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CULTURAS

El 'playlist' mató a la estrella de radio

La llegada del iPod y la música en 'streaming' acabaron con la presencia del locutor en la radio mexicana. Martín Hernández, de la ex WFM, asegura que "todo estaba muy estable en todos los grupos radiofónicos, el negocio funcionaba y no le movían". 
María del Refugio Melchor
05 febrero 2015 20:23 Última actualización 06 febrero 2015 5:0
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“Homicidios”, contesta con esa voz inconfundible. “Siempre quise hacer eso”, dice Martín Hernández con el desenfado que lo hizo famoso en los 80, cuando tenía a la audiencia juvenil pegada a la bocina para gozar sus ocurrencias, con la complicidad de Alejandro González Iñárritu y Charo Fernández en WFM.

Fue una época de esplendor para la radio, que tres décadas después decayó con la llegada de las nuevas tecnologías, que desplazaron a las estrellas del micrófono en las emisoras de música.

Recién nominado a los premios Oscar, entre otros, por la edición de sonido de la película Birdman, Martín Hernández recuerda los tiempos que marcaron a una generación.

“Tuvimos la suerte de probar algunas ideas que solamente se habían dejado de ejecutar. No inventamos nada nuevo; la radio es un oficio antiguo donde las reglas existen desde hace muchos años. Cuando empezamos a trabajar estaba todo muy estable en todos los grupos radiofónicos, el negocio funcionaba y no le movían”, recuerda Hernández, quien refiere que los primeros sorprendidos por su éxito fueron ellos mismos. Entonces rondaban los 20 años.

“La gente fue paciente -empezando por nuestro jefe que no nos corrió de manera inmediata-, luego la audiencia respondió. De todos los días ir a trabajar, algo bueno pasa eventualmente”, añade el hoy cotizado sonidista cinematográfico.

En realidad esa revolución radiofónica inició un poco antes de que se encumbrara WFM, afirma otro icono de la época, Luis Gerardo Salas, quien abrió brecha en Rock 101, de Grupo Radio Mil.

“Cambiamos la forma de hacer la radio en México”, sostiene. “Salimos en julio de 1984, al año siguiente apareció WFM: fue el yang y nosotros el yin. Se dio una competencia por la creatividad, muy divertida, que ayudó a que se diera ese boom de los 80”, explica Salas.

Inspirado por la radio que se hacía en el norte de Estados Unidos (Nueva York y Minnesota), en España e Inglaterra, el joven de 21 años propuso un nuevo proyecto que tuvo luz verde, con la salvedad de que si no funcionaba en ocho meses se cancelaría.

El éxito fue inmediato porque había una necesidad que cubrir. “Las estaciones de radio estaban muy aplatanadas, eran hechas por gente muy adulta no precisamente por la edad sino por la forma de pensar, que no transmitían la necesidad que yo veía en la calle, tanto musicalmente como de lenguaje”, recuerda Salas.

Era una época de transformación en la industria radiofónica. Se estrenaba la Frecuencia Modulada (FM) y con ella la alta fidelidad, que mejoró la experienca del escuha. En esa coyuntura creció una generación que encontraba riqueza tanto en la música en inglés, que vivía una efervescencia con los movimientos post punk, como en español, con la movida madrileña y su impacto en América Latina: el rock en tu idioma.

En 1988, Rock 101 organizó el primer concierto multitudinario, con Miguel Ríos, que reunió a 40 mil fans en la Plaza México. El país se abría así a la industria de los conciertos masivos, poniendo fin a la persecución juvenil que marcó los 70. Pero en los 90 todo cambió.

“Justo en 1990 fue el último año en donde en México tuvo preponderancia la AM Amplitud Modulada sobre la FM, que ganó más audiencia el FM porque era más accesible conseguir un radio, y los estéreos de los coches ya la sintonizaban, y la calidad de transmisión era mucho mejor”, detalla el locutor, quien todavía se mantiene al aire por Internet con Rock 101 online.

Pero el negocio le ganó a la creatividad, la banda de FM se convirtió en un talk show y los sueños juveniles se disiparon, lamenta. Salas. “La industria radiofónica dejó de arriesgar porque aseguraron con sus noticiarios contratos que venían del gobierno, de partidos políticos, de otros intereses financieros que les aseguraron muy buenas ventas, y dejaron de crear nuevos productos, nuevas ideas”.

“Ahora se busca quien sea complaciente con el establishment en vez de buscar a alguien persuasivo que conecte ideas con los jóvenes, a tal punto que hoy es muy similar a lo que sucedía hace 30 años. Ahora se tiene Spotify, Internet, como antes se tenían los cassettes grabados en Inglaterra y Estados Unidos”, analiza Salas.

Martín Hernández tiene su propia teoría: asegura que las nuevas generaciones fueron seducidas por la tecnología y viven de una forma acelerada. “A pesar de que tenemos aparatos mucho más rápidos y más acceso a todo, queremos pronto lo que sigue”.

Los jóvenes que ahora encabezan la radio musical admiten que estrellas del micrófono de la talla de aquellos, ya no existen.

“Ellos eran rock stars, cobraban muy bien porque estaban en estaciones privadas muy fuertes, ahora tenemos problemas de presupuesto y formamos a nuestros propios locutores”, comenta Manuel Venegas, coordinador general de Radio Ibero. De 28 años, Romina Pons, directora de Reactor 105, del IMER, considera que la ausencia de locutores de alto impacto se debe a que los anteriores no dejaron escuela. “Nunca se pasó la batuta, se hicieron personalidades muy grandes, y no enseñaron a los de abajo”.

Ambos comunicadores consideran que las voces de hoy carecen de fuerza porque se vive otra realidad: las formas de consumo musical han cambiado con los dispositivos móviles, las descargas y la escucha vía streaming. La función de guía para descubrir música que en otro tiempo ocupó el locutor, hoy la realizan las computadoras.

“Ahora Spotify tiene un sistema de recomendaciones, tú le das me gusta a una banda y solito te genera sugerencias afines al artista”, dice Venegas.

“Antes la única forma de conseguir música nueva era en la radio, hoy en día somos una de mil opciones”, acota Pons. “Ser locutor ahora es tener un empleo como cualquier otro”.