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libreta de apuntes

El Madrid llega a Milán al pasar sobre una sombra

Pocas veces se ha visto a un aspirante a la final de Europa con tanta cobardía. El conjunto de Pellegrini fue una sombra, una pusilanimidad repartida a lo largo del campo durante toda la serie ante el equipo más experimentado en las finales de la Champions.
Mauricio Mejía
04 mayo 2016 17:27 Última actualización 04 mayo 2016 20:55
Marcelo, dinámico, mantuvo a flote la nave blanca en medio de la calma chicha. (AP)

Marcelo, dinámico, mantuvo a flote la nave blanca en medio de la calma chicha. (AP)

Corazón artificial el del City. Pocas se ha visto a un aspirante a la final de Europa con tanta cobardía. El conjunto de Pellegrini fue una sombra, una pusilanimidad repartida a lo largo del campo durante toda la serie ante el equipo más experimentado en las finales de la Champions.

El único rival que tuvo ayer el Madrid fue su paciencia. A veces parsimonioso, otras atrevido y las más incierto ante el arco de Hart, el compuesto de Zidane luchó una batalla inexistente sobre terrenos imaginarios. Fue un round contra un sparring que no apetecía ningún capricho y no lo movía ningún deseo que no fuera el final del partido en el que nunca estuvo.

El equipo blanco hace maletas a Lombardía para enfrentar, de nueva cuenta al Atlético, que el martes compartió escenario con el Bayern en una de las representaciones teatrales más intensas de la temporada. Apenas exigidos, los merengues lidiarán con el más temperamental de los integrantes de la liga. Milán será testigo de la conversión continua del Dr. Jekyll en Mr. Hyde; las antípodas de la capital española.

Bale, en un desplante de perspectiva, dio el único gesto de gritería en el Bernabéu al minuto 20. Desde la derecha del avance blanco entró en el área y disparó al lado contrario sobre el portero inglés, testigo de cargo del tanto con el que la daga madridista mataba a un City sin aliento ni sangre.

El visitante de anoche mandó un tuit confirmando desgano por la querella. Ni el intermedio provocó reacción alguna en el esquema del chileno (Pellegrini), en el que dejaron solos a Agüero y De Bruyne, siempre perdidos en los contados (con la mano) avances del City. Yaya Touré, pesado, a destiempo y ensimismado, terminó por abdicar en medio del combate.

Cristiano, animoso, fue más vitalidad que peligro. Marcelo, dinámico, mantuvo a flote la nave blanca en medio de la calma chicha. Se repite la final de hace dos años, aquella en la que los de Simeone no creyeron que habían desbaratado el nudo gordiano. Y fueron abatidos con la espada de la historia. ¿Sucederá otra vez?