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CULTURAS

El exilio de Borges, Gelman y Cortázar

La reciente muerte de Juan Gelman el pasado 14 de enero hace recordar el voluntario alejamiento de Buenos Aires de los escritores también argentinos Jorge Luis Borges y Julio Cortázar, dos íconos de la literatura del siglo XX.
AP
20 febrero 2014 21:59 Última actualización 21 febrero 2014 5:0
Julio Cortázar.

Julio Cortázar optó por migrar a Francia y nunca regresar. (Archivo)

Gelman, Borges, Cortázar, tres glorias de las letras hispanas del siglo XX. Los tres eran argentinos, profundamente enamorados del aire de Buenos Aires, y los tres —como muchos de sus compatriotas a lo largo de la historia— optaron por morir lejos de él.

Julio Cortázar falleció en París en 1984, Jorge Luis Borges en Ginebra dos años después, Juan Gelman en la Ciudad de México hace poco más de un mes.

“Parece una sostenida tradición argentina el hecho de la muerte en el exilio de prohombres nuestros”, dice el lingüista e investigador Pedro Luis Barcia, presidente de la Academia Argentina de la Educación. “Esa afirmación es frecuente, pero hay que matizarla, porque no todas esas muertes en tierra extranjera responden a las mismas razones”.

“En el caso de Borges —aunque hay discusión sobre su decisión final, si fue propia o no— él había manifestado que un país como Suiza era ideal, porque no había casi presencia del Estado en la vida de los habitantes, quienes podían ser hombres invisibles, primera imagen de deseo del niño cuando leyó a Wells”, añade Barcia, ex director de la Academia Argentina de Letras, en referencia al autor de La máquina del tiempo, La guerra de los mundos y El hombre invisible, H.G. Wells.

El mismo Borges escribió: “En Ginebra me siento extrañamente feliz. Eso nada tiene que ver con el culto de mis mayores y con el esencial amor a la patria. Me parece extraño que alguien no comprenda y respete esta decisión de un hombre que ha tomado, como cierto personaje de Wells, la determinación de ser un hombre invisible”.

Según el poeta y periodista argentino Vicente Battista, Cortázar representa la situación inversa: “Lo suyo fue una migración, eligió irse a vivir a Francia y nunca quiso volver”.

Totalmente distinto es el caso de Gelman, quien se fue al exilio durante la dictadura militar de 1976-82 y aunque luego volvió varias veces a Argentina, permaneció radicado en México hasta su muerte, el 14 de enero de este año.


Borges, un hombre cansado



Sin duda eligió volver allá “para evitar los ritos que rodean la muerte de un prócer”, opina Battista en diálogo telefónico. “El exilio de Gelman fue político y personal. Se fue al exilio por razones políticas, pero después por razones personales escogió permanecer en México”.

Barcia profundiza: la decisión de Gelman de permanecer en el exilio “tal vez se haya debido a que la residencia en el país le suponía mantener las llagas abiertas sin mitigación. Y eso, tal vez, le hubiera silenciado la obra”.

En 1976, cuando Gelman se encontraba en el exterior denunciando las violaciones bajo el gobierno de Isabel Perón, se produjo el golpe militar que inauguró la dictadura más represiva de la historia del país. Entre los miles de desaparecidos se contaron Marcelo Gelman, de 20 años, y su esposa María Iruretagoyena, de 19 y embarazada de siete meses. En 1990, Gelman pudo hallar los restos de su hijo y posteriormente rastrear a su nieta.

“Lo fundamental es que en ninguno de los dos (Cortázar y Gelman) el exilio modificó la escritura, los dos siguieron siendo argentinos y de Buenos Aires hasta el final”, recuerda Battista.

Gelman, en una conferencia el 14 de abril de 2013 en el Instituto Cervantes de Beijing, dijo: “Nací en Argentina. Rodé por muchos países y me establecí en México por deseo. Todos pertenecemos al mundo y si una patria tengo es la lengua. La lengua tiene muchas patrias: la infancia, la familia... todo lo que va haciendo al individuo. Para un poeta y escritor es lo único que puede habitar. Después, aunque le manden al exilio y al infierno, no importa”.

En "Valer la pena" (2001) aparece el poema "Regresos", en el que Gelman le dice a su hijo: “Vuelves y vuelves/y te tengo que decir que estás muerto”. En País que fue será, escribió: “Cuando el dolor se parece a un país, se parece a mi país”. Pero en Mundar (2007), habla de “rostros que empiezan de nuevo” y dice que “obligaremos al futuro/a volver otra vez”.

“En estas épocas, el optimismo y la esperanza están bastante lastimados”, dijo Gelman. “Pero lo que pienso siempre es que ningún régimen, por opresivo o dictatorial que sea, puede matar en la gente la capacidad de ensueño y el deseo. Esa mutilación es imposible. A la larga, eso surge, brota”.

¿Se conocieron Gelman y Borges? ¿Qué pensaban uno del otro? Se vieron una sola vez y por razones profesionales, aseguro Gelman en una entrevista. Borges “era reacio a opinar sobre los contemporáneos argentinos, salvo en forma irónica”, sostiene Barcia.

Battista considera que “un hombre de la calidad intelectual de Borges hubiera apreciado a un gran poeta como Juan”.

Gelman, que fue sucesivamente comunista y peronista, se encontraba en la vereda opuesta de un conservador como Borges, que tuvo elogios para la dictadura argentina y fue condecorado por Pinochet. Sin embargo, destacó el valor de Borges que, en plena dictadura militar, firmó una petición de las Madres de Plaza de Mayo que buscaban a sus hijos desaparecidos.

Además, declaró el poeta, “finalmente la literatura abre a mundos que no se reducen jamás a una posición política”.