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Buena vida
Carlos Alonso, director del SIAR

El valor de la alta relojería

Carlos Alonso es fundador de la revista Tiempo de Relojes y del Salón Internacional de Alta Relojería en México, el primero en su tipo fuera de Suiza y considerado uno de los más importantes a nivel mundial.
Myrna I. Martínez y Susana Sáenz
22 octubre 2015 21:7 Última actualización 23 octubre 2015 5:0
relojería

México es un mercado atractivo para desarrollar marcas desde hace algunos años.(Alejandro Meléndez)

El primer reloj que Carlos Alonso compró en su adolescencia fue un Swatch, cuando la marca Suiza puso de moda sus coloridos relojes de cuarzo en los 70.

Su acercamiento a la alta relojería lo tuvo tras estudiar periodismo en su natal España, donde comenzó a escribir para una revista enfocada a hombres negocios, y por primera vez asistió a las ferias de relojería más importantes del mundo en Basilea y Ginebra. Ahí conoció el universo de las maquinarias, las complicaciones y la precisión, arte que lo enamoró.

Ya en México, esa pasión lo llevó a fundar la revista Tiempo de Relojes, en 1996, y hace ocho años el Salón Internacional de Alta Relojería, el primero en su tipo fuera de Suiza y considerado uno de los más importantes a nivel mundial, cuya novena edición concluyó ayer.

___¿Por qué decidió crear el SIAR?
___ Había mucha curiosidad por saber cómo los relojeros hacían sus piezas, cómo investigan. Es una conclusión de un mercado activo curioso que aquí encuentra muchas piezas, alrededor de mil, reunidas bajo el mismo techo durante tres días.

___¿Ha crecido la demanda en estos años que lleva la feria?
___ A México lo podemos tipificar dentro de los países emergentes que desde hace 10, 15 años ha mirado hacia el mercado de lujo. Aquí habían bases históricas de curiosidad sobre el mundo de la alta relojería, y un campo fértil para desarrollar marcas.
Hace 15 años, los distribuidores tenía un portafolio de 10 marcas, ahora tienen hasta 60.

___¿En algún momento cree que México pueda hacer alta relojería?
___ La alta relojería tiene un monopolio en la denominación de origen, que es Suiza; hay una parte de Alemania, en la Sajonia, que desde finales del siglo 19 se dio una relojería muy bonita, equiparable en calidad a las mejores marcas suizas, eso renació. Después renació tras la caída del Muro de Berlín y ahora están haciendo un gran trabajo. Es muy difícil hacer alta relojería afuera de Suiza, lo han intentado los japoneses y los chinos, pero el Know How lo tienen los suizos desde hace cuatro siglos.

___¿Se puede llegar a integrar la alta relojería con la máxima tecnología?
___ En mi opinión no son puntos conciliables. Hubo un intento en los 70, el cuarzo lo desarrollaron muy bien los japoneses y casi le da al traste a la relojería tradicional, pero eso fue porque el componente era funcional y preciso. En los años 80, cuando hubo un revival de la relojería mecánica, era más importante el trabajo artesanal, los acabados la decoración, no los desarrollos tecnológicos, ahora vuelve a repetirse.
Una cosa parecida pasa con el Apple Watch, siempre digo que no es un reloj, es un gadget que quiere robar la posición de la muñeca que pertenece al reloj desde principios del siglo XX, con el auge del reloj de pulso.

___ Platíquenos de esta tendencia de las complicaciones...
___ La alta complicación es tradicional. Históricamente, un reloj entre más complicaciones tenía, aumentaba su valor porque en el tamaño reducido de un reloj de pulso, acumular muchas complicaciones requiere de una gran destreza. Las marcas siempre han tenido este reto de poder incluir muchas complicaciones. En esta edición se presentó el de mayor complicaciones en la historia con 57, la Ref. 57260, de Vacheron Constantin, es el resultado de 400 años de evolución de la relojería.

___¿Entre más complicaciones tiene es mejor el reloj?
___ En estos años que hablábamos del regreso de la relojería mecánica, después de la crisis del cuarzo a mediados de los 80, fue cuando la mayoría de las marcas comenzaron a sentirse orgullosas de rescatar la técnica, la mecánica. Han sido unos años muy activos en complicaciones, ese era el reto. Durante la crisis de 2009 se calmaron un poco los excesos y empezó una tendencia más purista y los relojeros empezaron a prestar detalles a cosas muy finas, por ejemplo, a la cronometría. Estamos en esta tendencia más zen, cosas muy bien expresadas, no muy complicadas. La relojería siempre tiene el reto de evolucionar.