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culturas

El hombre fiel

Vicente Leñero es ya una ausencia irreparable, un abismo entre el hecho y la presencia, el fundamento de este oficio, su sustancia, es el dato duro, lo único cierto es que ya no está aquí, pero la literatura es el arte de lo posible, también lo dijo cuando no se basaba en el reportaje, la crónica ni la nota informativa.
Mauricio Mejía
03 diciembre 2014 12:57 Última actualización 03 diciembre 2014 13:2
Vicente Leñero fue un tomo indispensable de las letras mexicanas, generoso hasta lo último no reservó su talento para los eruditos de nariz respingada. (Cortesía)

Vicente Leñero fue un tomo indispensable de las letras mexicanas, generoso hasta lo último no reservó su talento para los eruditos de nariz respingada. (Cortesía)

Escribir así, porque de alguna manera la lágrima, una postal que no juega al periodismo porque él tan periodista, tan así, como campante amigo y camarada, Vicente Leñero es ya una ausencia irreparable, un abismo entre el hecho y la presencia, el fundamento de este oficio, su sustancia, es el dato duro, lo único cierto es que ya no está aquí, pero la literatura es el arte de lo posible, también lo dijo cuando no se basaba en el reportaje, la crónica ni la nota informativa, Leñero, causa de estas líneas fue el amigo fiel, el que otorgaba el consejo atinado en el momento oportuno, fue un edificio moral, una pared inquebrantable de la honestidad, reportero insistente, dramaturgo de las esquinas de la existencia, esa lucha permanente entre el bien y el mal, cuando el bien no cabe en los resquicios y el mal produce la caries que caracteriza a los personajes, los malos, los desprotegidos, los pordioseros del bienestar, nunca habitó en los Yankees de Nueva York, porque siempre ganaban, a Vicente le encantaban los perdedores, las obras lo demuestran, los que batallan cada día para ganarle una rebanada de pastel a la dura vida.

Pero, también, Vicente Leñero fue un tomo indispensable de las letras mexicanas, generoso hasta lo último no reservó su talento para los eruditos de nariz respingada, no, fue un referente de varias generaciones de adolescentes, ese estadio de la vida en el que el café y sus obras tejieron las tardes que se convirtieron en noches y madrugadas a su lado, no esta no es una nota periodística, ni una esquela, porque de esas se llenarán mañana los diarios, este es un apunte, una respuesta a una mala noticia, a una despedida de un reportero enorme, Vicente Leñero defendió la libertad en años en los que eso significaba jugarse la vida, literalmente la vida, su postura fue firme en medio de las tempestades, se va un pilar del oficio más lindo, una aspiración, una luz para los que, con los años, decidieron emprender la lucha por la nota diaria, por la profunda, por la que revela todo, todo, Leñero fue único, las voces que se asomarán desde ahora, lo confirmarán, como dato duro de un diciembre en que comenzó a ser memoria y línea ágata de la entraña que nunca olvida.