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El trazo de Méndez vuelve a entintar las conciencias

Si se piensa en la finalidad comunicacional o propagandística de buena parte de las obras de Leopoldo Méndez, resulta invaluable la oportunidad de conocerlas en la actualidad. "Pasión sobre papel. Leopoldo Méndez y el Taller de la Gráfica Popular", se inaugura este jueves en el Museo del Estanquillo.
Se exhiben más 350 piezas cuya curaduría hilvana un discurso testimonial. (Cortesía)

Se exhiben más 350 piezas cuya curaduría hilvana un discurso testimonial. (Cortesía)

Si se piensa en la finalidad comunicacional o propagandística de buena parte de las obras de Leopoldo Méndez, las cuales eran pegadas en postes de luz y luego eran olvidadas, resulta invaluable la oportunidad de conocerlas en la actualidad.

Leopoldo Méndez contribuyó a los movimientos artísticos de su época, como el Estridentismo, La Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR), así como al Taller de la Gráfica Popular. Ilustró varios libros, entre ellos Incidentes melódicos de un mundo irracional, de Juan de la Cabada, o la autobiografía de Manuel Maples Arce, además de colaborar con Roberto Gavaldón y Emilio Indio Fernández en el cine. Parte de este trabajo se muestra en la exposición Pasión sobre papel. Leopoldo Méndez y el Taller de la Gráfica Popular, que se inaugura el jueves en el Museo del Estanquillo.

“Toda la gráfica tiene un fin, no es para adornar o para poner arriba de la chimenea de una casa. Pero hay verdaderas maravillas aquí”, dice durante un recorrido por la muestra el curador, Pablo Méndez, quien cuenta cómo vio a su padre realizar el grabado Paremos la agresión a la clase obrera -que forma parte de la exposición-, sobre una marcha a la cual lo llevó aquél.

Se exhiben también, por ejemplo, el primer trabajo pagado del Taller de la Gráfica Popular: un calendario de 1938 y 1939 para la Universidad Obrera; y el primer cartel del Taller para organizaciones políticas, de un congreso de la CTM.

“Ligo mi obra a la lucha social”, se lee en la entrada de una sección de la exhibición que está enteramente dedicada al artista mexicano, en la segunda planta. En el primer piso hay, además, obras del propio Méndez y otros grabadores como Jean Charlotte, Fanny Rabel, o Pancho Mora, contemporáneos del grabador fallecido en 1969.

Se exhiben más 350 piezas cuya curaduría hilvana un discurso testimonial, conformado en su mayoría por piezas de las Colecciones Carlos Monsiváis, que tienen en su acervo más de 700 obras donadas por el heredero al fallecido escritor.

Con esta exposición, Pablo Méndez entrega “la última adquisición al maestro Monsiváis, aunque él ya no lo supo”. Se trata de un rostro de bronce de su padre, que se exhibe junto a la certificación del Premio Internacional de la Paz que recibió en 1952 en Viena.

“Lo hizo casi en una noche y días después fuimos al puente de Tlatelolco, para recibir esa marcha de mujeres, hombres, niños a pie desde Coahuila, ya andrajosos, que venían con muchos banderines de ese cartel”, relata el vástago. Ésa era la lucha social a la que aludía Lepoldo Méndez y que se podrá apreciar en el Museo del Estanquillo hasta el 31 de agosto.

“Hablar de quién influyó a Leopoldo sería muy aventurado; él se influyó por todo el arte universal. Creo que sí era un hombre justo, que nunca intentó copiar, pero si uno le busca, puede encontrar ciertas semejanzas con algún grabado de Goya o de Doré”, admite.

“Creo que estuvo influenciado del sentir mexicano”, concluye frente al autorretrato de su padre hecho por solicitud del Instituto de Arte de Chicago en los años 50, en el cual reproduce símbolos patrios nacionales, como el águila y el nopal.