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CULTURAS

El postpunk se conjuga
en presente

Iconos del postpunk británico, Andy McCluskey y Paul Humphreys, de Orchestral Manoeuvres in the Dark, y Tim Butler, bajista fundador de The Psychedelic Furs, explican por qué la potencia de una de las últimas vanguardias del rock está de vuelta.
María Eugenia Sevilla | Eduardo Bautista
02 agosto 2017 0:45 Última actualización 02 agosto 2017 5:0
Post Punk

(Especial)

AGÉNDALO 
Qué? The Psychodelic Furs
¿Dónde? El Plaza Condesa. Tamaulipas esq. Juan Escutia, Condesa, CDMX.
¿Cuándo? Jueves 3 de agosto, 21:00 horas

Tim Butler, / P. Furs

El miedo, el enojo y la sombra del desempleo están de vuelta en el Reino Unido, como en los 70, pero ahora la música no parece jugar un papel como entonces...

___Así es, y todo ha derivado en el Brexit, que fue una mala idea. La gente que tenga que dejar la escuela va a estar desempleada; deberíamos aprender de los errores, pero estamos lejos de hacerlo.

___¿La música ha dejado de ser un vehículo de rebelión?

___Creo que en los 70 el punk era un medio para expresar el enojo de los jóvenes por la situación económica y el desempleo; en los 80 esto se suavizó, se siguió suavizando en los 90 y así hasta ahora; a mediados de los 70 se necesitaron unos Sex Pistols para darle una patada en el trasero al asunto y que todo comenzara, Nirvana lo volvió a hacer a finales de los 80, pero ahora se necesitan otros Sex Pistols u otro Nirvana para despertar de nuevo.

___¿Del impasse que comenzó en los 90? ¿La tensión creativa murió con el fin de la Guerra Fría?
___Muchas cosas llegaron a un final entonces. Había menos por qué luchar. El estándar de vida en general mejoró. Cuando los Furs nacieron (Londres, 1977) había mucho desmpleo y muchos jóvenes en el desamparo, pero la juventud de los 90, como la de ahora, tiene ya todo ahí, en orden, no tienen que luchar por nada, para empezar. Por eso a finales de los 70 y principios de los 80 había este espíritu hardcore de, si quieres algo, tienes que conseguírtelo.

___Y lo que vemos en el siglo XXI es el retorno de estas bandas que fueron una de las últimas vanguardias del rock y que se separaron en los 90, ¿estamos en la nostalgia por la era en la que aún había novedad?
___Creo que la gente está recuperando a las bandas de antes porque musicalmente no hay nada ahí que emocione. Mucha de la música que hay es estéril, en cambio, del punk hasta los 80 hubo una mayor diversidad. Después de la música electrónica, los DJ’s y eso, creo que la gente tiene ganas de volver a ese tiempo en el que la música tenía un sentido lírico. Las letras son importantes porque te hacen pensar en otras cosas que el romance, pueden hacer conciencia de lo que sucede alrededor.

___¿Cómo recuerda a la distancia vivir en la era Thatcher?
___En casa fue una buena época. Mi papá era científico y le encantaban Bob Dylan, Edith Piaf... Tuvimos una formación musical digamos bastante ecléctica hasta nuestra juventud...

___Qué fue cuando surgió el punk, pero ustedes nunca se identificaron musicalmente con él...
___Cuando el punk, cuando la banda comenzó, estábamos buscando algo distinto, algo más que estos tres acordes con letras nihilistas... Estábamos más influidos por Roxy Music o The Velvet Underground, así que cuando integramos la banda sí nos gustaba la energía y la agresividad del punk, pero nos interesaba que la composición fuese más sofisticada. Tomamos la energía de los Sex Pistols, pero con la influencia de estas otras bandas y creamos un estilo propio que fue como el puente que se extendió entre el punk y lo que se llamó rock alternativo o new wave.

___Aunque son una banda de sonido más suave, sus letras están cargadas de ironía y acidez... ¿Compartían el enojo del punk?
___Sí, claro. En aquel tiempo los niños y adolescentes tenían que dejar la escuela, los jóvenes padecían el desempleo y había este sentimiento de desesperanza que expresaban formando bandas y siendo rebeldes, tratando de salir de la depresión y la pobreza...

___Y ustedes, ¿cómo experimentaron la depresión?
___Cuando formamos la banda mis hermanos, Richard (...) y yo fuimos a ver a los Sex Pistols en el 100 Club en Londres. Yo había tenido que dejar la escuela durante un año y estaba desempleado, y Rich había hecho estudios en la escuela de arte, pero no pudo realizarse en eso así que, después de ese fracaso, me dijo que si formábamos una banda y le dije sí, pero estoy desempleado. ¿Qué quieres tocar?, me preguntó. Yo quería la batería, pero no tenía dinero para una, así que me conseguí un bajo. Y aquí estamos.

___¿Qué los hizo reunirse?
___A principios de los 90 estábamos cansados de ser los P. Furs, muy desgastados por la presión de las disqueras, así que Rich y yo formamos Love Spit Love en 1992, pero en el 2000 se nos acercó nuestro agente de los 80 y nos propuso reunirnos, y quisimos ver si se volvía a encender la chispa.

