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CULTURAS

El niño que todos los escritores llevan dentro

Escritores como Adolfo Castañón, Juan Villoro, Sergio Ramírez, Rosa Beltrán, entre otros, recuerdan este Día del Niño los primeros libros que leyeron cuando eran pequeños.
Eduardo Bautista, Refugio Melchor, Rosario Reyes
29 abril 2015 22:29 Última actualización 30 abril 2015 5:0
Libros

Libros

    

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Juan Villoro

    

Juan Villoro

“Leí muy pocos libros de niño. Mi primer contacto con la literatura fue con el pie izquierdo. Tenía 5 o 6 años. En el Colegio Alemán nos daban a leer una serie de cuentos en alemán llamados Historias divertidas, que eran sumamente crueles, sobre niños que jugaban con cerillos y quedaban convertidos en cenizas. A los 12 descubrí a Julio Verne. Me apasionó muchísimo su imaginación de aventuras en lugares remotos y circunstancias extremas. Recuerdo Dos años de vacaciones, un libro magnífico para los muchachos, pues debe ser increíble naufragar y no ir a la escuela dos años. Sin embargo, a los 15 años, en las vacaciones entre la secundaria y la preparatoria, leí el libro definitivo de mi vida: De perfil, de José Agustín. El personaje era idéntico a mí: vivía en un barrio similar al mío y sus padres se estaban divorciando. A partir de ahí comencé a escribir literatura y me convertí en el autor más inculto de la tradición mexicana, pues apenas había leído un libro con el que me identificaba”.

"Hoy, el mejor referente de la literatura infantil es La peor señora del mundo, una novela de Francisco Hinojosa que es también una parábola ética de enorme profundidad. También podría recomendar a Roald Dahl, autor de Matilda y Los gremlins. Me gusta sentirme como niño con la literatura infantil que yo escribo. Escribir para niños es asignarte voluntariamente otra infancia, es una especie de compensación tardía".

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Adolfo Castañón

  

Adolfo Castañón

“Cuando tenía entre 4 o 5 años mis padres nos leían, a mí y a mis hermanas, los cuentos de Oscar Wilde. Sin embargo, el primer libro que leí fue Dioses, tumbas y sabios, de C. W. Ceram, el cual me acercó a la vida y obra de los grandes arqueólogos. Me impactó saber que el pasado existió y tiene pruebas irrefutables. Hasta la fecha ése es un tema que me apasiona. Fue uno de los libros que más me marcó; lo he releído varias veces. Mi padre era redactor de un periódico, por eso en la casa siempre había un espacio para los libros, las revistas y un poco menos para los niños. Leía muchas novelas policiacas y leyendas de China e India. Me fascinaban las tiras cómicas que se publicaban en El Nacional, pero no leía historietas porque para comprarlas tenía que salir, y sólo tenía permiso de estar en la calle para ir a la peluquería”.
    

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Rosa Beltrán

   

Rosa Beltrán

“Lo primero que leí fue una colección de cuentos que incluía historias terroríficas, como la de una geisha de la que se enamoraba un mono que la perseguía. Incluso se posesionaba de sus sueños y amenazaba con matar a su familia si no se iba con él. El cuento terminaba con una vieja vestida de andrajos en una montaña. Muchos años después supe que el autor se llamaba Juchiniro Tanizaki. Forjaron mi adicción lectora estas historias, más aquéllas de terror que mi madre nos contaba sobre lo que podía ocurrirnos si salíamos a la calle -era una narradora extraordinaria, a veces inventaba sus historias y el mundo narrado por ella siempre era mucho más interesante e inquietante que el mundo real. Felizmente tuve acceso a muchos libros, fui una lectora voraz desde niña”.
   

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Sergio Ramírez 

   

Sergio Ramírez

"El primer libro que leí fue una edición ilustrada de Genoveva de Brabante, una leyenda medieval. Recuerdo perfectamente la imagen de esa mujer en una cueva. Creo que las ilustraciones son fundamentales para que los niños se inicien en la lectura. A la primera narrativa que me acerqué fue a la de las historietas cómicas, las radionovelas y el cine mexicano. Los héroes de los cómics fueron muy importantes para mí. Recuerdo que compraba El fantasma y Spirit. En este último había un héroe surrealista como los de James Joyce o Virginia Woolf. Muchos escritores dicen que comenzaron leyendo a Salgari, pero yo comencé oyéndolo en una radionovela llamada Tamakún, el vengador errante, 
transmitida por CMQ, la gran emisora cubana, y traída a Nicaragua por Radio Mundial. Fue hasta los 16 años, cuando leí los cuentos de Chéjov, que comenzó mi aspiración a ser escritor”.
   

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Xavier Velasco

   

Xavier Velasco

“La primera novela que cayó en mis manos se llamaba Aventuras del capitán Jack. Tenía que ver con un malandro que se volvía ladrón y se portaba muy mal. No es un libro lo que me hizo dedicarme a escribir, me dediqué a literatura porque me gustó y a partir de ahí, en los libros empecé a buscar cómo le hacían los otros para hacerlo. Los que escribimos tenemos la costumbre de leer, como las señoras que tejen y voltean las costuras para ver cómo está hecho algo, y por supuesto, cuando a uno le gusta un libro, es un gran estímulo para escribir. Leía mucho a los Hermanos Grimm y muchos cómics de los muy corrientes, empezando por La Familia Burrón. Soy hijo único y como odio aburrirme, así lo arreglaba: me encerraba en el baño por horas y ahí leía”.
    

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Óscar de la Borbolla

   

Óscar de la Borbolla

“Leí muchas cosas, nada apropiado para un niño, pero el niño que fui se sintió muy satisfecho. No siempre la infancia es agradable y cuando uno encuentra en los libros la versión bien dicha de lo que uno padece, se matrimonia con la literatura. Yo era un niño gordo y de lentes al que molestaban en la escuela, y prefería quedarme en casa que salir a jugar. El primer libro que recuerdo es Álbum del corazón, un poemario con versos terribles sobre la carnalidad, el amor y el odio. Mi madre se escandalizaba, igual que mi tía abuela; era monja y me dio sonora cachetada cuando le leí A María la del cielo: ‘Si siempre he de vivir en la desgracia, por qué entonces murió por mi existencia, si no quiere o no puede hacerme gracia, ¿dónde está su bondad y omnipotencia?’”.