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El cisma Dylan

El Nobel de Literatura, que se entrega este sábado, amplía los límites de la poética y de la estética. Que la Academia mostró su cara más irreverente al premiar a Bob Dylan es innegable. La cuestión aquí, apuntan los expertos, no es analizar el temblor, sino sus consecuencias.
Eduardo Bautista
07 diciembre 2016 21:9 Última actualización 08 diciembre 2016 5:0
El sábado será un día histórico en Estocolmo, cuando la Academia Sueca otorgue el Nobel de Literatura a Bob Dylan. (Archivo)

El sábado será un día histórico en Estocolmo, cuando la Academia Sueca otorgue el Nobel de Literatura a Bob Dylan. (Archivo)

El 13 de octubre de 2016 un terremoto sacudió al mundo literario. El epicentro: Estocolmo. La magnitud: incalculable.

Entre los escombros generados por el movimiento hubo gritos y llantos, aunque también hubo quien resultó ileso. ¿Cómo pudo la Academia Sueca premiar a un cantante popular? ¿Acaso en años futuros –se preguntó el poeta mexicano David Huerta– le darán el Premio Nobel de Literatura a guionistas de cine, libretistas de televisión y publicistas?

Que la Academia mostró su cara más irreverente al premiar a Bob Dylan es innegable. La cuestión aquí, apuntan los expertos, no es analizar el temblor, sino sus consecuencias.

A grandes rasgos, señala el crítico literario Fernando García Ramírez, lo que se redefine con este premio son los límites de la tradición poética. La poesía, explica, se divide en dos grandes ramas: culta y popular. Desde la Antigua Grecia ambas han mantenido un diálogo constante, algunas veces débil; otras, fuerte. El Nobel al trovador de Minnesota, dice, demuestra que este diálogo está más vivo que nunca, y que la poesía popular seguirá su inexorable camino al margen de las academias, las universidades y las editoriales.

“Los peores momentos de la poesía se suscitan cuando se cierra esta convivencia entre lo culto y lo popular. Lo vimos con la lírica académica y acartonada de la lengua española del siglo XIX”, sostiene. “No creo que la poesía popular gane más ediciones o impresiones. No las necesita: su esencia no está en el papel, sino en las canciones. Tiene una vida mucho más longeva que la poesía escrita”.

La decisión de la Academia Sueca incomodó a muchos. El novelista escocés Irvine Welsh aseguró que se trata de un premio “arrancado de las próstatas rancias de hippies seniles y balbuceantes”. Otros, como Harold Bloom –quizás el crítico literario más reconocido del mundo– optaron por el silencio.

La polémica ha crecido luego de que Dylan anunciara que no se presentará a la ceremonia de este sábado en el Palacio de Estocolmo. Sólo escribió un discurso que, si el órgano lo autoriza, será leído por la cantante y amiga de Dylan, Patti Smith, quien cantará 'A Hard Rain’s A Gonna Fall'.

Para el académico de la UNAM Hernán Lara Zavala, el canon literario se ha relajado y ha ingresado a un punto peligroso en el que las academias, particularmente la sueca, deben cuidar la calidad de sus galardonados. “No vaya a ser que un día el Nobel se lo den a cantantes como Ricardo Arjona”, comenta.

“Sin duda se abre una puerta para que los cantautores ganen premios literarios”, considera el experto en letras inglesas. Esta distinción podría provocar que el universo editorial voltee a ver a personajes que antes sólo estaban relacionados con el espectáculo, como Joaquín Sabina o Joan Manuel Serrat, cuya calidad lírica, advierte, es indudable.

SIN GRANDES CAMBIOS
Pero en términos de estética literaria es muy complicado vaticinar una transformación, pues ésta ha sucedido desde hace décadas, con la desaparición de los límites entre lo que se denomina “alta cultura” y “cultura popular”, afirma el escritor y editor de Letras Libres en España, Daniel Gascón.

“No creo que en un futuro vayamos a pensar en los cantantes como poetas, porque muchos de ellos no lo son. Independientemente del Nobel, Dylan ha tenido una influencia notable en las formas de la poesía contemporánea, y la seguirá teniendo”, opina.

En México, señala García Ramírez, dos escritores registran una herencia notable del autor de 'Blowin’ In The Wind': Fabio Morábito y Jaime Moreno Villarreal. El propio Allen Ginsberg sostuvo que Bob Dylan era el mejor poeta del mundo.

La poesía popular, coinciden los expertos, no cambiará de manera sustancial en los próximos años: es el género literario más antiguo de la humanidad y ningún galardón hará que se redefinan sus criterios estéticos. Además, apunta Gascón, la cultura pop –en este caso representada por Dylan– se ha fusionado con el mundo literario desde hace mucho tiempo.

“No creo que alguien vaya a escribir poemas de otra forma, porque eso ya está sucediendo. Somos hijos de Bob Dylan como también lo somos del cine o el rock”, advierte Gascón. En América Latina, por ejemplo, existen corrientes poéticas –como la que encabeza la mexicana Rocío Cerón– en las que se combina la lírica con las artes visuales y el performance.

La premiación a Dylan, considera el filósofo Óscar de la Borbolla, es un signo más de esta posmodernidad en la que se rompen las formas y los moldes. No le deja de parecer extraño que una institución cultural tan ortodoxa distinga el valor contracultural del rock.

La literatura viva es la que sobrevivirá, no la de la Torre de Marfil, asegura Lara Zavala. Prueba de ello, comenta García Ramírez, es que la poesía popular hoy es el género literario con mayor alcance gracias a las canciones.

Decía Chesterton que todo poeta es un rebelde, aunque esta vez la rebeldía no fue del premiado, sino de quien lo premió. Con todo, el sábado será un día histórico.