AFTEROFFICE
CULTURAS

Moneros: el humor de la caricatura en los tiempos del cólera

¿Qué función cumple la caricatura en tiempos de extrema crisis y violencia? Los moneros mexicanos Alarcón, Antonio Helguera, Trino, Paco Calderón y Rafael Barajas "El Fisgón" opinan sobre el papel que juega hoy la tira cómica y el cartón entre la sociedad mexicana. 
Eduardo Bautista
26 marzo 2015 23:9 Última actualización 30 marzo 2015 14:0
¿Qué función tiene la caricatura en estos tiempos?

¿Qué función tiene la caricatura en estos tiempos?

México no puede darse el privilegio de dejar de reír. Los caricaturistas saben que la carcajada es necesaria en un país como éste, que sufre tantas tragedias sociales, políticas y económicas, aseguran en este coloquio Trino, Alarcón, Rafael Barajas El Fisgón, Antonio Helguera y Paco Calderón, moneros de larga trayectoria periodística. Es ahí donde -dicen- el cartón o la tira cómica cumplen una de sus funciones más importantes: entender la realidad a través del humor y la ironía.

Pero, ¿cómo reír en medio de la devaluación del peso? ¿Cómo poner buena cara ante estadísticas atroces que contabilizan 100 mil muertos y 30 mil desaparecidos? Responden que no es fácil ironizar la catástrofe. No siempre se tiene la víscera para dibujar, pero hay que hacerlo: éste es un oficio que no conoce de descansos.

Casi siempre –dice Alarcón– las contradicciones del sistema político son tan absurdas, tan estúpidas, que el hecho ya viene caricaturizado por sí mismo. En estos casos, la labor del creador es elegir al personaje correcto, hallar la ironía y llevarla al papel. Hasta hace no mucho, el personaje favorito de Alarcón era el exprocurador General de la República Jesús Murillo Karam; ahora es el nuevo ministro de la Suprema Corte, Medina Mora. La batalla entre los políticos por el protagonismo de un cartón es despiadada, comenta.

La caricatura es también una forma de presentar a los impresentables, afirma Trino. Para él, políticos como Ángel Aguirre o Cuauhtémoc Gutiérrez ya vienen empaquetados para hacer de ellos un festín de risas. “La carta de presentación de estos personajes no puede ser otra más que la caricatura. Sus defectos son tan grandes que en la vida real son impresentables. No tienen ni la más mínima empatía con el pueblo. Por eso son tan caricaturizables, ya vienen prefabricados. Qué bueno que no me dedico a la caricatura política. Seguramente me sacarían todo el veneno que llevo dentro”.

Sin embargo, las obras de un cartonista no están obligadas a hacer reír, advierte Rafael Barajas El Fisgón. Para él, lo más importante es generar conciencia. Un buen cartón –apunta– debe señalar los puntos rojos y las contradicciones del discurso oficial. “El humor es una disciplina. La caricatura tiene que partir de un buen análisis político o social. Si no tiene esa estructura, fallará. Eso sí, siempre conviene que tenga algo de sentido del humor”.

Alarcón cree que la promoción de conciencia entre la sociedad mexicana es un mito del cual han vivido los caricaturistas durante muchos años: “Nuestra función principal es sencilla pero poderosa: ironizar. Aunque uno no siempre dibuja con la intención de hacer reír, la gente así lo recibe. Encontrar una burla, una venganza permitida en los medios, es una válvula de escape para la gente. Yo sufro mucho cuando hago mis cartones. Es difícil dibujar con coraje, con el estómago. Los caricaturistas somos una especie de vengadores del pueblo. Ridiculizamos a los políticos porque la gente no puede hacerlo. La caricatura debe ridiculizar a quien provoca la tragedia”.

Para Antonio Helguera, monero de Proceso y La Jornada, su oficio es fundamental para un país infestado de impunidad. Muchas veces –afirma–, el único castigo que reciben los corruptos es el de ser caricaturizados. Independientemente del tema del que se trate, el tono crítico es imprescindible en cualquier caricatura; no se puede ser complaciente con nadie, sostiene. Paco Calderón nunca lo es. Tiene un secreto a la hora de trabajar: dibujar sin odio y sin piedad. “El humor se pierde en el momento en que a uno le ganan las fobias políticas”, asegura.

Encontrar los temas adecuados es una de las tareas más complicadas del monero. Alarcón comparte que hace poco revisó su archivo de tres sexenios y descubrió que lo único que cambia en la historia política de México son los personajes. La corrupción, la crisis económica, la violencia y el malestar social siguen vigentes. A veces –confiesa– es difícil no repetirse ante tanta monotonía. Pero para eso están los caricaturistas, para hacer contrapeso a la apuesta de los políticos por el olvido, advierte Trino. Helguera coincide: “Lo que los criminales quieren ocultar o suavizar, la caricatura lo muestra descarnado. Nosotros también sabemos desollar”.

¿La caricatura sigue vigente? Sí. Trino señala que los memes son “las nuevas caricaturas”, aunque a su juicio éstos nunca lleguen a tener la profundidad crítica de un cartón o una tira cómica. Paco Calderón dice que son imprescindibles para entender la situación nacional. Si se pierde el humor –advierte– se pierde todo.

“Antes estábamos acostumbrados a los encabezados. Ahora hay puros descabezados. Ojalá no olvidemos que hacer humor por y pese a las tragedias es fundamental para tener un alma libre”, observa Trino.