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El poeta y la mar del Sur

Las casas de Pablo Neruda en Isla Negra, Valparaíso y Santiago mantienen el aroma de sus versos. El Pacífico es "tan grande , desordenado y azul, que no cabe en ninguna parte", escribió el Nobel chileno en uno de sus textos. "Por eso lo dejaron frente a mi ventana", afirma.
AP
11 mayo 2015 21:20 Última actualización 11 mayo 2015 21:30
En Isla Negra, su casa está construida sobre un acantilado rocoso a la orilla del Pacífico. (AP)

En Isla Negra, su casa está construida sobre un acantilado rocoso a la orilla del Pacífico. (AP)

ISLA NEGRA, Chile.- La turista brasileña Cristiane Stekel está de pie junto a la cama del poeta chileno Pablo Neruda, miraba las olas del mar bravo por la ventana. La cama está colocada de manera tal que el sol sale por su cabecera y se mete por sus pies.

El poeta ganador del premio Nobel vivía fascinado con el océano pero prefería ser un “marinero en tierra” al incorporar detalles como la cama perfectamente colocada en su casa favorita en el pueblo costero de Isla Negra, a unos 110 kilómetros al oeste de Santiago de Chile.

“No hay forma de no inspirarse y producir grandes poemas con esta vista maravillosa”, dijo Stekel, de 35 años, abogada y admiradora de la poesía de Neruda. “Yo conocía su obra, pero ahora puedo conocer su historia mejor porque parece que todavía está vivo en esta casa”.

A más de 40 años de su muerte, los poemas de amor de Neruda y su vida aventurera inspiran y atraen a cerca de 400 mil visitantes anuales de todo el mundo a sus tres casas.

En Isla Negra, construida sobre un acantilado rocoso a la orilla del Pacífico, los turistas pueden asombrarse con su gran colección de mascarones de barcos, mapas antiguos, compases y conchas de todos los tamaños.

Sus otras dos casas con temas náuticos, en el puerto de Valparaíso y en la capital, Santiago, tienen techos bajos, ventanas hechas con claraboyas de barco y un montón de recuerdos.

La entrada principal de Isla Negra tiene conchas y caracoles en el piso que el Nobel recogió de la playa. El poeta bromeaba con los visitantes y les decía que estaban ahí para darles un buen masaje de pies.

Los vitrales fueron elegidos por Neruda para que pudiera ver el mar de diferentes colores. En Una casa en la arena, un libro dedicado a Isla Negra, escribe sobre una “musa” en la sala: María Celeste, un mascarón de roble de un bote que navegaba el río Sena en París. El poeta decía que la musa lloraba durante el invierno.

“En mi casa he reunido juguetes pequeños y grandes, sin los cuales no podría vivir”, contó Neruda en sus memorias. “El niño que no juega no es un niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta”.

Neruda, cuyo nombre verdadero era Neftalí Reyes Basoalto, nació en 1904 en Parral, una ciudad del centro de Chile. Cambió su nombre para ocultar su escritura a su padre, un trabajador de ferrocarril, que no estaba de acuerdo con que escribiera.

A los 69 años, cuando padecía de cáncer de próstata, Neruda se vio traumatizado por la persecución a sus amigos y planeaba exiliarse, pero murió bajo circunstancias sospechosas a 12 días del golpe militar.

“La vigencia de Neruda es muy importante. Tiene la fuerza de su poesía, la connotación política y el hecho de su muerte después del golpe militar, todo eso creo una leyenda”, dice Fernando Sáez, director de la Fundación Neruda.

El escritor eligió la ubicación de su casa en Santiago porque la naturaleza que la rodea le evocaba su infancia en el sur de Chile. La llamó “La Chascona”, o desaliñada en quechua, en referencia al cabello rizado de Matilde Urrutia, una amante que se convirtió en su tercera esposa. En una de sus paredes hay un retrato de Urrutia del mexicano Diego Rivera, que incluye la silueta de Neruda en su cabello.

La casa de Neruda en Valparaíso se llama “La Sebastiana” y está sobre un cerro tan empinado que los visitantes tienen que llegar por unas escaleras. La edificó con la idea de tener un “lugar tranquilo para escribir” con vista al mar en todas las direcciones, incluso en las ventanas de su baño con azulejos verdes, blancos y azules.En ella está su primera máquina de escribir, un retrato del poeta estadounidense Walt Whitman, al que consideraba su padre literario, y “la nube”, su silla favorita para ver al mar.

El océano Pacífico es “tan grande, desordenado y azul que no cabía en ninguna parte”, escribió en alguna ocasión. “ Por eso lo dejaron frente a mi ventana”.