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CULTURAS

El gran Ardid

Setenta años después, el "Día D" sigue cautivando como uno de los grandes triunfos del espionaje de guerra. Conoce todo sobre este episodio fundamental para el fin de la Segunda Guerra Mundial.
Mauricio Mejía
05 junio 2014 21:47 Última actualización 06 junio 2014 5:0
Día D

El "Día D" fue uno de los episodios clave de la Segunda Guerra Mundial. (Archivo)

A Lord Beaverbrook le gustaba llamar a Winston Churchill “el político duro con una navaja en la liga”. Tenía algo de razón. Churchill era, en efecto, la navaja y la liga. Y duro, como ninguno.

Durante la Conferencia de Teherán de noviembre de 1943, aquel primer encuentro de los “Tres Grandes” (Gran Bretaña, Estados Unidos y la Unión Soviética), José Stalin, el Tío, preguntó al Primer Ministro británico detalles sobre la Operación Overlord. Stalin temía que los informes de sus espías no estuvieran bien fundamentados. Como Hitler, tenía conocimiento de una avanzada aliada en el Norte de Francia. Ninguno de los dos, sin embargo, tenía en claro en dónde. Pero les preocupaba, sobre todo, el cuándo. Por entonces la Segunda Guerra Mundial se cargaba la vida de 10 millones de personas por año. La eventual ofensiva sería una de las más grandes de ese presente continuo que llaman Historia.

Churchill volvió la cara y dijo al líder soviético: “En tiempos de guerra, la verdad es tan preciosa que siempre debe estar protegida por una sarta de mentiras”.

Stalin, ajeno a cualquier poética, respondió: “Esto es lo que llamamos astucia militar”.

Overlord encubría la operación anfibia más ambiciosa de todos los tiempos. Debía ser protegida con sumo cuidado. Originalmente -dice Ben Macintyre en La historia secreta del día D- a la campaña de engaño se le dio el nombre de Bodyguard (Guardaespaldas). Los servicios de espionaje británicos encontraron a los hombres clave para crear, poco después, la Operación Fortitude (Fortaleza), cuya misión fue crear confusión en el ejército del Reich sobre dónde sería el desembarco.

Hitler tenía en claro que éste se produciría tarde o temprano. Le inquietaba la hora precisa en la que ocurriría. En la guerra, más que en la paz, el tiempo es oro.

En otros frentes, el Norte de África y Sicilia, habían sido exitosos los trabajos de inteligencia para vencer a las fuerzas nazis. Pero en Normandía se jugaba la vida de más de 175 mil efectivos. Así que la estrategia reducía en grado considerable el margen de error.

Cuenta Antony Beevor, en La Segunda Guerra Mundial: “Utilizando agentes dobles y espías capturados, el Sistema Doble X se propuso convencer a los alemanes de que el desembarco en Normandía no era más que un ataque preliminar o una finta, y que la verdadera ofensiva iba a tener lugar en el noreste de Francia, en el Paso de Calais. Los servicios de inteligencia militar alemanes, que habían sobrestimado mucho las fuerzas y los recursos humanos de que disponían los aliados, se tragaron el anzuelo”.

Hubo dos hechos que añadieron suspenso al desarrollo de la Operación Overlord. La inquietud de Churchill por el número de bajas entre los civiles franceses del Norte y el clima. Sin dejar de tomar en cuenta que Franklin Roosevelt, presidente de Estados Unidos, desconfiaba de informar los detalles de la operación al general Charles De Gaulle. El primer ministro hizo hasta lo imposible para que De Gaulle asistiera a Londres para ser enterado de lo que sucedería en Normandía.

En "El Día D", Beevor cuenta lo difícil que fue para Dwight Eisenhower, jefe supremo de los ejércitos, mantener la fecha del desembarco. “El 4 de junio los informes meteorológicos seguían siendo tan negativos que tuvo que ordenar un aplazamiento. Pero las previsiones más recientes anunciaron enseguida que el tiempo quizá mejoraría la noche del 5”.

Overlord estaba en crisis. Los espías de Fortaleza habían cumplido con su trabajo, pero no podían aguantar por mucho tiempo el engaño ante la sobrada astucia contraria. Los altos mandos oficiales alemanes no tenían idea de lo que ocurriría en aquel amanecer; esperar quince días pudo ser desastroso para la del "Día D".

Aquel descuido nazi fue determinante para la derrota del Reich en el frente occidental que terminó por desmoronarlo un año más tarde, cuando la rendición incondicional del 8 de mayo de 1945 (Hitler se suicidó el 30 de abril de ese año).

Al contrario, si Eisenhower, se hubiera tomado dos semanas de retraso, como planeó en algún momento, las consecuencias hubieran sido terribles para los aliados porque en aquel final de la primavera se produjo la peor tormenta en el Canal de la Mancha en 40 años.

Los aliados dieron nombre clave a cinco playas para la invasión: Utah, Omaha, Gold, Juno y Sword. Cuenta Macintyre que las fuerzas equivalían a 156 mil por tierra y 23 mil por aire. Una postal es tajante: “En la playa de Omaha, el primer hombre se encontró con muro de fuego inhumano”. A pesar de todo, los alemanes tuvieron la capacidad de reacción para dar una dura contienda en aquella mañana de hace 70 años. En esa playa más de 2 mil 400 estadounidenses fueron muertos o heridos. En Sword, la mitad de los canadienses fueron bajas en menos de una hora. Los muertos eran polvo sobre el mar.

Al final del "Día D" los aliados sufrieron 2 mil 500 caídos y más de 10 mil heridos. Fortaleza y el Sistema de la Doble X habían, pese a todo, cumplido con la misión. Francia, poco tiempo después, fue liberada. Apunta con tino Macintyre: “Si la gran red defensiva de mentiras (de las que habló Churchill) se hubiese descubierto y los alemanes hubieran estado preparados y esperando en Normandía, la invasión hubiera fracasado y el 'Día D' hubiera terminado en masacre”.

Beevor es más cauteloso en su resumen del partido:

“La Batalla de Normandía no se desarrolló en realidad según lo planeado, pero ni siquiera los críticos de salón pudieron tener en tela de juicio el resultado final, por imperfecto que fuera. También deberíamos pensar qué habría ocurrido si la extraordinaria iniciativa del 'Día D' hubiera acabado en fracaso; por ejemplo, si la flota de la invasión hubiera zarpado para adentrarse en la gran tormenta de mediados de junio. El mapa de posguerra y la historia de Europa habrían sido muy distintos”.

Para terminar, la preocupación de Churchill: En total perecieron 19 mil 890 civiles franceses durante la Operación Overlord. Pero fueron 70 mil los que perecieron en aquel año, entre los planes, la realización y las consecuencias de Normandía.

Hoy es ayer.