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El mal en Tim Burton

El director estadounidense ha logrado encontrar luz en la oscuridad y oscurecer la bondad. El mal en Burton se encuentra en lo humano, en el corazón, en el alma o en los riñones de la especie. Así lo consideran expertos en discurso cinematográfico.
Rosario Reyes
26 julio 2017 22:9 Última actualización 27 julio 2017 5:0
Tim Burton

Tim Burton

Pobre Carlo. Huele a pescado. Parece ostra por dentro y por fuera. Nadie lo quiere muy cerca. Tanto así que, mejor, su papá se lo sirvió en la cena, esperando, en el fondo, que el efecto del marisco le permitiera engendrar una criatura menos viscosa. Al Chico Ostra lo enterraron junto al mar, bajo una pequeña cruz para dar sitio a su memoria. Pero al subir la marea, una ola grande y pavorosa borró de otro lengüetazo todo rastro del pobre Carlo. Ya en casa, más de cerquita, el padre dijo a la madre: Bella, hagamos otra faena. Pero esta vez -susurró ella-, pidamos que sea una nena.

De primera vista en este relato (La melancólica muerte de Chico Ostra) se aparece el Mal, con mayúsculas. Pero, en el universo de Tim Burton, este padre caníbal o el fantasma de Beetlejuice, de su cinta homónima, ni siquiera el villano Guasón de su versión de Batman son en esencia malvados en el uso corriente del término. Hace falta ser muy observador para distinguir lo que el director interpreta como punto agonal del bien, en cuyos callejones pueden suceder muchos hechos insospechados.

El mal en Burton (El joven manos de tijera o El jinete sin cabeza) se encuentra en lo humano; en el corazón, en el alma o en los riñones de la especie. Así lo consideran expertos en discurso cinematográfico. Sus creaturas sólo responden a las entrañas de hombres y mujeres, aun cuando se han convertido en fantasmas, por extraño que parezca.

La maldad en el cine de Burton es una especie de epidemia insidiosa y lenta, por la cual -apunta el crítico Daniel Krauze- el rechazo al otro se vuelve contagioso. “Eso es lo que la engendra en Sleepy Hollow, donde el pueblo insiste en mantener un secreto. En otras de sus películas hay un elemento como de ‘pueblo chico, infierno grande’, donde el mal subsiste bajo la superficie y tiene maneras de brotar”, señala el autor de Cuervos.

El mal está oculto y no habita necesariamente en los villanos, agrega Krauze. “O son figuras semitrágicas, o manifestaciones de un mal mucho más hondo, como El Pingüino en Batman, que es el títere de Max Shreck, un personaje que representa la corrupción”, agrega.

El investigador de literatura y cine fantástico Roberto Coria -quien además se desempeña como perito en arte forense en la Procuraduría General de Justicia de la CDMX- coincide en que este cine fantástico deja a los monstruos la ternura y a los humanos la perversión.

Para Burton (originario de Burbank, California) la perversión tiene que ver con la incomprensión, dice el escritor Alberto Chimal. “Es así, al menos en sus películas más destacables, como Betleejuice, El joven manos de tijera, las dos que hizo de Batman, El gran pez o Ed Wood”.

“En Marcianos al ataque -una película injustamente menospreciada, dice el autor de Los atacantes-, Burton plantea que no es tanto el mal en sí mismo el gran obstáculo para los personajes, sino la imposibilidad de los medios de comunicación, los militares y el gobierno, de hacer algo ante la invasión extraterrestre, que al final es vencida casi de casualidad. Esa es su visión del mal: por una parte la intolerancia y por otra, la estupidez”, dice de la cinta en la que los alienígenas salen de la Tierra ahuyentados por las canciones de Tom Jones.

La bondad de lo monstruoso
Roberto Coria explica que, salvo en contadas ocasiones, el monstruo en el cine de Tim Burton es malo. El Pingüino de Batman regresa tiene un grado de maldad que no está asociado con lo monstruoso.

“Si pensamos que monstruo es todo aquello que se sale de la norma, la belleza extrema es una forma de monstruosidad”, sostiene.

En un universo en el que los personajes marginales representan anhelos distintos de belleza y de libertad, dice Alberto Chimal, el mensaje es claro: “Hay que tener cuidado con el rechazo a quien es diferente, porque puede ocurrir que en nuestra propia comunidad surja alguien que lo sea, o que nosotros mismos seamos señalados como diferentes y entonces vamos a ver cómo se voltea esa significación y ese prejuicio que tan fácilmente dirigimos contra otros”.

Esa visión del mal es significativa en la actualidad, agrega el escritor, quien encuentra un paralelismo entre los fallidos intentos de enfrentar a los marcianos invasores de la cinta en la que Jack Nicholson interpreta al presidente de Estados Unidos, y lo que llama “el reparto de farsa, de opereta, de la actual Casa Blanca”.

En su filmografía, concluye Chimal, Tim Burton sí toma posturas morales. Pero es difícil detectarlas, sobre todo desde una visión convencional de cómo se caracterizan lo bueno y lo malo con los recursos del cine hollywoodense.

“Su interés en el aspecto visual, retorcido, extraño, con influencias que van desde el arte decadentista hasta Edward Gorey o el arte sicótico, le debe también mucho a los grandes autores del cine de terror de los años 50 y 60, desde Terence Fisher hasta Roger Corman. Es un autor que vale la pena considerar porque rescata todas estas influencias de la sique, del pensamiento colectivo de su país, décadas antes de que se convirtiera en una moda. Una serie actual, como Stranger things, utiliza estrategias que Burton ya ponía en práctica hace 20 años”, finaliza Chimal.