Salimos de gira con los B-52 y las Go-go’s y volvimos a sentir la pasión por esas canciones, el orgullo de ser los P. Furs, porque sí influimos a muchas bandas de los 90, que nos hicieron muchos covers. Fue muy agradable ver que la gente nos recordaba y tocar sin la presión de agradar a una disquera. El año próximo lanzaremos nuestro primer álbum desde la reunión; será bajo nuestros propios términos y de forma independiente por primera vez.


Andy McCluskey y Paul Humphreys / OMD

Su último álbum se titula The Punishment of Luxury (El castigo del lujo). ¿La noción de riqueza fácil es la condena como civilización capitalista? ¿Cuál es el verdadero castigo del lujo?
___Andy: El verdadero castigo es creer que no puedes ser feliz si no tienes una televisión grande. La verdadera condena es creer que no puedes admirar la belleza de tu mujer sólo porque no tiene curvas. O que no puedes hacer feliz a tu hijo porque no le puedes regalar el último Xbox.

La tecnología ha provocado que la humanidad tenga una relación complicada con su vida. Mucha gente que hoy tiene trabajo mañana no lo tendrá porque la tecnología habrá suplido sus funciones. Las máquinas y el hombre han convivido siempre, pero lo que viene será interesante. Las estadísticas han mejorado en el mundo occidental: hay menos pobreza, menos hambre.

Pero el problema es que ahora nos preocupamos sólo por consumir. Las corporaciones han sustituido a las grandes ideologías como la religión, la política o la realeza. Y no es que éstas estuvieran bien, pero el mundo contemporáneo vive en función del dinero. Nuestro álbum es una crítica hacia esta idea corporativa de la vida.

El sistema tendría que preocuparse por asuntos como el combate a la pobreza extrema, el cambio climático o la generación de vidas dignas para los trabajadores. The Punishment of Luxury es un ejercicio crítico y consciente de todo ello.

___¿Qué piensan sobre el Brexit?

___Paul: Es un desastre absoluto.
___Andy: Sí, mentirosos diciéndole mentiras a gente asustada. En Inglaterra los políticos han aprendido a decir mentiras y a utilizar una propaganda maquiavélica para difundir temor.

___¿Está en peligro la multiculturalidad que tanto ha caracterizado a la Inglaterra en la que crecieron?
___Paul: Es posible. Pero ciudades como Londres son una burbuja. La mayoría de los londinenses votaron por quedarse, pero esa actitud no representa la totalidad de la situación política del Reino Unido. Algo similar sucedió con Donald Trump en Estados Unidos, donde las grandes ciudades al final quedaron como eso: como burbujas que no reflejan la realidad de un país.

___Andy: Hay muchos británicos, sobre todo adultos, que vislumbran el futuro de nuestro país con desesperanza. No podemos negar esa realidad.
___Paul: Esa es la misma gente que de pronto se pregunta: “¿Dónde está mi Inglaterra de 1950 o 1960? ¡Qué basura!”. Entendemos que vivan temerosos, pero al final son estas personas viejas las que están tomando las decisiones por toda una nación. Se quedaron en el pasado, queriendo mantener una idiosincrasia que ya no existe. Y no se dan cuenta que ponen en peligro a las nuevas generaciones que han crecido en un contexto mucho más cosmopolita y globalizado. Lo que está en riesgo son los jóvenes.

___Es interesante ver cómo millones de personas bailan su música de manera tan frenética, específicamente Enola Gay, que refleja las atrocidades de Hiroshima y Nagasaki. ¿De verdad se debe seguir bailando ante la tragedia?

___Andy: Podríamos hablar horas sobre este tema. Desde que comenzamos, quisimos escribir canciones que nos importaran como músicos, que nos conmovieran como seres humanos. Confesaré algo: tenemos una fascinación muy extraña por la guerra. No porque nos guste o porque la amemos, no, sino por un asunto moral, meramente humano entre el bien y el mal. Enola Gay es un dilema moral clásico: ¿matarás a 140 mil personas para salvar a 5 millones? ¡Discutamos! Y lo hicimos.

Al final esa pregunta nos movió algo. Y la hicimos pop. ¿La bomba atómica fue un acto moral? Quizás lo fue. Cuando la humanidad vive una guerra, los valores se invierten. Es un proceso natural. La violencia siempre pondrá a la civilización en jaque. Siempre.

___Paul: Tocar esa canción en Japón fue impresionante, uno de los mejores momentos de nuestra carrera. Verlos bailar Enola Gay es indescriptible, mágico.

___En su canción Kiss Kiss Kiss Bang Bang Bang vuelven al tema de la guerra, pero ahora de una forma más sombría y abstracta...

___Andy: Fue una canción mal construida en un principio, sin instrumentos. La produjimos y editamos en el estudio de Paul, que es impresionante. El mío es una mierda. Pero cuando comenzamos a trabajarla nos dimos cuenta de que era tan minimalista que conectaba perfectamente con el contexto.

La letra fue una asociación libre entre nuestro trabajo y el momento geopolítico en que vivíamos, cuando la Guerra Fría llegaba a su fin. Sin embargo, la retomamos porque descubrimos que sigue vigente: han vuelto los líderes mundiales déspotas —cuyos nombres no vale la pena mencionar— que tienen el dedo sobre el botón rojo para poder presionarlo y provocar caos en cualquier momento. El miedo ha regresado. Y nos tiene atemorizados. Pero sobre todo muy enojados.