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'El último preso' o la dureza de la realidad

El último preso político que queda en la cárcel está dispuesto a retractarse de sus ideas revolucionarias con el fin de ser puesto en libertad. El escenario imaginado por el dramaturgo polaco Slawomir Mrozek en "El último preso", sirve a la familia Bichir para tejer un puente entre la ficción y la realidad.
Sandra Aguilar
14 diciembre 2014 19:24 Última actualización 15 diciembre 2014 5:0
La puesta en escena iniciará funciones a partir del 25 de diciembre en el Foro Shakespeare. (Fabián García)

La puesta en escena iniciará funciones a partir del 25 de diciembre en el Foro Shakespeare. (Fabián García)

El sistema represor ha sido brutal. Ya nadie quiere alzar su voz en contra del gobierno. El último preso político que queda en la cárcel está dispuesto a retractarse de sus ideas revolucionarias con el fin de ser puesto en libertad.

El escenario imaginado por el dramaturgo polaco Slawomir Mrozek (considerado una piedra angular del teatro universal) en El último preso, sirve a la familia Bichir para tejer un puente entre la ficción y la realidad, ambas rotundamente fuertes.

La llevarán a escena en el Foro Shakespeare el 25 de diciembre. El montaje cuenta también con la participación de Alejandro, el patriarca de la dinastía Bichir, quien, además de dirigir, regresará a la actuación con esta puesta que se montó en México por última vez hace 30 años.

“No decidimos montarla hace 15 días. No somos oportunistas, ni tampoco tan sagaces para decir: ‘vamos a unirnos a todo lo que está pasando’; es un proyecto que se viene gestando desde hace tiempo. Eso habla de nuestras preocupaciones como creadores y de lo mal que ha estado el país durante tanto tiempo; no importa en qué momento la montes, pues siempre encaja, lo que nos hace pensar en que algo está mal”, explica Bruno Bichir.

Afortunadamente, agrega, esta es una farsa que le produce placer montar. Porque -puntualiza- pone el dedo en la llaga en temas que parecen trascendentes. “El libreto sorprende por la vigencia del texto con lo que está pasando en el mundo, no sólo en México, y por eso seguimos haciendo teatro: para ver si un día cambiamos el mundo de nuevo. Ojalá que el arte fuera la solución”.

En la situación actual, la puesta en escena cobra un sentido de convocatoria, de comunicación y de reunión que apunta precisamente a conquistar la palabra y la reflexión, considera Odiseo Bichir. “A pesar del escenario mexicano en sus aspectos tristes, dolorosos, lamentables, existen los ingredientes que hacen que sea un gran momento inspirador, muy motivador, que estremece mucho por la coincidencia gigantesca, por la coordinación extraordinaria y la voluntad enorme de encontrar respuestas, soluciones. Es de aplaudirse”, sostiene.