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CULTURAS

El novelista que conquistó a Vargas Llosa

El escritor peruano Mario Vargas Llosa aseguró hace poco que, lo más interesante que ha leído últimamente, es la novela "Contarlo todo", de su compatriota Jeremías Gamboa, quien habla de su libro en EL FINANCIERO. 
Rosario Reyes
12 febrero 2014 22:26 Última actualización 13 febrero 2014 5:0
Jeremías Gamboa conquistó a Vargas Llosa con su libro "Contarlo todo". (Cortesía)

Jeremías Gamboa conquistó a Vargas Llosa con su libro "Contarlo todo". (Cortesía)

Confundido entre el público, Mario Vargas Llosa acudió en diciembre pasado a la presentación de "Contarlo todo" en la Feria de Guadalajara.

Ahí, el premio Nobel de Literatura declaró que la novela del periodista peruano Jeremías Gamboa era lo más interesante que había leído últimamente. La obra, claro, se convirtió en un éxito de preventa (una estrategia poco común en el mercado editorial, reservada para best sellers) y al autor se le calificaba como “un escritor famoso antes de publicar un libro”, a pesar de que "Punto de fuga", una entrega de cuentos, apareció en 2007. "Contarlo todo" acaba de salir en México bajo el sello Mondadori, en su contraportada Vargas Llosa escribe: “Un escritor perfectamente dueño de sus medios expresivos, que sabe concentrarse en lo esencial, que es siempre contar una historia bien contada”.

La Lima narrada por Vargas Llosa o Bryce Echenique aparece en la primera novela de Jeremías Gamboa, escrita en un periodo de cinco años, luego de que el autor decidiera dejar de ejercer el periodismo a tiempo completo y dedicarse a la literatura. Su mirada sobre la capital peruana, ha declarado, tiene una especie de intimidad y es el telón de fondo de una década en la vida de Gabriel Lisboa, que comienza como “un adolescente que tiembla al unir palabras y que termina con él mismo convertido en un adulto capaz de escribir con una urgencia y una determinación excepcionales el gran relato de su vida”, escribe Gamboa.






“Dedicarte a hacer lo que te gusta, lo que te emociona, te hace feliz, es probablemente una de las razones más importantes para vivir en bienestar, para sentir que la experiencia vale la pena, que el día siguiente es rico para vivirlo y en ese sentido, es súper importante la vocación”, dice el autor en entrevista telefónica desde Lima, a propósito de su propia experiencia y de la trama de su primera novela.


Claramente su vocación es la literatura, pero llegó a ella después de pasar por el periodismo, que “te de las herramientas para el decir, el contar, pero no te conecta necesariamente con una forma de mirar, la observación que finalmente es el estilo. Julio Ramón Rebeyro, un poco apoyándose en Marcel Proust (el escritor francés), decía que el estilo es una manera de mirar. El periodismo te enseña a escribir y te enseña a contar, pero no te enseña a mirar en el sentido literario, en el sentido del arte”.

Escrita “desde la dificultad”, la novela es luminosa, esperanzadora, emocionante, narra aquello que, según su protagonista, no es algo fuera de lo común, pero resulta que lo que ahí se cuenta es nada menos que la vida, que transcurre vertiginosa mientras el escritor en ciernes se va descubriendo.


“Yo tuve el problema de que no podía escribir, no me salían las cosas bien, me demoré mucho en renunciar, me demoré mucho en general. Cuando me tocó escribir mi primer libro, descubrí que todo el material que había sido hasta ese momento un lastre, se podía convertir en un tema; escribir sobre un tipo que no podía escribir, suena como un trabalenguas pero me di cuenta que mientras no podía hacerlo pasaban un montón de cosas, recordaba 'La tía Julia y el escribidor' (la novela de Vargas Llosa), que es una trama de amor y sin embargo hay momentos en los que Mario, el personaje, quiere escribir un cuento, estaba por empezarlo y le pasaba algo con la tía Julia, eso me interesaba, que fuese un hilo conductor la imposibilidad de escribir, que eso me permitiera incluir una gran cantidad de experiencias que no tienen nada qué ver con escribir, sino con la profesión, los afectos, la amistad. Cuando encontré esa estructura, fue uno de los días más felices de mi vida, tenía la estructura que me permitía contarlo todo; no sabía que se iba a llamar así el libro, pero toda esa limitación se convirtió en un tema y empecé a trabajar en lo que sería mi primera novela”.

Aunque, aclara, “no lo he contado todo, pero da la impresión de que este chico no se calló nada, cuenta cosas muy tremendas que no son muy propias de la literatura latinoamericana que es muy pudorosa. Este chico tiene una actitud con su sexualidad de una desnudez que no es muy común, pero quise que no le ocurrieran cosas a Gabriel que no lo modificaran. A mí me encantaba una novela en la que el personaje se transformara igual que el narrador, casi como una especie de condicionamiento para que el lector también se transformara, se sienta enfrentado a una geografía emocional diferente”.