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El jazz mexicano no existe: Esteban Herrera

Esteban Herrera defiende la postura clásica que ciñe al género a la cultura afroamericana del sur de Estados Unidos. El jazzista aprovecha el afán de definición de la música actual para decir que no hay tal cosa como el jazz nacional.
María Eugenia Sevilla
17 febrero 2016 22:16 Última actualización 18 febrero 2016 5:0
A Esteban Herrera no le acomoda ser identificado como un pianista de jazz contemporáneo, aunque para fines prácticos se presente así. (Cortesía)

El trío de Esteban Herrera presentará Fantasma, su más reciente disco. (Cortesía)

Ahora que la fusión domina el panorama contemporáneo, Esteban Herrera aprovecha el afán de definición de la música actual para decir que no hay tal cosa como el jazz nacional.

“Es como decir que el mariachi chino existe”, explica el pianista. “Es un folclor, está anclado al pasado y eso a los músicos contemporáneos nos tendría que dar la pauta para despegarnos de una tradición que ni siquiera es nuestra”.

Con 20 años en la escena jazzística de México, Esteban Herrera defiende la postura clásica que ciñe al género a la cultura afroamericana del sur de Estados Unidos, que fue retomada por blancos en la primera mitad del siglo pasado.

“El jazz incluye muchos subgéneros y eso lo vuelve algo no muy específico. Es defendible como cualquier folclor; pero, lo digo con respeto, los folclores pertenecen a los museos”, señala.
 
Es así que distingue la etiqueta, de su propia creación, que como toda música contemporánea es mucho más difícil de definir porque, dice, está viva. Pero esto mismo le pasaba a la innovación desde hace tiempo. “Con el be bop, Louis Armstrong decía que Charlie Parker estaba matando al jazz”. Y le sigue pasando. El año pasado, al término de una clase maestra que Wynton Marsalis impartió en México, Herrera le lanzó un cohete. El trompetista es un conservador recalcitrante, quien defiende que jazz es cualquier música que contenga improvisación, swing y blues ,y que si no tiene alguno de esos tres, no lo es.

“Pregunté si lo que músicos no estadounidenses hacen hoy era jazz. Él mismo, riéndose, le pasó el micrófono a otro miembro de la orquesta. Y así se fueron pasando el micrófono entre varios sin poder contestar”, platica.

“Es interesante, que en su evolución el jazz se les ha ido de las manos y ha dejado de ser un folclor estadounidense, pero por eso mismo probablemente ha dejado de ser tal. En Europa ya se llama ECM: european contemporary music”.

Por todo esto, no le acomoda ser identificado como un pianista de jazz contemporáneo, aunque para fines prácticos se presente así.

Y es que, dice, siempre ha buscado la libertad. Tanto, que hasta el jazz le pareció acorsetado desde que entró al taller del Conservatorio Nacional de Música a los 11 años. Su relación con el sonido ha sido siempre un descubrimiento íntimo desde que –cuenta- su madre lo llevó a sesiones de iniciación en las que comenzó su exploración auditiva antes de hablar. Así que siempre ha creado a partir de la improvisación y distingue lo suyo de etiquetas genéricas.

“Soy y fui un rebelde. No saqué un solo de nadie. Estoy muy feliz de haber buscado mi propio sonido desde el principio”, asegura.

Esta búsqueda ha quedado plasmada en tres álbumes. El último, Fantasma, lo presentará con su trío el sábado en el Cenart. Un disco de fuerte carga improvisativa que, considera, contiene el sonido de su madurez.