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CULTURAS

El Parkinson no detiene a Leopoldo Flores

El artista plástico mexiquense Leopoldo Flores es un ejemplo de pasión y dedicación; pese a su enfermedad continúa trabajando en obras monumentales. "El arte no tiene límite", asegura. 
María del Refugio Melchor
04 diciembre 2014 21:32 Última actualización 05 diciembre 2014 5:0
Leopoldo Flores frente a la creación de su obra monumental.

Leopoldo Flores frente a la creación de su obra monumental.

TOLUCA.-  A sus 80 años no pierde la creatividad. Ni siquiera la enfermedad de Parkinson, con la que ha batallado por una década, le impide continuar con su labor artística. Postrado en una silla de ruedas, Leopoldo Flores acude puntualmente al museo, donde traza a mano el vitral que se colocará en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM), que comisionó el trabajo. Será el segundo más grande de América Latina; el primero, también es suyo.

“Éste trata sobre los cuatro elementos: aire, agua, fuego y tierra”, dice con voz apagada. Una lágrima resbala por su mejilla, el pulso no deja de temblarle, pero una vez que cobra fuerzas insta a su ayudante, Alfonso Sánchez, para que lo conduzca a continuar el trabajo. Sobre una superficie de 30 metros de largo cubierta por papel se erigen tres figuras humanas gigantes.

El artista se vale de una garrocha para hacer sus trazos, que serán la base para ensamblar un gran rompecabezas hecho de vidrios importados, de las más diversas tonalidades. Las piezas se montarán en un esqueleto de hierro forjado. En el proceso participan 16 artesanos, que tardarán más de un año en terminar la obra.

“Lo que ve es el primer trazo, yo hago todo el diseño, pero en realidad el que usa el color en el vidrio es el compañero”, dice apuntando hacia a Alfonso, como él le llama a quien literalmente es su mano derecha. No tiene muchas ganas de conversar, parece que quiere guardar el resto de sus energías para continuar su trabajo.

Con una trayectoria de más de seis décadas en la creación plástica, Leopoldo Flores Valdés es un artista acostumbrado a realizar obras monumentales. Uno puede admirar Aratmósfera cuando se aproxima a la UAEM, que embellece el Cerro de Coatepec y las graderías del Estadio Alberto Chivo Córdoba.

Los Elementos se extenderá entre los arcos de la Facultad de Ingeniería de la UAEM, sobre una superficie de 300 metros.
“Llevo trabajando como dos meses en el trazo, trabajo muy rápido después de que hemos pintado”, afirma el artista.

“Todo se hace absolutamente a mano. Al entrar la mano del hombre para forjar el metal creamos arte”, comenta Alfonso, el hombre que encabeza el equipo de artesanos. Es una tarea titánica que requiere paciencia, gran cálculo y mucha dedicación, advierte quien también fue el encargado de realizar la parte final del Cosmovitral -cuya temática es el viaje del hombre en un ciclo cósmico-, en 1990. Desde entonces ha acompañado a Leopoldo Flores en todos sus proyectos.

Una vez que se tenga la estructura que dará soporte a la pieza y que forma parte del diseño que se trazó en papel en tamaño real, entrará el color. Cada una de las piezas de vidrio será cortada al tamaño exacto.
“Ese cristal no se produce en México, todo viene de Inglaterra, Corea, Alemania, Francia, Japón y Estados Unidos”, precisa Alfonso. Aún no saben cuántas piezas se requerirán, pero serán miles.

En el Cosmovitral, que es cinco veces más grande, se emplearon medio millón, de 28 colores. Para tener una idea del costo de una obra como ésta, Alfonso explica que un color básico se cotiza en 900 pesos y un color primario alcanza los mil 600 pesos por una hoja que mide 1.10 metros por 60 centímetros.

Leopoldo Flores espera que no sea el último vitral que realice. “¿Hasta cuándo? Hasta que se pueda, nada más. El arte no tiene límite, siempre está delante de todo en todas las materias”, se despide bruscamente. Le urge volver a su lienzo monumental, como su empeño.

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