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CULTURAS

El pequeño 'Chakespeare'

La "CH" fue siempre la bandera de los personajes de Roberto Gómez Bolaños. La historia de esa letra proviene desde los años 60, cuando el cineasta Agustín P. Delgado lo bautizó como "Shakespearito". 
Myrna Martínez
29 noviembre 2014 14:52 Última actualización 29 noviembre 2014 15:9
Chespirito es uno de los comediantes más reconocidos de América Latina. (Tomada de Twitter)

Chespirito es uno de los comediantes más reconocidos de América Latina. (Tomada de Twitter)

Roberto Gómez Bolaños no aspiraba a ser un pequeño Shakespeare, pero así lo nombró el director de cine Agustín P. Delgado tras leer uno de los más de 20 guiones que escribió para las cintas de Capulina.

Sin querer queriendo, cambió SH por la CH, se autonombró Chespirito y le dio al lenguaje popular latinoamericano un sin fin de adjetivos y frases que durante 40 años a la gente le siguen chispoteando de la boca.

Chespirito no cuenta con una palabra avalada por la Real Academia Española, como el cantinflear de Mario Moreno Cantinflas, pero no contaban con su astucia y a millones de personas les sigue dando la chiripiorca, amenazan con el chipote chillón, se toman una fuerte dosis de chiquitolina y pronuncian con sorpresa chanfle, rechanfle y recontrachanfle.

La CH se convirtió en el emblema de sus personajes: Chaparrón Bonaparte, Chómpiras, Dr. Chapatín, El Chavo, Chapulín Colorado, pero las tragedias de este pequeño “Chakespeare” distaban mucho de acercarse a las del isabelino, satirizaban a una sociedad de familias disfuncionales, niños de la calle, rateros, gente abusiva. Su humor no permitía palabras altisonantes con CH.

En una entrevista realizada por Katia D’Artigues para Gatopardo en 2001, el escritor confesó tenerle envidia a Juan Rulfo, porque con dos libros logró tanta fama y a él le costó 60 mil cuartillas.

Pero ni Rulfo ni nadie sospecharía desde un principio que durante décadas la sociedad seguiría tomando las cosas por el lado amable, tratando de que no panda el cúnico, haciendo las cosas sin querer queriendo y detectando enemigos con las antenitas de vinil.

El programa Chespirito, transmitido con algunas interrupciones de 1970 a 1995, llegó a ser visto por más de 300 millones de personas a la semana, impacto que pocos escritores y creadores, con o sin astucia, consiguieron.

La tarde de ayer, el Chapulín Colorado accionó su chicharra paralizadora, los países de habla hispana se quedaron estáticos. ¿Y ahora quién podrá defendernos?, claman los chómpiras mientras les da la chiripiorca.