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El "dragón" despierta en la cancha y ya sueña con ganar un Mundial

El mundo debe estar preparado. El gobierno chino ya ha iniciado sus esfuerzos para mejorar el nivel de su liga y su selección. A partir de este año, el futbol será materia obligatoria en todas las escuelas de nivel básico. 
Eduardo Bautista
23 marzo 2015 23:53 Última actualización 24 marzo 2015 16:19
"Jinping es un hombre ambicioso. Si logra sacar adelante esto, sería el héroe de China”. (Cortesía)

"Jinping es un hombre ambicioso. Si logra sacar adelante esto, sería el héroe de China”, considera Xu Guoqi, historiador de la universidad de Hong Kong. (Cortesía)

Cuando China se propone triunfar en el deporte, lo logra. Así lo ha demostrado en clavados, halterofilia, ping pong, gimnasia y bádminton. Ahora le toca al futbol. El presidente Xi Jinping ha puesto en marcha una reforma al balompié nacional que contempla dos cambios: que sea asignatura obligatoria en los niveles básicos y que la liga local deje de ser materia exclusiva del Estado.

En el país asiático, tan sólo en nivel secundaria hay alrededor de 80 millones de estudiantes, casi diez veces más que la población total del Distrito Federal. El objetivo del gobierno es establecer 20 mil escuelas de futbol en todo el país antes de 2017. De esas academias se espera que egresen cerca de 100 mil jugadores profesionales. Una veintena de ellos integrará la escuadra nacional que, según Jinping, llegará pronto a una final de Copa del Mundo.

El régimen chino siempre se ha comprometido con el deporte. En 1993 propuso a Beijing como sede para Juegos Olímpicos. Desde entonces, el partido comunista ha impulsado a sus atletas mediante academias de alto rendimiento y estímulos económicos.

En Atlanta 1996, la delegación china consiguió 50 medallas, y 12 años después, en Beijing 2008, duplicó esa cantidad y quedó a la cabeza del medallero por primera vez en su historia. Desde Barcelona 1992, los chinos han concluido las justas olímpicas entre los primeros cinco lugares.

Andrés Oppenheimier relata en su libro ¡Basta de historias! cómo el sistema educativo configura la mente de los alumnos hasta niveles insospechados.

La vida escolar en China –señala Oppenheimier– comienza desde los dos años. Las disciplinas deportivas son fundamentales en los programas escolares; no son complementarias como en muchas escuelas de Latinoamérica. Los días de colegio pueden durar hasta 12 horas. Existe, además, una cultura hacia la superación y el estudio, herencia histórica de Confucio, pensador que fomentó el valor del trabajo. En China existe un dicho: “si no te has muerto por trabajar duro, trabaja aún más duro”.

Sin embargo, pese a ese gran pacto social con el deporte, China no ha logrado figurar en el futbol. Su liga –con 16 equipos– está infestada de corrupción debido al excesivo control estatal que fomenta las malas prácticas financieras. Hoy el gobierno quiere sanear la situación a través de una mayor participación del sector privado, lo cual se traducirá en mejores salarios y más patrocinios. En 2012, Didier Drogba jugó en el Shanghai Shenhua, donde le prometieron 14 millones de dólares anuales (poco más de lo que hoy gana Karim Benzema en el Real Madrid), pero dejó el club a los cinco meses porque entró en crisis económica.

A la Selección nacional varonil tampoco le ha ido bien. En su único Mundial hasta la fecha, Corea-Japón 2002, perdió todos sus partidos de fase de grupos. Sin embargo, actualmente ocupa el lugar 97 en el ranking de la FIFA.

Las reformas al futbol chino deben ser tomadas en serio, considera Xu Guoqi, historiador de la universidad de Hong Kong. “Durante décadas, el interés de los chinos en los deportes no ha sido por alegría o placer, sino por política. Es visto como un camino a la legitimidad, la posición geopolítica y la proyección de poder. Jinping es un hombre ambicioso. Si logra sacar adelante esto, sería el héroe de China”.