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El dolor de Gide

01 febrero 2014 8:41 Última actualización 13 noviembre 2013 5:2

  [Mañana, Por el Camino de Swann, novela de Marcel Proust que perturbó a muchos, cumple 100 años. / Tomada de enlenguapropia.wordpress.com]


 
 
Mauricio Mejía
 
En una carta remitida a René Blum, quien le ha prometido publicar un adelanto de la obra en el Gil Blas, Marcel Proust escribe sobre Por el Camino de Swann, que saldrá a las librerías el 14 de octubre de 1913. Es 8 de noviembre, Proust es un manojo de nervios:
 
“Cierto es que concedo mucha importancia a este libro en el que he plasmado lo mejor de mi pensamiento y de mi propia vida que a cuanto hasta ahora he hecho, que no es nada…”
 
La desesperación del escritor se entiende sólo por lo que había sucedido antes. Ghislain de Diesbach, uno de sus grandes biógrafos, cuenta los entretelones de un episodio dramático, quizá terrible, entre dos grandes escritores de lengua francesa. Por el Camino de Swann pudo nunca salir al mercado editorial; es el triunfo del empeño de un hombre que, en efecto, había empeñado mucha vida en la impresión del libro.
 
Dos meses después de la salida de la obra, en la que encontró ciertas impropiedades de lenguaje, errores materiales y frases extensas poco afortunadas, André Gide, miembro de la Nouvelle Revue Francaise (N.R.F.) que rechazó el lanzamiento del texto, tuvo que escribir una carta a Proust en la que intentó corregir su equivocación; había pasado por alto un material del que se hablaría mucho y por mucho tiempo. Cuando menos cien años, justos, casi.
 
Diesbach recupera la carta a Proust (de que la Philip Kolb tuvo la versión completa) en la que el autor de Los Monederos falsos se muestra arrepentido de no reconocer el talento del escritor y el valor literario de Por el Camino.
 
Gide escribe:
 
“No me separo de su libro desde hace varios días. Me saturo de él con delicia, me recreó en él. ¡Ay!, ¿por qué ha de resultarme tan doloroso el amarlo tanto? Rechazar ese libro habrá sido el más grave error de la N.R.F., y (pues me avergüenza ser en buena parte responsable de ello) uno de los pesares, de los remordimientos más dolorosos de mi vida”.
 
Error compartido, acaso. Porque como bien cuenta Diesbach Jaques Normand, editor de Eugene Fasquelle, tampoco ha visto nada publicable en el libro. Normand lo leyó y lo terminó sin “tener noción de qué se trata”. Y lo valora así: “una monografía de un niño enfermizo, con el sistema nervioso trastornado, de una sensibilidad, de una impresionabilidad y de una sutileza meditativas exacerbadas”.
 
Gallimard tampoco quiso hacerse cargo de la publicación de “esa importancia” en la vida de Proust. Fue Grasset. El impresor, Charles Colin, tiró 1,750 ejemplares. Ahora Por el Camino es una de las obras más leídas y más citadas en el mundo, pero es en sí misma el triunfo de un capricho de un hombre que, según él, no había hecho nada importante en su vida.
 
Diesbach sugiere que Gide no juzgó el manuscrito; sí al autor. Recordó –dice- la imagen que había conservado de Proust en algunos encuentros “en sociedad” veinte años atrás. Se lo imaginaba esnob, diletante, un escritor que podría dañar la imagen de la N.R.F.
 
El dolor de Gide, fue difícil de soportar, en la parte final de la carta exclama:
 
“No puedo proseguir… Siento demasiado pesar, demasiada pena, sobre todo pensando que quizá haya llegado algún rumor a sus oídos de mi absurda negativa y que ello le habría apenado, y que merezco ahora ser juzgado por usted, injustamente, como yo le he dicho antes. Yo no me lo perdonaré, y sólo para aliviar un poco mi pena me confieso a usted esta mañana, suplicándole que sea más indulgente conmigo de lo que soy yo mismo”.