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libreta de apuntes

El tino pelea con el canon

Ya va siendo tiempo que al Premio Nobel de Literatura se le quite el celofán de la solemnidad. Poca seriedad debiera tenerse ante una tradición que no celebró a Borges, a Cortázar o a Yourcenar, por citar tres pesos pesados de las letras.
Mauricio Mejía
13 octubre 2016 22:57 Última actualización 14 octubre 2016 5:0
Los conservadores del canon se desgreñan ante la grosería de licenciar al cantante del folklore estadounidense. (AP)

Los conservadores del canon se desgreñan ante la grosería de licenciar al cantante del folklore estadounidense. (AP)

Ya va siendo tiempo que al Premio Nobel de Literatura se le quite el celofán de la solemnidad. Hasta ayer parecía una Liga Premiere de aspiraciones en la que competía más el glamur del premiado que la sustancia de la obra festejada. Es el único diploma de la familia (física, medicina, química...) en el que todos pueden opinar, juzgar y calificar la legitimidad del galardonado. Fulano lo merece. Perengano nunca. Y Mengano quizá.

La autoridad del blasón no radicaba en la calidad o trascendencia del escritor o poeta; aquí sólo escritores y poetas, club de gran reserva. Poca seriedad debiera tenerse ante una tradición que no celebró a Borges, a Cortázar o a Yourcenar, por citar tres pesos pesados de las letras. Unánimes.

Lo paradójico es que cuando la Academia se pone jeans y se suelta el pelo, los conservadores del canon se desgreñan ante la grosería de licenciar al cantante del folklore estadounidense, al que no pueden ver en el mismo pedestal que a Mann, Neruda y Paz, ellos sí dignos merecedores del máximo galardon de las letras. La discusión es baladí.

Ultimadamente el jurado tiene la privilegiada posibilidad de aplaudir a quien le venga en gana, sea poeta, reportero (como la Aleksiévich, el año pasado; ah, el periodismo es hermano de la literatura), escritor o jefe de Estado, como el también criticado Winston Churchill.