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El Mundial parió un triste personaje: el ¡No era penal!

Cuatro minutos para que sonara el silbato. Sólo cuatro minutos que, en virtud de las cualidades relativas del tiempo, se han convertido en 183 días enmarcados por una 'leit motif' que se convirtió en personaje del año: ¡No era penal! El silbatazo en el área se encajó como traición en la espalda mexicana.
Domingo Aguilar Mendiola
28 diciembre 2014 21:58 Última actualización 29 diciembre 2014 5:0
Pudiendo haber liquidado el juego, la mezquindad de defender un gol de diferencia abrió un resquicio para la tragedia. (Archivo)

Pudiendo haber liquidado el juego, la mezquindad de defender un gol de diferencia abrió un resquicio para la tragedia. (Archivo)

Faltaban cuatro minutos para que sonara el silbato. Sólo cuatro minutos que, en virtud de las cualidades relativas del tiempo, se han convertido en 183 días enmarcados por una leit motif que se convirtió en personaje del año: ¡No era penal! El silbatazo en el área se encajó como traición en la espalda mexicana, otra vez el “ya merito” hizo imposible dejar plantados a los fantasmas que cada Mundial esperan puntuales a los cuartos de final, para ofrecer el café más amargo.

La vida de México se vio frente al espejo verde. El futbol se convirtió en una extensión de la Historia, esa suma de acontecimientos en la que, decía Octavio Paz en El laberinto de la soledad, “(...)luchamos con entidades imaginarias, vestigios del pasado o fantasmas engendrados por nosotros mismos. Esos fantasmas y vestigios son reales, al menos para nosotros. Su realidad es de un orden sutil y atroz, porque es una realidad fantasmagórica. Son intocables e invencibles, ya que no están fuera de nosotros, sino en nosotros mismos”. Autogol antes de la patada inicial.

Pudiendo haber liquidado el juego, la mezquindad de defender un gol de diferencia abrió un resquicio para la tragedia: Rafael Márquez se dispuso a quitarle el balón al rival, el pie del mexicano se acercó al del holandés quien, al sentir un ligero contacto, exageró la caída y provocó la sanción de un penal. En segundos la ilusión se derrumbó, Arjen Robben se ganó el odio nacional y encendió el ingenio digital. Aristóteles asociaba la melancolía con la creatividad, y la tristeza originada por la silueta del delantero volador fue el punto de partida para memes, playeras y hasta canciones. No importó el tiro de castigo en contra.

Así nació el ¡No era penal!, de la impotencia ante la marcación de un juez de futbol que, más allá de la cancha, representó la incapacidad para brindar justicia. Analogía del sistema judicial mexicano en el que perdura “el empleo de la violencia como recurso dialéctico, los abusos de autoridad de los poderosos (…) y finalmente el escepticismo y la resignación del pueblo”, como escribió Paz.

Las redes sociales acogieron la catarsis, el enojo tomaba de la mano al chiste y ambos se fundían en imágenes que recordaban la necesidad de reírse de un juego que debe tomarse como tal: Pedro Infante revivió en memes para cantar la injusticia, “el respeto al derecho ajeno no era penal”, dijo Benito Juárez en una imagen, y hasta Juan Escutia se quejó en una plana de monografía: “yo también me tiré y no fue penal”.

En YouTube la canción Pinches holandeses, subida por el usuario dizzymiss, mostraba a una niña que cantaba su enojo por la eliminación de México de la Copa del Mundo. A la fecha lleva más de un millón de reproducciones y respuestas de todo el planeta. Risas y polémica resultaron de la interpretación. Algunos corridos quisieron aprovechar el momento, pero los “productos” en la red suelen caducar casi al instante. El tiempo cura todas las heridas… quién sabe.

No, no era penal, pero Pedro Proença, el árbitro portugués, así lo sancionó y sentenció a la Selección a su habitual cita con los fantasmas. Con la caída. En este caso, la Selección Tricolor estaría perdonada y es que en México, decía José Vasconcelos, se perdona todo menos el éxito.