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CULTURAS

El lenguaje del rostro desde la semiología médica y literaria

El estudioso de la fisiognomía Francisco González Crussí asegura que los rostros hablan sin tener voz, por lo cual es necesario conocer el lenguaje de las expresiones faciales.
Alfonso Meza
18 junio 2014 19:27 Última actualización 18 junio 2014 19:36
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Debido a los rasgos de su rostro, Sócrates fue catalogado en cierto momento como un vicioso y fracasado. (Cortesía)

Debido a los rasgos de su rostro, Sócrates fue catalogado en cierto momento como un vicioso y fracasado. (Cortesía)

Los rostros hablan sin tener voz, por eso no hay correspondencia entre el hombre interior y su aspecto físico, afirma Francisco González Crussí (Ciudad de México, 1936), médico y ensayista mexicano radicado en Chicago desde hace más de 50 años, quien en su más reciente libro, El Rostro y El Alma (Debate), indaga sobre el lenguaje de la faz humana desde una óptica literaria, humorística e inteligente.

Sumergido en el estudio de la fisiognomía, Francisco González Crussí analiza, a través de una serie de ensayos, diversas partes del rostro para hablar del poder que, en conjunto, asume el lenguaje de las expresiones faciales.

“Todo el tiempo se cometen injusticias al hacer conclusiones perentorias sobre el valor moral de una persona tan sólo con apreciar sus rasgos físicos”, considera el médico especializado en patología pediátrica por la Universidad de Florida. “Sócrates, por ejemplo, fue descrito en su tiempo como un hombre vicioso y fracasado debido a sus ojos saltones, labios gruesos y la forma de su rostro, pero quien lo describió no tenía razón: la gente no se conoce sino hasta haberla tratado”, añade Crussí.

Siendo médico, su llegada a la literatura fue accidental, afirma, y él mismo se considera un inmigrante en la República de las letras. No obstante, el sello humanístico que imprime a sus ensayos le ha valido el reconocimiento de publicaciones como The New York Times, The Washington Post, Letras Libres, o Etiqueta Negra, donde también ha publicado varios artículos.

“Se me ha criticado por la forma en la que escribo. En Estados Unidos se estilan oraciones cortas y yo acostumbro oraciones largas, porque así aprendí el inglés. Además, mi influencia son todos los escritores americanos del Siglo XVIII, autores grandilocuentes. Por eso prefiero el español, es más retórico y oral; suena más bonito. Sin mencionar que soy mexicano y me críe en la colonia Obrera”.

El libro explora el rostro humano como sitio de expresiones en torno al cual giran diversas anécdotas. Tal es el caso de las mejillas, consideradas junto a los ojos como “los verdaderos espejos del alma”, dice el experto.

“Ellas recogen las lágrimas en la aflicción y el dolor, son el sitio de la honra y la vergüenza; se encienden por el bochorno de una ofensa o palidecen y tiemblan con la ira o el pánico”, señala el autor.

González Crussí trabaja en su próxima publicación, Mal de amores, que aborda la obsesión patológica por el otro, desde la semiología médica.