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culturas

El jardín de las delicias, ese oscuro objeto

En "El jardín de las delicias" Rigel Herrera confronta erotismo y hábitos de consumo. "Yo seré tu espejo no significa yo seré tu reflejo, sino yo seré tu ilusión", dice la sentencia alrededor de la cual pintó mujeres sin rostro que vistas de cerca crean el efecto distorsionado de un espejo.
Rosario Reyes
31 julio 2016 21:51 Última actualización 01 agosto 2016 5:0
La belleza femenina es indiscutible, afirma la pintora. (Cortesía)

La belleza femenina es indiscutible, afirma la pintora. (Cortesía)

Con una frase del sociólogo francés Jean Baudrillard -quien analizó las sociedades de consumo y los medios de comunicación- en mente, la pintora Rigel Herrera creó la serie El jardín de las delicias, que se exhibe en la Galería Traeger & Pinto. “Yo seré tu espejo no significa yo seré tu reflejo, sino yo seré tu ilusión”, dice la sentencia alrededor de la cual pintó mujeres sin rostro que vistas de cerca crean el efecto distorsionado de un espejo, tal como hacen las modelos de revista en las que se inspiran sus cuadros.

“Al mirarse en ese espejo puede haber rechazo o una identificación del espectador. Pero también me gusta pensar en la idea de la autoseducción, como Narciso, que se enamoró de su reflejo”, explica la artista, quien además dirige la Galería de la Secretaría de Economía, actualmente en remodelación y cuya apertura está programada para finales de año.

Herrera explora en su pintura la forma en la que los objetos lucen sobre distintos cuerpos de mujer. Incluso una Lolita que destaca en la sección más provocadora de la exposición, donde la estética de sus cuadros se basa en iconos pornográficos.

ACUDA
Qué: El jardín de las delicias
Dónde: Traeger & Pinto Arte Contemporáneo, Colima 179, Roma Norte
Horario: Lunes a viernes, 9:00 a 15:00 y 16:00 a 18:00 horas; hasta el 25 de agosto

“Las imágenes están apropiadas de páginas porno y de publicidad. Mucha gente rechaza el fetichismo, porque está considerado como perversión, pero ya casi no hay diferencia entre una revista de moda y una para adultos; por eso las pongo juntas, destacando los elementos que se asocian con la feminidad”, destaca.

La belleza femenina es indiscutible, afirma la pintora. “Las mujeres de todo tipo: altas, gordas, delgadas, somos bellas, y lo que trato de mostrar en esta serie es qué hace que todos esos cuerpos sean seductores. Creo que es el entorno: flores, encajes, piel y otros elementos normalmente asociados a la feminidad. Los destaco en los cuadros, para generar una discusión acerca de qué tan válidos son esos estereotipos actualmente”.

Once cuadros integran la muestra, con un rango de precios entre 30 mil y 110 mil pesos. El título alude al cuadro de El Bosco y, en referencia a su composición, la curaduría recorre el paraíso a lo largo de la planta baja de la galería, mientras que en el primer piso, relativo al infierno, despliega un par de cuadros “que nadie había querido exhibir”.

Se trata de dos alegorías lésbicas que siguen el rumbo del trabajo erótico de la pintora, quien comenzó su trayectoria con un análisis del marqués de Sade como experiencia estética. “Aquella era obra muy sexual, el lado bello de las perversiones que siempre he buscado. Era un erotismo femenino con una intención de provocación masculina, y en El jardín de las delicias exploro la visión del poder sensual y sexual como mujer”.

RUPTURA CON LA TENDENCIA
El galerista Gerardo Traeger destaca que la obra de Rigel Herrera, que exhibe por primera vez en su espacio, rompe con la tendencia imperante del dibujo, que facilita a los artistas jóvenes tanto la expresión, como la producción de obra. “Pero hay coincidencias con la agresión, la ironía, el reclamo al deterioro de las instituciones que está presente en el arte contemporáneo en México”.

Traeger cuenta que toma el riesgo de presentar arte emergente a pesar de que el mercado está claramente dividido entre coleccionistas que empiezan a apoyar nuevos valores y el coleccionismo consolidado que difícilmente voltea a verlos.

“Amo el arte, pero el mercado puede ser su peor enemigo. De repente pareciera que la mejor pieza es la más cara, pero no tiene nada qué ver con el acto de pararte frente a una obra de Rigel y ver una buena atmósfera pictórica, composición y una idea clarísima. Estos riesgos me provocan, quizá el erotismo de su obra puede ser agresivo para algunos, pero para mí es parte de la confrontación que genera”, concluye.