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El último ídolo

No tenía las características habituales y salió de donde menos se esperaba, pero la gente se identificó con Cuauhtémoc Blanco para convertirlo en uno de los más grandes del futbol mexicano.
Alain Arenas
03 marzo 2016 22:31 Última actualización 04 marzo 2016 5:0
El atacante jugó su último partido como americanista en la final de vuelta del Clausura 2007 contra Pachuca, el 27 de mayo de ese año. (Especial)

El atacante jugó su último partido como americanista en la final de vuelta del Clausura 2007 contra Pachuca, el 27 de mayo de ese año. (Especial)

Cuauhtémoc Blanco conoció a María del Carmen Moreno a los 16 años. La encargada de la escuela de futbolistas del América recuerda que durante los primeros días de él en la institución se comportó tímido, en los subsecuentes más desinhibido y para el primer mes, desparpajado. “Siempre hacía travesuras”. Después de 27 años de su primer encuentro, Moreno confiesa los planes que tiene el ahora alcalde Cuernavaca para su futuro.

“Tiene a su ahijado en la escuelita de futbolistas. El otro día me saludó, pero llegó muy diferente. Venía cambiado, con traje, con guardaespaldas y yo le dije: ‘Cuau, acuérdate que zapatero a tus zapatos, ya salte de ahí’. Y él me contestó: ‘No, yo estoy bien colocado ahí. Quiero hacer una carrerita’”, recordó la empleada, quien tiene 38 años en el club.

El atacante jugó su último partido como americanista en la final de vuelta del Clausura 2007 contra Pachuca, el 27 de mayo de ese año. A pesar del tiempo transcurrido y de haber jugado en otros 10 equipos en su carrera, los aficionados, entre banderas y camisetas con su apellido en la espalda, corearon su nombre en el entrenamiento de ayer con las Águilas.

El escritor Fabricio Mejía Madrid analiza por qué el mundialista en 1998, 2002 y 2010 es un ídolo popular, mientras que otros exjugadores no.

“Lo veo desde la siguiente dicotomía: a Cuauhtémoc le perdonamos lo que a Hugo Sánchez no. Hugo tuvo éxito en Europa, fue el Niño de oro de Pumas, era un tipo sofisticado, odontólogo y tenía un cuerpo atlético. En cambio, Blanco era alguien más rústico, que venía de mucho más abajo y no contaba con estudios universitarios; su cuerpo, además, estaba mal hecho. Sin embargo, Hugo nunca pudo alcanzar ese grado de ídolo popular que Cuauhtémoc sí logró. Porque los ídolos siempre salen por donde menos se les espera. A él le perdonamos todo: su actitud violenta, su prepotencia y su irresponsabilidad política. A Hugo, sin embargo, nunca le perdonamos su altivez”, asegura.

PALMARÉS
CON AMÉRICA
1 título de liga (2005)
1 Copa Campeón de Campeones (2005)
2 Copa Campeones Concacaf
153 goles
397 partidos

CON SELECCIÓN
2 Copa Confederaciones (1997, 1999)
3 Mundiales (1998, 2002, 2010)
3 Copa América (1997, 1999, 2007)
3 Copa Oro (1996, 1998, 2007)
38 goles
120 convocatorias


Luego de que México cumpliera la suspensión impuesta por la FIFA por alineación indebida (de 1988 a 1990) y de no pasar de la fase de grupos en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, Blanco, al lado de Claudio Suárez, Francisco Palencia, Jesús Arellano, entre otros, conformó la Selección olímpica de Atlanta en 1996 y luego integró el combinado tricolor que enfrentó el Mundial de Francia dos años más tarde.

Entre las dos justas, el cuadro azteca acumuló dos victorias, cuatro empates y un par de descalabros. Las dos caídas (2-0 contra Nigeria en Juegos Olímpicos y 2-1 ante Alemania en Copa del Mundo) significaron la eliminación para el Tri, pero tanto el nivel del delantero como el del cuadro nacional sirvió como parteaguas para el futbol mexicano, el cual suma dos títulos mundiales Sub-17 y obtuvo la medalla de oro en Londres 2012.

Germán Villa, otro integrante de ese equipo y con 23 años de conocer a Blanco, reconoce esa generación de jugadores.

“Recuerdo mucho el Mundial de Francia, el juego contra Bélgica, yo entré de cambio. Tenía toda la ilusión de que empatáramos el partido (perdía México 2-1). En una jugada, veo a Cuauhtémoc que se lanza con los pies de frente. Lo peor es que ni él sabía cómo aventarse. No fue muy ortodoxo, pero conectó el balón, metió el gol e igualó el partido. Le dije que en la vida le volvería a salir esa jugada... La verdad es que teníamos un buen grupo de jugadores desde hace varios años atrás”, afirma.

LA OTRA CARA DE CUAUHTÉMOC
Blanco
conoció a Villa cuando tenían 16 y 13 años, respectivamente. Ambos, según recuerda el segundo, viajaban juntos en el transporte público. También cuenta que después de unos años iban en un auto modelo Caribe y que incluso las ideas del ahora ex futbolista de 43 años casi le cuestan un accidente automovilístico en la calzada de Tlalpan.

“Cuando lo conocí no sabía ni manejar, era muy tranquilo; luego se convirtió en el diablo”, bromea el exmediocampista. “Él sigue siendo el mismo, original. Tanto como persona como en la cancha. La desfachatez que le caracterizaba la sigue conservando”.

Ricardo Peláez, ahora presidente deportivo del América, expresó que tenerlo como compañero era un aspecto positivo. “En momentos de presión, él manejaba muy bien esos aspectos. Trataba de hacer bromas en el vestidor para distraernos. Contagiaba al jugador de compromiso. Marcaba diferencia en los equipos. En la cancha daba indicaciones y era como tener un director técnico en el campo de juego. Este juego de homenaje es por sus logros y por su trayectoria en el club”.