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El holandés que enfureció a Franco

El dictador Francisco Franco pasó uno de sus últimos grandes disgustos. Le hicieron saber que el genio naranja había sido determinante en la paseada que el archienemigo había cometido contra su cuadro, al que adoró tanto como a sí mismo. Johan Cruyff dirigió la primera gran maquinaria culé.
Mauricio Mejía
31 marzo 2016 23:17 Última actualización 01 abril 2016 5:0
Miles serán las plegarias para Johan Cruyff en el Camp Nou, con la liga casi consumada. (Especial)

Miles serán las plegarias para Johan Cruyff en el Camp Nou, con la liga casi consumada. (Especial)

El último Franco ya no tenía fuerzas suficientes para impedir el fichaje de Johan Cruyff por el FC Barcelona, como lo había hecho antes con Alfredo Di Stéfano, el astro argentino que terminó por engrandecer al Real Madrid de la cinco Copas Europeas. El equipo catalán había pagado lo que nunca antes por los servicios del 14 de la Selección holandesa que dio otro rumbo a la pelota. Luego batiría otro récord por el talento de Maradona, el genio procedente de Boca.

Un año antes de morir definitivamente, el dictador pasó uno de sus últimos grandes disgustos. Le hicieron saber que el genio naranja había sido determinante en la paseada que el archienemigo había cometido contra su cuadro, al que adoró tanto como a sí mismo. Cruyff dirigió la primera gran maquinaria culé (de Asensi, Sotil, Rexach, Marinho, Migueli y Neeskens, el gran compañero de Cruyff en el 11 de Michels en el Alemania), que propinó un histórico 0-5 en el Santiago Bernabéu, llamado así en honor a uno de los grandes incondicionales del Inmorible, como Rafael Alberti solía llamar a Franco. Fue el primer clásico del fuera de serie.

Mañana el templo blaugrana aprovechará la visita merengue para rendirle oración a uno sus más grandes evangelistas, cuya trascendencia apenas es comparable con la de Lionel Messi. Aquel 17 de febrero de 1974, el Barcelona estrenó el autoaprecio gracias a uno de los grandes egos del futbol universal. El fumador empedernido vino a darle un toque de irreverencia a un club solemne en sus derrotas y trágico en sus victorias; 35 años después, el 2 de mayo de 2009, el equipo de Josep Guardiola (en la vuelta de la temporada de su debut) asumió el viaje a Chamartín para propinar un 2-6 al equipo de Juande Ramos. Fue una de las noches más esplendorosas que el futbol pueda presumir. La barrida fue un decoro de hora y media. Cruyff festejó esa noche con el mismo entusiasmo que en el 74; fue el gran consiglieri del novato míster que ganaría todos los torneos en los que compitió en aquella temporada.

En la noche del 2 de abril de 2016, los fieles catalanes aplaudirán también aquella temporada de 1992, en la que el Dream Team se hizo de su primera Liga de Campeones, ante la Sampdoria. Guardiola, el 10 del Barsa, jugó 113 minutos de la batalla en Wembley. Dos minutos antes, otro holandés también formado por el Ajax, Ronald Koeman, anotó el gol de tiro de castigo que le dio el título continental al equipo blaugrana.

Miles serán las plegarias para Johan Cruyff en el Camp Nou, con la liga casi consumada y con el Atlético de Madrid en la mira por la Champions. Hay clubes que engrandecen con las pérdidas sentimentales; el Barsa es uno de ellos. El cuerpo de Cruyff Díaz de Vivar será el ariete culé para la esperada batalla contra el conjunto merengue, que llega a la cita con trauma y precaución. Hace tres años, también en abril (9), salió del Camp Nou con una “manita” inolvidable.