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El cuento de Eraclio Zepeda llega a su fin

La temida visita llegó ayer a su casa de Tuxtla Gutiérrez, en la madrugada. Ya había imaginado cómo sería. Sus manos suaves, no como las de alguien que trabaja la milpa, sino con otro oficio. Los restos del narrador permanecerán en su tierra natal.
María Eugenia Sevilla
17 septiembre 2015 21:52 Última actualización 18 septiembre 2015 5:0
"Benzulul", "Asalto nocturno" y "Andando el tiempo" son tres libros que prueban su amplia capacidad narrativa. (Cuartoscuro)

"Benzulul", "Asalto nocturno" y "Andando el tiempo" son tres libros que prueban su amplia capacidad narrativa. (Cuartoscuro)

La temida visita llegó ayer a su casa de Tuxtla Gutiérrez, en la madrugada. Ya había imaginado cómo sería. Sus manos suaves, no como las de alguien que trabaja la milpa, sino con otro oficio. Llamaría a la puerta. Llevaría consigo un maletín de cuero negro, lleno de frasquitos de penicilina vacíos. Les habría quitado el tapón, que habría sustituido por una mazorquita plantada por un niño casto. Antes habría lavado uno al pie de un manantial purísimo. No podía llevarse su alma en un recipiente contaminado.

Laco, como le llamaban sus amigos, se encontró finalmente con El enfrascador de almas, aquel personaje a quien diera vida en virtud de un oficio que en cierta medida compartían: él también sabía llevar el espíritu a un más allá, en el envoltorio de sus cuentos. Un más allá cercano, su natal Chiapas, casi siempre. Ese universo que narró y reinventó en un retorno constante.

Eraclio Zepeda fue durante más de medio siglo una presencia literaria de primer orden”, dice su amigo el periodista Humberto Musacchio. “La irrupción en 1960 de La espiga amotinada con el libro del mismo nombre le ganó un sitio en nuestras letras, mismo que ratificó con sus compañeros al aparecer el segundo título de este grupo de poetas: Ocupación de la palabra, obra de 1965. Benzulul, Asalto nocturno y Andando el tiempo son tres libros que prueban su amplia capacidad narrativa, admirada sobre todo en su forma oral, que desplegaba con gracia histriónica y un enorme poder de seducción”.

El poeta -también chiapaneco- Efraín Bartolomé recuerda, aún consternado, la creación de su amigo. “Benzulul, independientemente que sea narrativo, es un producto poético que yo tengo en el corazón”, afirma. “Fue uno de los hombres que más amó la tierra en que nacimos y a sus habitantes”.

Musacchio repara en el hombre de escena que fundó el Teatro de Orientación Campesina y llevó el arte dramático a todo el país; en el actor que interpretó a Pancho Villa bajo la dirección de Paul Leduc en la cinta Reed. México insurgente; y en el político, que representó al Partido Comunista Mexicano en Pekín y en Moscú: “para la generación del 68, Zepeda fue un símbolo como intelectual combativo”. También fue fundador del Partido Democracia Social y embajador ante la Unesco, durante el gobierno de Ernesto Zedillo. “La suya fue una vida intensa”.

Con información de Rosario Reyes y Myrna I. Martínez.