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Fiesta Brava

El grato sabor de una cátedra taurina

Eulalio López "Zotoluco" obsequió en su encerrona una demostración plena de madurez y maestría, el grato sabor de una cátedra taurina. El acontecimiento que este domingo atestiguó Plaza México tuvo tintes históricos, pues tuvieron que pasar casi 30 años para que un torero actuara en solitario.
Jorge Raúl Nacif
30 noviembre 2014 22:54 Última actualización 30 noviembre 2014 23:0
"Zotoluco" supo estar a la altura de la magnitud del compromiso. (Alejandro Meléndez)

"Zotoluco" supo estar a la altura de la magnitud del compromiso. (Alejandro Meléndez)

Aunque sin el corte de una gran cantidad de orejas, triunfos que quizá esperaba el gran público o los “cazadores” de números, el matador capitalino Eulalio López Zotoluco obsequió en su encerrona una demostración plena de madurez y maestría, el grato sabor de una cátedra taurina.

El acontecimiento que este domingo atestiguó Plaza México tuvo tintes históricos, pues tuvieron que pasar casi 30 años para que un torero actuara en solitario en este monumental coso. Zotoluco supo estar a la altura de la magnitud del compromiso, haciendo las cosas con pausa, cabeza clara y entendiendo con solvencia la lidia que requirió cada uno de los seis ejemplares de diferentes ganaderías.

En un marco especial y con el cariño del público, saltó a la arena el primero de la tarde, de la ganadería de Marrón, un cárdeno que fue aplaudido de salida debido a sus bellas hechuras. La bonita media, con la que cerró el recibo capotero, fue un buen preámbulo de toda la carga de energía positiva con la que Eulalio encaró este compromiso.

Con la muleta plasmó un trasteo bien estructurado, en el que nunca forzó de más las embestidas de un toro que no estaba sobrado de fuerza, aunque tenía calidad y nobleza. En esta tesitura, y con suavidad, logró series que le fueron coreadas, una faena de menos a más y que fue del agrado de la afición. A la postre no cortó la oreja debido a que el acero cayó bajo, pero cosechó los aplausos del tendido.

Ante el segundo, de Javier Garfias, cuajó un bello quite por navarras, para luego tirar de paciencia en los albores de la faena, de tal suerte que, con base en claridad de ideas, fue obteniendo partido. El ejemplar había salido un tanto distraído y llegó al tercer tercio sin mucha transmisión, pero Zotoluco logró ponerle ese picante a su labor.

Lea la crónica completa aquí:
http://www.altoromexico.com/2010/index.php?acc=noticiad&id=21096