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BUENA VIDA

El Rolex de las cafeteras

Considerada como el Rolex de las máquinas de café, una cafetera Jura consigue el sueño de un sibarita: la taza perfecta. Los precios de estos codiciados aparatos oscilan entre los 15 y los 100 mil pesos.
Myrna I. Martínez
27 marzo 2014 21:0 Última actualización 28 marzo 2014 5:0
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Una cafetera Jura doméstica cuesta hasta 48 mil pesos. (Cortesía)

Una cafetera Jura doméstica cuesta hasta 48 mil pesos. (Cortesía)

La mano del barista experto es sustituida por el dedo que oprime el botón de una cafetera Jura, considerada por Forbes, el Rolex de las máquinas de café.

Los modelos de la empresa fundada en 1931 han cosechado premios internacionales por su diseño y por elaborar lo que un sibarita busca: la codiciada taza perfecta.

“Es el Rolex de las cafeteras porque alcanza la estatura de una joya, en tecnología, operación y elaboración de tazas”, dice en entrevista David Babani, director de Grupo Babani, que desde 1997 distribuye los productos Jura.

También por el precio, se podría hacer una analogía con los relojes de lujo, una cafetera doméstica cuesta entre 15 mil y 48 mil pesos; la industrial entre 35 mil y 100 mil pesos. Pero a corto plazo es una buena inversión, porque el costo de una taza es de 2.50 pesos, mucho menor que el de la realizada con una de cápuslas (cada una vale entre 11 y 13 pesos).

Para David Babani, con 40 años en el mundo del aromático, la línea con la mejor tecnología para llevar “el grano a la taza” es Jura, por su sistema de molido de café, hidrocompresor y calentamiento de agua, además de contar con una tarjeta electrónica inteligente que coordina todo el proceso, incluso, guía al usuario en la creación de 27 recetas programadas.

Este martes se presenta en el Museo Franz Mayer toda la línea de productos que se distribuyen en el país, incluyendo los nuevos modelos.

“Dicen los italianos que hacer un expreso equivale a una obra de arte, y para eso se necesitan las cuatro ”M”: mezcla, no hay buena taza sin un buen café; molido, si no se regula bien, se puede echar a perder; máquina, que sea congruente con la calidad del grano, y la mano del barista, que los suizos cambiaron por un dedo”, concluye Babani.

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