi declive.
 
 
Viernes, 17 horas. La chica del impermeable azul camina de un lado a otro.
 
 
-Ya que empiece -le dice a su compañero.
 
 
Su compañero le responde con una sonrisa.
 
 
Para entonces mary jane ya corre entre algunos asistentes, los más osados. No es para menos: la bendita naturaleza ha ocultado el sol y nos ha recibido -en estos justos momentos en que el Vive Latino ya va tomando impulso- con lluvia. Y con frío.
 
 
17:30 horas. Me queda claro que Los Amigos Invisibles saben armar la fiesta; con todo y el frío que se cuela por los cuerpos aquí reunidos, nadie deja de balancearse. Musicalmente, los venezolanos no tienen gran cosa que ofrecer; empero, sí han sabido sortear el tiempo y el espacio.
 
 
18 horas. "Vamos a ver a Tex Tex", me dice CG. ¿Es broma? "No", dice convencido. "Me gustaban, y creo que todavía". Y ahí estamos; se ha juntado buena cantidad de seguidores. Le digo a CG: "No sé tú, pero yo siento que voy en el Ruta 100".
 
 
18:20 horas. Mientras bebo otro trago, y me dejo llevar por el oleaje de cuerpos, la gente grita a mi alrededor: ¡oe-oe-oe-oeeee, Deca-dentes! Y ahí están: Los Auténticos Decadentes haciendo vibrar el piso del Foro Sol... Más fusión: ska, rock, toques de cumbia. La gente se prende. Baila. Se arremolina.
 
 
19 horas. Le digo a CG: "Oye, ¿esa es Jenni Rivera?" Me mira y se dobla de la risa. Me dice: "Te pasas. Ella ya falleció. Es Julieta Venegas". Me tallo los ojos. Enfoco mis lentes. Cierto: es ella. "Cantan igual de mal", le digo a CG. Una adolescente simpática, frente a mí, frunce el ceño. Siento rayos de odio.
 
 
20 horas. Brindo con CG. No hay otra cosa que hacer. Porter está en el escenario principal. Así que paso. En los restantes escenarios, tampoco nada que valga la pena.
 
 
21 horas. Los Yeah Yeah Yeahs con ese punk/rock fibroso, sus guitarras afiladas y melancólicas voces. Y entonces todos se vuelven uno... El individuo como colectividad. La gente corea. Grita. Se emociona.
 
 
22 horas. Apunto en mi libreta: "He perdido ya la cuenta de los tragos. Y falta Underworld".
 
 
22:30 horas. Ahí están: Karl Hyde y Rick Smith. Cinco años tuvieron que pasar para tenerlos de vuelta. Underworld sale al escenario, y el Foro Sol se convierte en una pista de baile. Desde luego el tiempo ha pasado, o más bien se ha quedado en sus rostros. (También en el mío, obvio.) Sin embargo, aún siguen exhibiendo poder. Música electrónica de alta calidad. Exquisita.
 
 
23 horas. La nada.
 
 
Sábado, 9 horas. En Macbeth, Macduff le pregunta a un portero: "¿Cuáles tres cosas provoca especialmente la bebida?" El portero: "Pues, señor: nariz roja, sueño y orina. En cuanto a la lujuria, señor, la provoca y no la provoca. Provoca el deseo, pero impide la ejecución. Por lo tanto, puede decirse que la mucha bebida juega equívocos con la lujuria: la crea y la destruye, la excita y la paraliza, la persuade y la desanima; la dispone y la indispone. En conclusión, la engaña con el sueño, y dándole un tiro, la abandona". Macduff concluye: "Me parece que la bebida anoche te dio un tiro". Tiene razón Shakespeare.
 
 
15 horas. Mientras me dirijo al Vive no dejo de pensar en él. En lo que se ha convertido. Algo es innegable: el festival ha acompañado la historia más reciente del país y se incorporó al glosario del rock local. También hoy es un gran negocio; de los buenos. CIE / Ocesa ha sabido explotar la coyuntura: su construcción es similar a la de otros festivales: ahora incluyen lenguajes alternativos: jazz, funk, progresivo, electrónica, cumbia. También cine y actividades culturales, como danza. Incluso hasta el clásico caballo mecánico de los rodeos.
 
 
16 horas. Mi amigo CG no llegó. En su lugar voy con SM. Él sabe de rock. Y trato de creerle: en Morelia es el encargado de uno de los más longevos programas de rock.
 
 
16:30 horas. Manuelito Blanco lo decía: para evitar la cruda, no hay otro remedio que seguir bebiendo; le hago caso. En el escenario principal, División Minúscula termina su participación: atrae a los ya convencidos de su propuesta. En el escenario Unión Indio, Violadores del Verso le pegan duro a la palabra. Hip hop duro. Bien construido. Correoso. Los españoles la arman. Al igual que La Mala Rodríguez. Su participación no deja a uno indiferente.
 
 
17:30 horas. El Tri está terminando su show. Sí, poco y nada tiene para ofrecer como compositor Álex Lora. Bebo otro trago para olvidar, diría José Alfredo.
 
 
18:30 horas. Cuando creo que las cosas no se pueden poner peor, resulta que sí: Fobia está en el escenario. "¿No había desaparecido?", le pregunto a SM. "Pues yo sabía que sí. Ya ves. El rock mexicano", dice, y bebe copiosamente. "Somos la mejor banda de rock", o algo así dice, en un arranque de emociones, Leonardo de Lozanne, el vocalista.
 
 
19:20 horas. En jugada maestra, los organizadores invitan a Los Ángeles Azules, casi compitiendo con Fobia. Me queda claro que llevan la cumbia en su ADN, no rock. Aparecen los invitados: los endebles talentos de Ximena Sariñana, y luego Jay de la Cueva. Pero en realidad no importa: Los Ángeles también se muestran cortos de miras: repiten repertorio. Me siento en mi barrio.
 
 
22:20 horas. Estoy con varios amigos. Está SM. También FV. Bebemos. Delante de nosotros, mary jane aparece de nuevo y va de un lado a otro. Uno de mis amigos dice: "Parecemos adolescentes tardíos". Nos doblamos de la risa.
 
 
22:40 horas. Aparece Blur, y de repente todo tiene sentido... Bueno, no todo, pero casi. Damon Albarn y compañía saben mover masas. Desgranan viejos temas, canciones que han pasado la prueba del tiempo. Sí, no hay como un montón de gargantas entonando a coro temas inmortales.
 
 
Domingo. Reviso el cartel. A Chico Trujillo ya lo vi. Vale la pena su propuesta, pero ahora no. Bomba Estéreo seguro la arma con su fusión colombiana tan intensa, pero ya los vi en un par de ocasiones. Celso Piña se ha vuelto un recurrente de festivales. Paso. En cuanto a Panteón Rococó, ésta será su séptima, u octava vez, que se presenta. Ska-P no tiene nada nuevo que ofrecer. Y Fabulosos Cadillacs me dejó de gustar cuando terminó mi adolescencia. Sopeso, entonces, mis pasos. "Lo siento por Naftalina y Real de Catorce, grupos veteranos y excelsos", me digo ya con una copa en la mano. Como escribió alguna vez aquel tipo duro, Hunter S. Thompson: cuando la cosa se pone excéntrica, los excéntricos se ponen profesionales.
 
 
Es verdad.
 
 
Información proporcionada por El Financiero Diario.