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CULTURAS

El hambre mata a 17 personas cada minuto: 
Martín Caparrós

El hambre es un acto de barbarie que aqueja al mundo. Martín Caparrós explora este fenómeno en su libro "El Hambre", de reciente publicación. 
Mauricio Mejía
28 agosto 2014 21:44 Última actualización 29 agosto 2014 5:0
Martín Caparrós es uno de los escritores latinoamericanos más reconocidos de los últimos años. (Foto: Braulio Tenorio)

Martín Caparrós es uno de los escritores latinoamericanos más reconocidos de los últimos años. (Foto: Braulio Tenorio)

Perdón, lector, por echar a perder el desayuno, el almuerzo y la merienda. Claro, lector, existe la certeza de la comida, de la cena. Tan segura como la Luna. Sucede que algo sucede. Hoy, mientras pasa la rutina, viernes cualquiera, morirán en el mundo 25 mil personas de hambre. ¡Sí, de hambre! ¿Muchos? Algo así como nueve millones en este 2014, ya casi en otoño. ¿Duro? Bueno, 17 cada minuto (85 mientras lavas los dientes, después de un agasajo). ¿Terrible? Uno cada menos de cuatro segundos. Sorry, los diarios suelen no traer buenas noticias.

El hombre que está enfrente, de negro completo, se llama Martín Caparrós, un clásico de la literatura. Argentino. Bigotón. Calvo. Ojos claros, como de gato. Recién publica El Hambre, un libro que duele desde la primera letra. Es más, desde la contratapa. Bien pudo llamarse, La Muerte. Antes de la página 50, los muertos ya forman montañas inmensas, como aquellas de los campos de exterminio cuando el Apocalipsis. Claro, lector, esas cosas incomodan, quién se toma la molestia de comprar una obra para sufrir, para verse en la necesidad de voltear la mirada a la mesa de al lado, donde las parejas se empacan los espaguetis, las albóndigas, con una copa de buen vino. ¿Quién paga para que le peguen?

Habrá que advertir que ese desaire, ése mejor no, ha producido y produce, cotidianamente, la mayor barbarie de una especie fracasada. Absurda forma de comportarse del sapiens que ha inventado la Ley, la República y la Democracia. Dice Caparrós (citando al Institution of Mechanical Engineers, del Reino Unido) que la mitad de la comida que se produce en el mundo no se come (sustantivo-verbo). ¿Absurdo? Un poco de café para digerir el dato: el 50 por ciento de los 4 mil millones de toneladas de alimentos que se generan al año, no llega a ningún estómago humano. Contundente. ¿Cínico? Hay más. Contra esos 2 mil millones de toneladas que no se consumen hay que poner 2 mil millones de seres humanos mal nutridos (o, como dice el lenguaje sutil, en seguridad alimentaria).

Dan ganas de no seguir con esta entrevista, pero acaso el morbo, algo de ética, o de moral, o de dolor. Algo de sentimiento. Devoción, quizá. ¿Acaso no fue cierta la reproducción del pan y los peces?
Caparrós sostiene que el libro le dolió. Cómo no. Fueron cientos los entrevistados en varias regiones del mundo, las más miserables.

Ninguno de ellos, como puede leerse en el libro, puso el dedo índice contra Dios. “Me llamó la atención que ninguno le echara la culpa de su sufrimiento –dice mientras cruza la pierna. Con alguno hasta discutí sobre el tema. Le pregunté si Dios había creado esto tan desigual. Y si esto podía ser remediado por Él. No hubo queja. ‘Dios sabe cómo acomodar los dolores y los placeres’, me contestó”. Al reportero, famoso por sus excelentes crónicas, precisas y abrumadoras, le repugnó el caso de la India, en donde el karma es el culpable de lo que sucede a millones, cientos de millones, en esta vida. “Duro creer en eso”, apunta.

FRUSTRACIÓN SOBRE EL MANTEL

Un entrevistador, tradicionalmente pregunta. El interlocutor, generalmente, responde. Esta vez la cosa no es tan sencilla. Ante Caparrós se impone un reclamo. Gracias por joder los días anteriores, uno ya no es el mismo después de su trabajo.

“Mi intención no es joder, se jode quien quiere joderse, advierto que me lean, lo de joder va por cuenta de quien termina el libro”, bromea, sobre un ambiente fúnebre como el mármol.

A esta hora de la charla, 15 minutos, un cuarto de millar de hombres y mujeres se han ido de un mundo en el que, quizá, nunca estuvieron. Ahora son pura estadística, números para la ONU, la FAO, el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional. Entre más muertos, más importan los muertos (no es redundancia; es econometría). 45 millones en los años en los que duró la investigación de este escritor. ¿Muchos? Casi los mismos que dejó la Segunda Guerra Mundial en seis años. ¿Algo más? Sí, las grandes víctimas del peor Jinete de la Devastación fueron niños menores de 12 años. Otra vez, sorry.

Mientras Caparrós pone fija la atención en los mal nutridos, esos que no se ven, esos que tienen tallas menores a las esperadas (la esperanza vale tanto en este vaivén de mercancías como la otra, el hambre), cerebros mal formados, brazos delgados o insuficiencias cardiovasculares por no consumir vitaminas, proteínas o minerales, mientras abre esos ojos gatunos para reiterar el dato, interrumpe el elenco de la obra. Es un hondureño. Ha logrado entrar a la segunda mesa, pararse enfrente, harapos que nunca estrenó, cuenta que no ha comido en días. Caparrós se toma la molestia. Coopera. Sólo por hoy. Hoy.

___Ya no hay forma de otra Revolución. China demuestra, con enorme cantidad de hambrientos, que tampoco ése era el camino a la equidad y la justa distribución del ingreso. Parece que millones ya no forman parte del engranaje de la producción. Han desaparecido de un plumazo de la mano de la historia.

___Hoy entre el 10 y 15% de la población del mundo no tiene lugar. Creo que no tenemos proyecto para el futuro colectivo. Claro que las sociedades han creado esos caminos a lo largo de la historia. Esta vez no será la excepción. Lo encontraremos, pese a todo. Habrá que darle una nueva forma a la República para que comprometa una nueva forma moral de la economía.

___Por ahora la lógica es no veo, no hablo, no escucho...

___Es un círculo vicioso. No sabemos como solucionarlo, por eso no lo miramos. No lo miramos entonces no sabemos cómo solucionarlo. Es tiempo, y esa es la intención de este trabajo, de romper ese círculo. Hay tres elementos aquí en los que vale la pena reflexionar: el modelo de negocio ha fomentado una riqueza enorme para unos cuantos; los Estados han demostrado poco interés en la equidad y la inacción casi absoluta de la sociedad civil para exigir a los gobiernos, en la balanza de aprobación o desaprobación, que erradiquen tanta hambre. Estoy seguro que las cosas cambiarán cuando los ciudadanos sean más severos al juzgar el desempeño de los gobiernos.

___Dice que en Roma nació la clientela política. El hambre como dádiva política. Votos.

___El hambre es una plataforma política. En efecto, una suma de votos.
Aquí, en México, se le llama Cruzada contra el Hambre. Perdón, lector, por echar a perder el desayuno, el almuerzo o la merienda.