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El hip hop ha perdido el color de piel con Jay-Z

Es el primer cantante rapero que ingresa al Salón de la Fama de Compositores de Estados Unidos. ¿Cuáles fueron las razones? Jaz-Z comprendió que el futuro del género se halla en un mundo sin color de pieles.
Eduardo Bautista
24 julio 2017 21:37 Última actualización 25 julio 2017 5:0
Jay-Z

Jay-Z

Presenció su primer asesinato a los 9 años. Su padre, adicto a la heroína, lo abandonó a los 11. Vivió en uno de los barrios más violentos de Brooklyn. Vendió crack. Participó en peleas callejeras. Le disparó a su hermano mayor luego de que éste intentara robarle un anillo de oro.

No parece el historial de un hombre exitoso. Pero lo es. Es el pasado de Shawn Corey Carter, mejor conocido como Jay-Z, el primer rapero en integrar el Salón de la Fama de Compositores de Estados Unidos, un olimpo al cual pertenecen artistas como John Williams, Elton John, Bob Marley y Elvis Costello.

Por primera vez en la historia de la Unión Americana el hip hop es más popular que el rock, según el último informe semestral de la consultora Nielsen Music, publicado la semana pasada. El 25 por ciento del consumo de la música por streaming en ese país pertenece a este género. Lo dijo hace un año el vocalista de The Who, Roger Daltrey, en una entrevista con The Times: “Tristemente el rock ha llegado a un callejón sin salida. Los únicos artistas que están diciendo cosas interesantes son los raperos. La mayoría del pop es absurdo y prescindible”.

Jay-Z es uno de esos músicos de los que habla Daltrey. Un artista que ha sabido sobrevivir en un mercado fugaz por antonomasia. Su maestro Biggie —uno de los padres del género— le dijo en la década de 1990 que, si el hip hop no es efímero, no es hip hop. Entonces la industria era una cancha disputada entre dos equipos: las costas Este y Oeste, entre Death Row Records, en Los Ángeles, y Bad Boy Records, en Nueva York. Entre Tupac y Biggie, los dos pilares de este género. Las disqueras parecían, en ese momento, dos pandillas por el mercado musical. A los raperos no les parecía que la mayoría de las víctimas de la guerra contra las drogas —emprendida por el expresidente Ronald Reagan en los 80— fueran jóvenes afroamericanos. Sus letras hablaban sobre la violencia callejera, el acoso policial y el racismo no institucional.

EL RITMO ORAL
-21 años de carrera
-13 álbumes
-21 Premios Grammy
-2008, el año en que se casó con Beyoncé
-88, el lugar que ocupa en la lista de los mejores artistas de todos los tiempos, según la revista 'Rolling Stone'.
-14 veces ha llegado al primer lugar de Billboard 200
-850 millones de dólares tiene en sus cuentas bancarias
Fuentes: Forbes, Billboard, Rolling Stone

Jay-Z entendió que ese era el camino para comenzar su carrera en 1996, pero después descubrió que el hip hop también podía escaparse de su habitual discurso violento para explorar terrenos hasta entonces desconocidos, como las galerías de arte (Picasso Baby), la religión (Heaven) o la política (Minority Report). Mr. Carter no repitió la historia de su mentor Biggie, quien fue asesinado a balazos en Los Ángeles, en 1997. Tampoco quiso seguir hablando sobre los mismos temas que sus antecesores. Ni mucho menos vivir sus mismas vidas. Y si los negros fueron bendecidos con el hip hop —como asegura Dr. Dre— Jay-Z comprendió que el futuro del género se halla en un mundo sin color de pieles.

Para grabar el video de 'Picasso Baby' ofreció un performance de casi seis horas en la Pace Gallery de Manhattan, en el que sus rimas no se dirigieron hacia sus niggas, sino a Rothko, Koons, Picasso, Miró, Bacon, Warhol y Basquiat.

No obstante, la violencia sigue siendo una constante en su trabajo. “Las tasas de consumo de drogas son tan altas como lo fueron cuando Nixon declaró esta llamada guerra en 1971. Cuarenta y cinco años después, es hora de repensar nuestras políticas. La guerra contra las drogas es un fracaso épico”, dijo a The New York Times en septiembre de 2016.

MÚSICA VERDADERAMENTE UNIVERSAL
En su último disco, 4:44, el rapero utiliza la figura de O.J. Simpson para explicar la forma en la que concibe el mundo: sin razas. Cuando en los años 60 un reportero le preguntó a la exestrella de futbol americano qué clase de atleta era, éste le respondió: “¡No soy negro, soy O.J.!”. El primer deportista sin raza.

“Simpson llega al futbol cuando el movimiento por los derechos civiles de la comunidad afroamericana alcanza su auge en la cultura de masas. Su éxito deportivo lo convierte en modelo ejemplar del negro ‘integrado’ y del negro ‘con éxito’”, afirma el académico de la UNAM y experto en contracultura, Salvador Mendiola.

The Story of O.J. tiene referencias hacia 'Four Women', una canción de Nina Simone que cuenta la historia de cuatro mujeres afroamericanas que riñen constantemente por los diferentes tonos de su piel. Los mismos negros, asegura Jay-Z, siguen discriminándose a sí mismos por sus condiciones culturales: rico pobre o rico negro, se sigue siendo negro.

“Simpson es un personaje necesariamente contradictorio, con muchos significados. Admirado y criticado. No era un negro libertario, pero tampoco un Tío Tom. Un feminismo lo ve como un monstruo machista (ha sido acusado de asesinar a su esposa Nicole Brown y a un amigo de ésta) y otro como víctima del orden del macho. Es un referente de muchas formas de la conflictiva condición afroamericana de los Estados Unidos”, explica Mendiola.

Aquel chico criado entre las comunidades dominicanas de Mercy Houses —un complejo habitacional de Brooklyn en el que la venta de droga es una actividad cotidiana y el machismo casi una regla familiar— hoy tiene su oficina en el último piso del World Apparel Center, donde administra algunas de sus empresas, como Tidal, Rocawear, Roc Nation o los Nets de Brooklyn. Negocios que le han hecho amasar una fortuna de 850 millones de dólares, según la revista Forbes.

“No tengo secretos sobre mi éxito. He acumulado el trabajo y he mantenido una consistencia como nunca antes se había hecho en el hip hop”, dijo el rapero de 47 años en una entrevista con The Guardian.

Nueva York —ha dicho Jay-Z en su gran éxito Empire State of Mind— es la jungla de concreto donde los sueños se hacen realidad. Su talento emergió de entre los 8 millones de habitantes que deambulan a los pies de la Estatua de la Libertad. Aficionado a los Yanquis desde muy pequeño, se casó con la mentalidad del equipo más ganador de las Grandes Ligas y se creyó, como O.J., un negro sin raza.

“El señor Carter y yo nos entendemos bien: nadie que nos hubiera conocido de jóvenes habría esperado un buen futuro para nosotros, y menos que estuviéramos en el lugar donde hoy nos encontramos”, aseguró su amigo, el expresidente estadounidense Barack Obama, un día antes de que el músico entrara al Salón de la Fama. “Lo he escuchado desde que era un joven y hambriento senador. Utilicé sus letras para cerrar mi discurso en Selma. Tuiteé una referencia a My First Song mientras estaba dando los últimos retoques a mis discurso del Estado de la Unión. Estoy seguro de que sigo siendo el único presidente de Estados Unidos que ha escuchado a Jay-Z en el Despacho Oval”.