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El 'Mago Dioz' en el penal de Santa Martha

Presos condenados hasta a 70 años de prisión han encontrado en el teatro una especie de catarsis y autorreflexión. Cuando actúan, salen de las pequeñas parcelas de sus mentes; son libres, aunque sea, por un momento. 
Rosario Reyes
24 marzo 2015 20:28 Última actualización 25 marzo 2015 5:0
El teatro como catarsis en un penal. (FOTO: Eladio Ortiz)

El teatro como catarsis en un penal. (FOTO: Eladio Ortiz)

“Esto no es un cuento de hadas. Es la vida real”. Con estas palabras de Doroteo, el protagonista de El Mago Dioz, se revela Michel Jorge Barrueta Flores, el hombre provoca la ovación que el público brinda tras la puesta en escena. Es un gesto contundente que confirma que éste no es un teatro convencional. El esto es silencio.

La penitenciaria de Santa Martha Acatitla alberga un escenario peculiar. Aquí se encuentran reclusos que purgan condenas hasta de 70 años. Entre ellos puede incluirse a ex integrantes de bandas famosas por su impiedad, como la de los Ríos Galeana y la de Andrés Caletri. El Juan Pablo de Tavira ofrece una posibilidad dramática a quienes actúan bajo su telón: salir de la pequeña parcela de sus mentes. Dijo Nietzsche que “la rejas sólo sirven para los que no saben volar”. Aquí el acto libertario. Todos son presos. También escenógrafos. Y tramoyistas.

Autoridades del penal y artistas del Foro Shakespeare, dirigido por la actriz Itari Marta, dieron forma a este recurso teatral en el que los internos pueden expresarse más allá de los dominios de la ley y la condena.

DE SUEÑOS CON ALAS

Michel sostiene la mirada, desafiante, ante el silencio. Es uno de los tres actores que están en proceso de beneficio penitenciario y, como el resto de sus compañeros en escena, está decidido a dedicarse al teatro, dentro o fuera de la cárcel. “Si me voy fuera, quiero venir el sábado a actuar”, dice en una breve conversación al final del estreno de El Mago Dioz, tercer montaje de la Compañía de Teatro Penitenciario del área varonil, bajo la dirección de Itari Marta y Juan Carlos Cuéllar.

Como epílogo, tras el recorrido por el camino amarillo, Doroteo habla con el público y algunos compañeros de reparto sobre sus sueños. Personajes como el tirano que los obliga a “la pizca infinita de la amapola”, una bruja o un mago, aparecen en el camino de Doroteo, y sus amigos: Mr. Bird, el Gran Actor que desea un cerebro, el Licenciado Platas, que busca un corazón y Leónidas, que quiere ser valiente.

“¿Qué querías ser de niña? ¿Qué eres ahora? ¿En qué fallaste?”, pregunta Doroteo a una mujer del público. Antes de conocer la respuesta, él repite la pregunta al resto de los actores. “¡Artista!”, exclama uno. Y luego, todos: “He sido todo lo que quise ser y terminé siendo lo que no quería”.

Fidel Gómez Pérez, otro recluso en beneficio penitenciario, quien hace unos seis años se integró a la población (luego de 15 en el módulo la zona de castigo), interpreta al tirano de la pizca de amapola. Él se describe como “una pesadilla nuclear”, hasta antes de entrar a la compañía. “Llevo trabajando aquí casi seis años y le he bajado a la soberbia, ya le hago caso a mi familia y donde llego me dicen que traigo buena vibra”, cuenta mientras acomoda sus largas y alborotadas canas.
Al final de el camino amarillo, Doroteo es abandonado por sus amigos, quienes obtuvieron lo que deseaban. Él se encuentra finalmente con Dioz, que resulta ser una mujer. Ella le ofrece salud y riquezas. Cuando se da cuenta que ha matado en su nombre, la rechaza. Le reclama: “En mí está la magia, la voluntad. Yo soy Dios”.

EL TEATRO DE LA VIDA


“Llegué con todos los prejuicios del mundo y muriéndome de miedo, pero también de curiosidad”, cuenta Itari Marta en el Foro Shakespeare, el lugar de la cita para iniciar el viaje con rumbo al penal. “La voluntad humana es el primer obstáculo para cualquier cosa”, diría horas después, frente al público, que pasa lista en el punto de salida y aborda tres peseros sin escalas hacia el oriente de la ciudad, donde se ubica la cárcel.

Al llegar, Mares comparte una romántica historia. Los presos, hombres y mujeres, se comunican con pañuelos blancos. “Si se entienden, los dejan mandarse cartas y si se arma la relación, se casan en el lado femenil o en el varonil”, relata.

El espectáculo comienza desde el transporte, a cargo de dos actores: Israel Godínez y Valeria López. Hace unos años Israel actuaba “adentro”, como dice. Ahora cumple además con una temporada de Las 800 mejores amigas en el Foro Shakespeare, al lado de Javier Cruz e Itari Marta, entre otras invitadas a cada función. Después de cada función, que dura hora y media, los actores acceden a responder las preguntas que les formule el público.

“El teatro nos ha enseñado a ser generosos y sí ha disminuido en nosotros la violencia, nos permite pensar en otras cosas”, dice Gerson, quien actúa en el coro y forma parte del equipo técnico.

El actor Bruno Bichir, asistente a una de las presentaciones, le dijo: “Cada vez que los veo, sueño con ser un actor como ustedes. El proceso creativo que ustedes desarrollan es bastante inusual en México y en gran parte del planeta”.

Hazael Ruiz, subsecretario del Sistema Penitenciario del DF afirma que gracias a la convivencia y a la educación teatral, estos hombres están volviendo a respetarse y a pedir que se les respete, están volviendo a tener niveles de trato digno y humano. Ya lo dijo Mr. Bird: “El teatro no sólo te cambia la vida, es la vida misma”.


La obra


Cita: Sábados 11:30 horas, Foro Shakespeare, Zamora 7, Condesa
Función: 14:00 horas, Teatro Juan Luis de Tavira, Santa Martha Acatitla
Localidad: $200 pesos
Reservaciones: teatroyprision@foroshakespeare.com.
Teléfono: 5553-4642